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Diarios Vietnamitas, Vol.1

24 Sep

“Quedamos en la primera puerta que nos haga libres”.

Y así fue. Cerca de 11 a.m del 08/09 me encontré con Isaac en la salida del aeropuerto de Ho Chi Min City. Once meses sin vernos, y como si no hubiera pasado ni una semana. Es de esas personas que te hacen grande, y da gusto viajar con una compañía así. A las pocas horas llegó Nuria, amiga de mi amigo, y por lo tanto mi amiga desde ya. Todo un fichaje (excepto a la hora de despertarse :P).
Y ya estamos el Viet-team completo, dispuestos a merendarnos el país a golpe de aventuras. Y no es por hacer spoilers, pero casi 20 días después puedo decír que hemos hecho un muy buen trabajo.

Pero empecemos por el principio. Ho Chi Min city (HCMC) es una megaurbe donde no hay orden ni concierto. Una amalgama de caras sin sonrisa, mujeres en pijama, lonely planets falsificadas, vendedores ambulantes, anárquicas motocicletas y pedazos de historia salpicados por todas partes. La domina el (caótico) tráfico, muy especialmente a eso de las 5 p.m. cuando un emjambre motorizado sale de trabajar y parece no tener suficientes con circular por la calzada. Nunca había estado tan cerca de la muerte como en las aceras de HCMC. De cruzar la calle prefiero no hablar hasta que pase por terapia.

 

La ciudad en sí no tiene mucho tema, o al menos a mi no me impresiona. Aunque es todo tan distinto que el sólo hecho de pasear por sus calles o ir a comer ya hacen merecer la visita.

Los mercados son otro mundo a parte. El más típico, el Ben Trahn market, está bastante turistificado. Pero es el único donde tendréis garantias de ser comprendidos en inglés. Para una experiéncia más auténtica, podéis adentraros en el Thai Bin Market, pero eso sí, id preparando vuestras dotes de mimo si queréis efectuar alguna compra.

El War Remnants Museum es de lo más interesante que podréis encontrar dentro de los límites de la ciudad. Hace un repaso a las atrocidades acometidas contra la población durante la Guerra de Vietnam. ¿Mi parte favorita? La sala dedicada a los fotoperiodistas (de todos los bandos) que perdieron la vida cubriendo el conflicto. Historias increíbles a ambos lados de la cámara. ¿Lo más duro? Las consecuencias provocadas por el Agente Naranja (químico empleado por las tropas americanas para deforestar las zonas de conflicto), y ver como EEUU sigue mirando hacia otro lado, sin querer asumir responsabilidades ante una población que, 4 generaciones después, sigue acarreando problemas tan graves como malformaciones genéticas en sus neonatos. El Museo es una visita obligada, aunque te deja con el cuerpo un poco raro y con la conciencia entumecida.

También muy recomendable la visita a los Cu Chi Tunnels. Doscientos kms de túneles que, durante los 60’s, sirvieron a la guerrilla del Viet Cong para esconderse de (y luchar contra) los americanos. La sensación de claustrofobia es absoluta, especialmente si piensas que hubo gente que vivió en esos túneles -en los que sólo puedes andar a gatas o en cuclillas- durante 3, 6 y hasta 11 años enteros.

Y luego nos extrañamos de que nos sonrían poco…

Últimos dias en Bali

17 Sep

Bueno bueno, que se me acumula la faena! Hace más de una semana que salí de Indonesia y aún no os he hablado de mis últimos días allí.

La última semana en este país tan ¿contradictorio? la pasé en su mayor parte en Ubud. Puedo decir desde ya que es mi zona favorita de Bali. Es una zona muy turística, correcto, pero turística bien llevada. Allí me dediqué un poco a la vida contemplativa. Paseíto por aquí, zumito de aguacate por allá. Que si me voy de copas, que si me hago la pedicura… Lo normal, vamos!

Entre las cosas productivas, visité el Don Antonio Blanco Museum, que era una especie de genio loco con aires de Dalí y que pintaba cuadros que bien merecerían los dos rombos en su mayoría (cochinote!!). Su obra, psé. El edificio, rebonico.

