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Thailand, fin de fiesta.

7 Ene

Porque este viaje ha sido eso: UNA FIESTA.

El último país del que he disfrutado, tras estos (atención! antención!) 14 meses de viaje ha sido Tailandia.

No me he extendido mucho, me lo he tomado con calma, porque tengo la sensación de que volveré pronto.

Aunque tengo la sensación (igual que me pasó con Bali y con Vietnam) de que para encandilarnos con el país vamos tarde, y que la magia se la llevaron los que tuvieron la suerte de venir hace 10 años. Pero lo que nos han dejado tampoco da para queja: Es un país desarrollado y muy adaptado al turismo, y cuya población convive con los farang día a día y vive, en gran parte, gracias a ello. Tenemos toda una infraestructura a nuestro servicio para facilitarnos la vida, y todas las opciones que nos podamos llegar a imaginar. Pero conserva su belleza natural y su tradicional cultura budista sigue rigiendo todos los aspectos de la vida aquí.

Bangkok, su capital, es una megaurbe a caballo entre Asia y Europa. Llena de rascacielos, taxis, bancos y oficinas, y a la vez llena de olores, mercados, puestos callejeros, templos budistas. Es un puñetazo en la cara. Y es habitable, no me cuesta imaginarme viviendo en ella, aunque sé que pocos corroborarían esta afirmación.

Como turista, las principales actividades aquí se pueden resumir de la siguiente manera:

Shopping, Spas y turismo sexual.

El primero, porque BKK es la locura de los centros comerciales. Hay muchos. Son gigantes. Tienen de TODO. Y ni hablemos de los mercados callejeros, como el Chatuchak Market (el mayor mercado al aire libre del mundo, con más de 15000 puestos entre los que podemos encontrar desde imanes de nevera hasta ardillas voladoras).

El segundo, porque es el paraíso de los centros de belleza. Puedes darte cualquier tipo de masaje o cualquier tratamiento que se te antoje por menos de 1/4 de lo que pagarías en casa, y con unos estándares de calidad que (aunque puedan variar de un sitio a otro) suelen superar las expectativas. Menos en la peluquería, pero claro los pobres no tienen la culpa de no haber tocado un rizo en su vida…

Y el tercero porque, lamentablemente, hay un amplio mercado que abastecer y que viene a Thailandia en busca de ping-pong shows y lo que surja. Y aunque no queráis participar de ello, es inevitable toparte con esta realidad que te acechará en la mayoría de las calles comerciales o turísticas al caer la noche. Yo, ni por curiosidad quise entrar en uno de estos bares. Muchos me dijeron/dirán: “estás en Bangkok, esto forma parte de aquí, es lo típico, ni que sea tienes que entrar 10 minutos…” pero como me parece denigrante, vejatorio y vergonzoso, no quiero que ni uno solo de mis dólares vaya destinado a perpetrar esa industria. Pero ahí cada cual con su conciencia (y con sus ETS).

Desde Bangkok me marché a Koh Tao, una isla en el Golfo al sureste. Allí me encontré con Isaac, que se acaba de mudar en busca de trabajo, para pasar juntos las Navidades y el Fin de año.

Han sido unos días geniales, a pesar de que la lluvia viniera a visitarnos y se quedara durante 4 días, en los que hemos conocido a un montón de gente (españolitos casi todos) divertidísima que nos ha hecho de familia postiza para pasar las fiestas. Quien me diga que no quiere viajar solo se gana una colleja y un chupete. ¡Es lo mejor para socializar, aunque parezca contradictorio!
Y en esta isla, cuyo nombre significa Isla Tortuga, me he dedicado a 2 actividades principalmente (más allá del cerveceo y el tumbarme al solecito):
Muai Thai. Pim, pam. 2 semanas llena de moratones y con la adrenalina desbordada. Dar ostias a la Thailandesa, debería ser asignatura obligatoria en todas las carreras.