Desde el tejado del Blanco Museum

Con mi compañera temporal de viaje, Angelika, hicimos un intento de road trip. Queríamos descubrir algún otro rincón mágico de la isla como Sidemen, pero la cosa se nos quedó en nada. Un par de vistas de postal a terrazas de arroz, probar el Kopi Luwak (el café más caro del mundo, de CURIOSA fabricación) y lo más interesante, otro encontronazo con la policía. No me preguntéis como, pero de nuevo nos libramos. Esta vez sin pagar ni un puto duro (ni dólar de singapur tampoco), y despidiéndonos del policia con un “Adiós Amigo!” y chocándole la mano. Una le acaba pillando el truquito a esto de la corrupción.

Kopi Luwak + otras delicatessen

Y otra de las actividades, digamos, “diferentes” para la colección de “batallitas que contar a los nietos”, fue que sin saber muy bien como acabé haciendo de modelo para una clase de Arte. Así que la resaca (es broma mami, que yo no bebo) del sábado la pasé haciendo posturitas delante de 20 aspirantes a artista y un Maestro. ¿A cambio? Una anécdota, 3 cuadros y 150,000rps. Como este es un blog para todos los públicos, os dejo uno de los sketches que me hicieron cuando aún llevaba el sarong. El momento “maja desnuda” lo guardo para cuando sea famosa y pueda subastarlo.

Pranoto Gallery

En Ubud me despedí de Yasmín, quien me abrió las puertas de su casa por segunda vez, y de Angelika, inmejorable compañera de aventuras por 2 semanas. Y puse rumbo a la playa para pasar mis últimos días en el país haciendo la lagartija.

En Nusa Lewongan encontré lo que creí perdido en Gili T. Una isla tranquila, con hoteles pero mucha vida rural y tradicional. Gente tranquila que te pregunta de dónde eres pero no te acosa. Niños que venden caracolas pero no te persiguen diciendo “money money money“. Sonrisas gratis. Allí la gente vive de las algas, y el turismo es casi algo anecdótico para ellos.

Y tras un par de días allí, relajándome y acostumbrándome a ese olor tan raro que tienen las seaweed, me volví a Bali. Poco más de 24h para ultimar mi visa vietnamita, ser fugitiva de la poli un par de veces, comer marisco a precio de risa, y tomar un poco más de playa (que no de sol) en Jimbarán en buena compañía.

Me voy de Indonesia con una sensación rara, sin saber si me ha gustado o no. Tal vez hablar de “Indonesia” sea muy osado, ya que el país es enorme y yo solo he visto de él una parte diminuta. Y tengo que asumir mi parte de culpa, tal vez he hecho malas elecciones estando aquí. ¿Se merece otra oportunidad? Mierda, otro país al que tendré que volver para despejar mis dudas. Así no acabaré nunca… 🙂

Se llama Fea

6 Mar

Os presento a nuestra nueva compañera de viaje.

La Fea

Ella es nuestra amiga, nuestro transporte y nuestra casa desde hace una semana. Y nos acompañará durante todo el Road Trip por la isla del Sur. La llamamos La Fea por razones obvias, pero no os dejéis engañar por las apariencias. Se porta muy, muy bien y no se queja nunca. Aunque  a veces bebe demasiado.

Con ella hemos recorrido la carretera número 8, que va de Queenstown a la costa este. Es una carretera preciosa de verdad, que atraviesa ríos, puertos de montaña y pasa junto a unos lagos espectaculares. Unas vistas que quitan el hipo!

Lake Tekapo

La Fea también nos ha llevado hasta el Mt Cook, que  es la montaña más alta de NZ, y hasta sale en los billetes de 5 NZ$! No os voy a engañar, no subimos hasta arriba. Pero es que eso es para profesionales hombre! Nosotras nos “conformamos” con un precioso walking track de 2 horitas desde el pueblo hasta el “kea point“, un mirador a los pies de la montaña desde el que admirar su grandeza y la de los glaciares de los Alpes Neozelandeses. También sufrimos sus vientos gélidos, así que tenía que hacer algo para entrar en calor:

Saltando con el Mt Cook!

Nuestra nueva amiga también nos acompañó hasta la costa. En Twitzel se nos llevaba el viento, y la carretera daba un poco de miedito. Este país es muy inseguro. Construyen sobre volcanes activos, sobre fallas que causan terremotos, y los vientos huracanados son el pan nuestro de cada día. Pero no me quiero ir por las ramas… Desde el ventoso Twitzel bajamos hasta Oamaru. Un pueblo como cualquier otro, pero con un pequeño casco antiguo como de otra época. Edificios coloniales de reminiscencias victorianas, y tiendas con aires circenses o vintage. Una maravilla encontrar algo así en un país donde todo es tan nuevo.

Second Hand Bookshop, Oamaru

En Oamaru queríamos ver pingüinos. Es lo que tiene estar tan cerca del polo sur. Tienen una colonia de Blue Penguins que vuelven a su playa cada noche después de “trabajar”. Para verlos hay que pagar 25NZ$, pero no parece muy justo pagar por ver animales salvajes en su hábitat natural, así que decidimos ir a ver los Yellow-Eyed Penguins, que también habitan una playa de la zona. Ver estos es gratis, ¿y sabéis por que? Porque son mentira!! Estuvimos 1h30m esperando, y ni un triste pingüinito. Suerte que había algunas focas, que siempre animan el cotarro…

La decepción fue sólo a medias porque al día siguiente llegamos a Dunedin, y aquí -según la Lonely Planet- también viven algunos de estos pájaros (aunque en ese punto yo no me creía mucho. Hasta que no lo vea con mis propios ojos no me fío de nadie!). Aprovechando que es un nucleo de población “importante”, decidimos darle un poco de intimidad a La Fea, y alojarnos en casas “de verdad” durante 3 noches. Así que gracias a Couchsurfing (y a Matt, a René y Marcus, y a Amanda) hemos podido dormir y ducharnos en condiciones durante nuestro tiempo aquí.

Dunedin es una ciudad pequeña, pero llena de vida. Al ser ciudad universitaria está llena de gente joven, hay muchos cafés y tiendas con encanto. Tienen también un jardín botánico muy recomendable, una galería de arte modesta pero muy interesante, y según dicen, uno de los mejores museos de por aquí: el Otago Museum. Qué pena que no lo encontráramos!! Así que si alguien ha estado en el museo, que me lo cuente porque yo fuí incapaz de dar con él… otra vez será!

Junto a la ciudad de Dunedin se encuentra la Otago Península.

Otago Península

La carretera es terrible, estrechísima y con unas curvas muy cerradas, pero vale totalmente la pena. Al final, sobre un precioso acantilado, se encuentra el faro. Y ese mágico lugar aloja la Albatros Colony, donde además de albatros (gaviotas gigantes), se pueden ver focas y, por fin… pingüinos! No puedo poner fotos de los bichitos, porque estaban dentro de sus nidos (era un poco pronto) y las fotos no son muy “descriptivas”. Pero os dejo con una panorámica del lugar para que veáis que, aunque no seáis muy fans de los pájaros, no tiene ningún desperdicio.

Albatros Colony

Nos vamos hacia el sur. Os veo allí.

 

 

 

Nueva Zelanda, here we are!

24 Dic

Llevamos poco más de una semana en Auckland, Nueva Zelanda, así que ya va tocando que os cuente un poquito cómo va el tema no?

Lo primero que tengo que decir es que me sentí super timada cuando llegamos, porque en algún momento, cuando yo no estaba al loro, me robaron un día. Si, señores, salimos de Rarotonga el día 14 a las 19h, y tras un vuelo de 4 horas nos plantamos en NZ el día 15 a las 22h. Me han dicho que tiene que ver con no se qué de unas franjas de GTM o algo así, pero yo no me creo nada. Como pille al chorizo lo rebiento.

Así que nada, con un día de menos en el cuerpo y la extraña sensación de haber llegado a un sitio para quedarme mas de 15 días, nos disponíamos a visitar la ciudad. Pero pronto nos dimos cuenta de que Auckland no nos lo pondría fácil y nos tenía preparada una desagradable sorpresita: LA LLUVIA! ¿¿Pero esto no era verano??

Así que los primeros días nos dedicamos básicamente al perreo en casa de los King &Co., que nos han acogido, y a dar un par de paseos por Queen St, que es el equivalente a nuestro Portal del Àngel. Como es la calle principal las aceras están cubiertas por unas cornisas y se puede pasear sin que la lluvia moleste. Pero bueno, es una calle de shopping como cualquier otra, y al 2º día estábamos hasta las narices.