Submarinismo. Por el poder de PADI me declaro… ¡Advanced! Sí, sí, amigos. Me metí en el agua a hacer el primer curso, y me gusto tanto que en cuanto acabé me apunté al segundo. Y me encanta. La visibilidad en esta época del año no es muy buena, pero lo disfruté como una enana.

Tanto es así que he decidido acabar mi super-mega-hiper-extra-aventura-que-te-cagas en Kao Lak, buceando en las Similan Islands. Fuckin’ Paradise.

¿Alguna vez habéis probado a explorar un barco hundido con, literalmente, autopistas de peces encima de vuestras cabezas (y debajo, y por todas partes)? ¿No? Pues probadlo, os cambiará la vida.

La mía, desde luego, ha cambiado. Por esto y por todo lo que llevo vivido en estos 14 meses de aventura.
Me despido saltando desde Tailandia, junto a ese mar que es bonito desde fuera pero sobretodo desde dentro.

Nos vemos en Barcelona en 72h.

Must: Myanmar

3 Ene

Myanmar (o Birmania) es el país de las experiencias, de los contrastes, del no dar crédito. Y siempre en positivo.

Confirmo que es, hasta el momento y sin lugar a dudas, el país en el que más acogida me he sentido. Los Birmanos se merecen… Se merecen las sonrisas que tienen, y se merecen el cambio que les está llegando, y se merecen colores y oportunidades, porque sin tenerlas han sabido crecer en el lado optimista y brillante de la vida. Me han robado el corazón.

El país es un diamante en bruto, precioso y poco explotado, así que hacedme un favor y NO VAYÁIS, que yo tengo ganas que volver y no quiero que me lo estropeéis ;).

Conocer la historia reciente del país todavía le da más valor a la felicidad que te contagian los lugareños, porque (sin extenderme mucho), para los que lo no sepáis, Myanmar ha vivido 50 años de dictadura militar. Sólo hace un par de años tuvieron estrenaron su primer gobierno “civil”, aunque la junta militar sigue con las manos en la masa. Los países occidentales están empezando a desbloquear la economía del país (para que os hagáis una idea, no hay bancos ni cajeros en todo el territorio donde poder usar tu tarjeta de crédito), aunque todavía les queda un largo camino por recorrer. Tiempo al tiempo. Y yo de vosotros no esperaría a que eso ocurra para poner los pies allí, porque con la bonanza vendrán las perspicacias y la explotación turística, y con ello -siento hacer de pitonisa malrollera- se perderá la magia. Tic tac.

Datos prácticos:

Visado. Hay que llevarlo de antemano, no hay otra. Si estáis en Europa, creo que hay que mandar el pasaporte a la embajada en Berlín. Si estáis de viaje y pasáis por Bangkok, es vuestro momento de arreglar el papeleo. Os mando directamente a la página de mi “gurú” y autoproclamado embajador de Birmania en el mundo. No encontraréis información más clara en español (gracias Robert!). Aún así, double-check antes de liaros, porque las cosas pueden cambiar de un día para otro.

– Dinero. Como os he dicho, no hay cajeros así que hay que llevar dinero en metálico. Concretamente, dólares americanos nuevecitos. Si están doblados, marcados, arrugados o manchados no os los aceptarán o os harán el cambio a peor. También hay algunos números de serie non-gratos. Os recomiendo una cartera larga y rígida donde poder colocar a vuestros verdes amiguitos sin riesgo. El kyat birmano está muy devaluado, así que prepararos para jugar a los millonetis durante unos días:

cambio de 300$

– Ruta. Hay zonas bloqueadas a los turistas, y otras a las que sólo se puede llegar en avión (cuyo dinero va directamente a la milicia, por lo que se recomienda evitarlo). Así que se necesita un poco de previsión para moverse. El Big Four es Yangon – Mandalay –  Inle – Bagan.