Buzones en nuestro vecindario

Como durante el día podíamos hacer poca cosa, nos dedicamos a cebar a los chicos (que a parte de acogernos son ma-jí-si-mos!) y en lo que llevamos aquí han probado: la coca de trampó de Laura, mis croquetas, la sangría y unas galletas de mantequilla monísimas con forma de kiwi.

Galletas Kiwi

Y por las noches pues nada, de cachondeo! Uno de los días fuimos a cenar a un restaurante malasio (Auckland está invadida por asiáticos, toda la ciudad es chinatown!) dónde descubrimos la costumbre del BYO (Bring Your Own). O lo que es lo mismo, te vas a un restaurante pero te llevas tu propia bebida (vino o cerveza). Creo que es por un tema de licencias, pero para los clientes es genial porque te compras la botellita de vino en el súper y te ahorras una pasta, aunque te cobren unos céntimos por el “sevicio” de las copas. Fuimos también al Whammy Bar, que me recordó mucho a los garitos de Berlín por lo underground-garajero y lleno de modernos. Un sitio con poca luz y muchas salas, y actuaciones y performances en cada una de ellas. También estuvimos en el concierto de Sharon Jones & The Dap-Kings en The Power Station (todos los grupos molones que vienen a la ciudad tocan aquí). El concierto en sí fue la leche, pero lo mejor es que fuimos por la cara porque a unos vecinos les sobraban 2 entradas y los chicos decidieron que eran para nosotras. Así que nada, a darlo todo viendo a esta mujer derrochar energía (que le sobra) en el escenario:

El Lunes por la mañana el clima nos dió una tregua, y aunque todavía no habíamos visto el sol en NZ, pudimos ir a pasear dignamente y empezar a quitarnos la espinita de conocer esta ciudad. Por la mañana fuimos a desayunar a Kingsland, donde uno de los chicos trabaja, y después nos dirijimos al Midtown para pasear por Karangahape Road. Tranquilos, nunca tendréis que pronunciar esa palabra, aquí le llaman K-Road, porque vaya telita con el nombre… La calle en sí es la leche, y aunque una parte es un poco extraña (un poco Red Light District) el resto es genial. Está llenita de tiendas y restaurantes con mucho rollo, y da gusto pasear por ella. Especialmente sin paraguas. 🙂

¡Y el Martes, por fin, llegó el Sol! Aprovechamos para hacer un walking tour que salía en la guía, así que estuvimos todo el día liadas. Cruzamos el Auckland Dominium, que es un parque muy grande y muy mono, con su cesped perfectito y tal, su Wintergarden, que es una especie de jardín botánico gratis con plantas y flores de la zona, y entramos en el Auckland Museum.

Flores en el Wintergarden

En el museo descubrimos algo de la historia maorí, vimos nuestro primer kiwi (disecado, eso sí), y experimentamos lo que se siente al erupcionar un volcán en una habitación que recrea esa sensacion.

Seguimos nuestro paseo por Parnell Street, que es una zona muy bonita y con mucha vidilla, con tiendecitas y bares y terrazas. Entramos en un par de galerías de arte de camino al centro. Hay muchas en Auckland (la más importante es la Auckland Art Gallery), y según lo visto hasta el momento no están mal aunque tampoco ha habido nada que me sorprendiera en exceso.

Como hemos entrado en racha, el Miércoles también se despertó soleado así que nos fuimos a descubrir Ponsonby. A los chicos les parece un barrio snob pero a nosotras nos encantó.

Ponsonby

Por casualidad encontramos unas barritas de turrón El Almendro, nos pusimos nostálgicas y nos hicimos con un par. Y resultaron ser el postre perfecto para la de-li-cio-sa cena que nos esperaba! Nuestro vecino de habitación es el rey de las pizzas, y nos demostró el por qué. ¡Mamma mia, qué cosa mas rica! Nosotras nos curramos una sangría para acompañar, y entre eso y los turrones nos sentimos como en casa… aunque lo de comer turron con estos calores no pega mucho.

A 22º no parece Navidad, pero como podéis ver nos estamos adaptando:

Llueve en la Gran Manzana

17 Nov

Pero a nosotras no nos afecta lo más mínimo!

Hay que decir que han caído unas gotas, pero no hemos visto diluvio en ningún momento. Las calles mojadas, eso si, y los perpetuos nubarrones. Aunque estos últimos no sabría decir si son fruto del tiempo o de la polución…

El tema es que, ante la previsión de lluvias, teníamos previsto un plan “a cubierto” que nos permitiera disfrutar como hasta ahora. Así que esta mañana, tras el episodio de “el hombre contra la bestia”  (para más información, ver último párrafo del post anterior), nos hemos plantado en Two Little Red Hens.

Two Little Red Hens

Como véis, es una bakery monísima donde hacen, según el listado que ya os comenté, el mejor Cheesecake de NY. No se si será verdad, pero a mi no se me ocurre cómo mejorarlo. Es denso y espeso, el clásico pastel de queso de NY. Y como Laura no había provado el Red velvet, hemos cogido dos mini-cupcakes porque con lo deliciosos que son no se podía ir sin hacer una cata. Os dejo fotos para que se os haga la boca agua:

Best NY Cheesecake

Mini Red Velvet

Ni Magnolia’s, ni Eleni’s, ni leches: Two Little Red Hens!!

Después de este desayuno/comida, hemos llegado al Metropolitan.

Detalles en el Met

El museo es del mismo tamaño que todo en esta ciudad.Tan grande que es imposible hacerlo en un día, y hay que elegir lo que quieres ver. Nosotras hemos hecho apuestas seguras: Arte Egipcio, Clásico (Griego y Romano), Moderno y Contemporáneo. Y de pasada hemos visto más cosas, claro. Desde recreaciones de hoteles renacentistas hasta una retrospectiva de Miró que tenían por allí…  Porque básicamente, lo tiene todo. Lo más impresionante, para mí, las tumbas y templos egipcios, traídos piedra a piedra, enteritos para los americanos. Que cuando lo ves no sabes si odiarles por llevárselo, o agradecerles por conservarlo…

Hemos salido un poco atorolladas con tanto arte, así que el siguiente museo nos ha venido al dedillo para relajar la mente. Nada más cruzar Central Park nos esperaba el American Museum of Natural History. Este museo es super guay! Planetario, Big Bang, recreaciones de ecosistemas, vida submarina (calamares gigantes incluídos), y como no… LOS DINOSAURIOSSSS!

I (L) DINO

¿A que hacemos buena pareja?

Y al salir, ya oscuro y sin tomarnos ni un triste café desde hacía más de 6 horas, nos hemos ido a hacer una merienda/cena. Cerca del museo, en Columbus Ave, hay una hamburguesería llamada Jackson Hole. Yo había leído que las hamburguesas eran grandes. Pero claramente, no me esperaba esto:

megaburger

 

mama por

Y para mantener mi reputación os digo que me la he trincao ENTERA!!! Y que me siento como una anaconda, así que  me voy a hivernar un rato.

🙂

Día temático nº2: La línea 7

16 Nov

La línea 7 del subway no tiene desperdicio.

Después de la inmersión del día anterior en Harlem, decidimos seguir con la periferia (¡¡Nueva York NO es solo Manhattan!!) y darle una oportunidad a Queens.

Subway 7 va por vías exteriores elevadas, así que te permite ver cómo va cambiando el paisaje según te alejas del centro, y hasta te regala un par de panorámicas del SkyLine impresionantes y las afueras de Manhattan desde una posición privilegiada. Así que, si tomáis ese metro, poneros al lado de la ventana que vale al pena.

La última parada de esta línea es Main St. O lo que es lo mismo, Flushing Chinatown. Eso es un barrio chino de verdad. El de Manhattan es fuerte, pero este es alucinante. TODO son asiáticos. No puedes leer los carteles a no ser que sepas chino. No puedes comprar en las tiendas porque ellos no hablan inglés. Bueno, no en todas partes, pero en la mayoría de sitios es tal cual os lo cuento.

Flushing Chinatown

Como una de las mejores formas de conocer a un grupo de gente es entrar en los supermercados, empezamos a hacer el tour y cada vez que veíamos uno nos metíamos dentro.