Yangon (la capital) no da para más de uno o dos días, aunque la Swedagon Pagoda bien merece una visita. Mandalay en sí no tiene nada, pero está estratégicamente colocada para ser campamento base y visitar Amarapura, Sagain e Inwa. El Inle lake ya es otra historia, es turístico pero muy bonito, y si podéis llegar hasta él andando desde Kalaw, en un trekking de 3 días (recomiendo hacerlo con Mr. Sam) os llevaréis un recuerdo precioso e imborrable de la zona. Y Bagan, Bagan, Bagan… impresionante, y punto. Qué putada que se me estropeara la cámara de fotos nada más llegar, me hubiera encantado enseñaros la puesta de sol con las miles de pagodas asomadas por la llanura. Os puedo decir que es, literalmente, de lagrimita. También tuve la suerte de visitar Hsipaw, un minipueblo monísimo (en el que hacía un frío de la leche) desde el que volví en tren a Mandalay cruzando el Gokteik brigde (tiene 100 años, y en su día fue el 2º más alto del mundo), en un divertidísimo viaje en tren. Y me quedé con las ganas de subir al norte hasta Myitkyina, que le tenía muchas ganas, pero hubo revueltas y el gobierno bloqueó la entrada de turistas. Es lo que pasa cuando no hay libertad de prensa, a los que no puedes controlar les prohibes la entrada y te ahorras cámaras de fotos indeseadas.

¿Y qué mas? Pues todo esto:

































Sigo flipando.

Por cierto, ¡FELIZ AÑO A TODOS!

Soon U Ponya Pagoda, Sagain, Myanmar

Una disculpa, un bombazo y algo del norte de Tailandia.

11 Dic

(Este es mi post num. 100!!)

La disculpa.
Lo primero es lo primero.
Tengo que pedir perdón porque tengo el blog muy abandonado. Que no es que no lo tenga en mente, lo que pasa es que entre los puntos fuertes del Sureste Asiático (que son muchos) no se encuentran ni la calidad de la conexión a internet ni el tiempo libre para utilizarlo. Y así me veo ahora, que os tengo que contar de un plumazo 2 meses de mi vida.
¿Casi que me pongo, no?

Norte de Tailandia.
Pues nos habíamos quedado en Laos, desde donde cogí un autobús hasta la frontera con Thailand.
El paso fronterizo de Huai Xai (lado laosiano) a Chiang Khong (lado thai) es de los facilitos, con pocos agobios, intentos de timo y demás. Y es curioso ya que de un país al otro se pasa en barco. Al llegar a Tailandia se tramita la Transit Visa, que es gratis y te permite estar en el país 15 días (aplicable a todas las entradas por tierra).
Así que con mis papeles en regla me dirijo hacia Chiang Rai, primera parada de mi aventura en este país. La verdad, me deja un poco fría. Lo más interesante, el White Palace, una extravagancia que un artista de nombre impronunciable en las afueras de la ciudad. No estáis entendiendo la magnitud de la tragedia: toda la fachada son ESPEJITOS. No olviden sus gafas de sol. (y que viva el brilli-brilli!).

Por lo demás, la ciudad es conocida por su mercado nocturno. Al principio pensé “qué bien, qué originales!” (la verdad es que el mercado está muy bien) pero luego llegúe a Chiang Mai y me di cuenta de que de originales nada. Y es que os puedo resumir Chiang Mai en 2 palabras: Pagodas y Mercados.
Pagodas: porque la Old City está repletita de ellas, con sus estupas doradas, y grupos de monjes salpican cada esquina con sus túnicas naranjas. ¡Hay tantos que ni te fijas en ellos!

Mercados: por todo y para todo. Mercado nocturno, mercado del sábado, mercado de día, mercado de los domingos, mercado para festejar esto o lo otro… ¡dios mio, esto es un no parar! ¿El mejor? El de manualidades del sábado, que tiene cositas diferentes a los requetesobaos bolsos/vestidos/collares “tribales” o hippiosos que hay en todos los demás. Y por supuesto la omnipresente comida, baratísima y muy muy muy rica. Y sin el impedimento del idioma, ya que te acercas y si te entra por el ojo lo señalas y… a la saca!