Supermercado Chinatown

La conclusión: esta gente come unas cosas rarísimas.

Productos chinorris

Pero como también comen unas cosas buenísimas, no nos pudimos resistir a probar los dumplings en un par de sitios. Uno muy recomendable es el My Sweet Home, en Roosevelt Avenue. El sitio es suuuuper limpio y chapurrean el inglés. Los dumplings son totalmente artesanales, tanto la pasta como el relleno. Y los hacen en un mostrador a la vista del cliente, con una maña increíble, por cierto.

My Sweet Home

Después del aperitivo. seguimos con la temática asiática, pero nos trasladamos un poco. Tanto de parada de metro como de cultura. Fuimos a Little India, situada alrededor de la parada de la misma línea Jackson Heights/Roosevelt ave. Saris, bangals, bindis. Y como no, curry. Nos fuimos a comer de verdad, y bueno, creo que todavía me duele la lengua. Cómo picaba joer… Cuando fui a la India tenía claro que había que pedir “no spicy”, pero yo que se… pensaba que en NY tendrían la gastronomía adaptada… Muerte por curry en toda regla.

La misma linea de metro lleva hasta el siguiente punto, aunque nosotras nos liamos un poco y cogimos otra… pero llegamos al mismo destino: el PS1. Es otro museo del MoMa, de arte contemporáneo por llamarlo de alguna manera. En realidad, este es el típico museo que demuestra que el Arte, a veces, puede servir como excusa para que una panda de colgados nos hagan creer que trabajan. Y para que otra panda de colgados tengan algún sitio donde poner cara de interesantes. Suerte que era gratis porque si no monto un pifostio. También os digo que las risas que nos echamos fueron mejor que cualquier exposición habida o por haber.

Tanto “arte denuncia” me inspiró, así que os dejo con mi proyecto de videoarte. (Guión y dirección, yo misma. Protagonizado por Medea)

Como véis, las risas que nos echamos fueron mejor que cualquier exposición habida o por haber. Y de todos modos la excursión valió la pena, porque los alrededores son muy interesantes. Hay algunas galerías de arte pequeñitas y nada pedantorras (nada que ver con Chelsea), con gente súper amable. Allí conocimos a una Coreana llamada Jo, afincada en USA, y que va a hacer una breve parada en México para luego trasladarse a Barcelona. Tenía una exposición preciosa en una minigalería, cuyo tema central era la Alegría, que ella desprendía por todos sus poros. Viniendo del PS1 era un soplo de aire fresco. Podéis ver su obra aquí, y si os gusta ir a ver su exposición cuando pare en Barcelona! A nosotras nos pillará un poco lejos, así que la saludáis de mi parte.

Alrededores PS1

Más Alrededores PS1

La tarde/noche la dedicamos a pasear por el East Village y Alphabet City. Nos tomamos una cerveza en el Beauty Bar, donde por 10$ te tomas un martini y te hacen la manicura. Cómo son estos americanos…Concluimos que hay que volver de día, con luz, para hacer fotos. Aunque será una tortura porque nuestros limitados 20 kg de límite y aún más limitado presupuesto hacen complicado pasar por delante de sus tiendecitas sin tirarnos de los pelos.

Y ahora el Bonus Track:

He tardado más de 2h 30m en escribir este post. ¿El motivo? Mientras Laura se duchaba, he visto que teníamos un visitante en el cuarto. Un ratón. En mi cuarto. En mi suelo. En mi… pánico! Como visteis en la foto que colgué hace unos días, la habitación es diminuta y no tenemos ni siquiera armario, así que las maletas están en el suelo con todas nuestras cosas. Cuando Laura ha salido del baño yo he recuperado la movilidad (porque estaba paralizada) y ha ejercido de marido. Mientras yo pasaba de encima de la cama a la escalera de la litera, ella ha vaciado todas las bolsas y escudriñado todos los rincones. Pero yo no lo he hecho tan mal eh! No he gritado, estoy madurando!! De momento sabemos que el bichejo ya no está, y que lo que le había atraído era una magdalena que tenía mi marida (si, yo después de esto me caso) en la mochila. Hemos tirado la magdalena, así que confiemos en el refranero popular: Muerto el perro, muerta la rata. Perdón, la rabia.