Pues bueno, entre estas 2 ciudades, sin saber muy bien como me pasé 10 días. Y no me preguntéis qué hice (a parte de ir a mercados) porque no lo tengo muy claro. El tema es que estuve
a) liada con los vídeos de cumpleaños de alguien especial,
b) bloqueada por el tema inundaciones, que seguramente a todos os llegaron en su momento. Estas ciudades estan al norte, muy lejos de Bangkok y sin rastro de agua en las calles, pero aún así este era el panorama en los supermercados…

c) absorta en mis propios pensamientos. Y esto me lleva a…

El bombazo.
Vuelvo a Barcelona.
¡Venga esos aplausos!

Como lo de lo de volver a casa por Navidad está ya muy manido, yo volveré pasadas las fiestas. Que me gusta ser original.
¿Los motivos? Es difícil de explicar, pero lo resumo en una mezcla entre cansancio acumulado, replanteamientos vitales y un echar de menos muy grande. Me di cuenta de que para seguir disfrutando lo que me queda de aventura tenía que poner una fecha (llámale objetivo, llámale meta). Y estoy feliz con la decisión, porque los 2 meses que han pasado desde entonces los he disfrutado con energías renovadas y con la ilusión del principio. Por lo de que todo lo bueno se acaba, y más vale saborearlo mientras dura… 🙂

Así que con esta nueva perspectiva y la sensación de tener los deberes hechos, otro (largo) viaje en autobús, con cruce de frontera incluído, me dejó a las puertas de La Joya del Sur de Asia.

…Continuará… (aunque no por mucho tiempo!)

Foto de regalo porque me encanta la cara de "Iluminatttttttiiiiiii" del 3º de azul por la izq.

Sabaidee Laos!

28 Oct

Tras 26 horas de bus desde Hanoi*, nuestra primera parada en Laos fue Luang Prabang. Este maravilloso pueblo es de visita obligada si pisáis el país, ya que tiene mucho que ofrecer y rebosa encanto por los 4 costados.

*consejito: Si hacéis esta ruta, cambiar a Kips nada más pasar la frontera. Luego no hay opción de hacerlo y normalmente los cajeros no funcionan. Nosotras acabamos PIDIENDO dinero para poder ir al WC (que vale 1000 o 2000kips)

Luang Prabang está situada en una escénica península bordeada por 2 ríos, el Mekong y el Nam Khan. Se la conoce como “La ciudad de los 1000 templos”. En realidad tiene 32 sólo en el centro (¡ahí es nada!) así que no es de extrañar que por todas partes aparezcan los típicos monjes vestidos de color calabaza. Estos protagonizan, además, una de las estampas más típicas de la ciudad: Cada día, con los primeros rayos de sol, salen a la calle a celebrar la Ceremonia de las Almas.

Lo que pasa allí os lo puedo describir, pero no os puedo expresar la emoción que se transmite. Los monjes salen a la calle, descalzos y armados con una vasija plateada, y desfilan frente a la gente del pueblo que les espera, arrodillada, en las calles. Al pasar frente a ellos, les dan arroz u otros comestibles que supondrán su sustendo durante el día. Y después hacen una hipnótica plegaria todos juntos, mientras la gente del pueblo arroja agua, muy despacito, en el suelo. Es todo muy mágico y muy místico. O tal vez sólo me lo pareció porque tenía mucho sueño… (Las 6 a.m. no son horas, en serio).

Otro de los highlights de Luang Prabang es el Night Market, mercadillo nocturno de “artesanía“, donde el regateo es una obligación. Aunque no os asustéis, aquí se regatea tranquilamente, en plan sosegado, sin apenas hablar (sólo marcando la contraoferta de precios en la calculadora que te ofrece el tendero de turno) y con una sonrisa en la cara. ¡Qué poquito estoy echando de menos Vietnam!

Podréis encontrar pulseritas y monederos de todo tipo por pocos céntimos, vestidos, pantalones, pañuelos… todo muy jipioso, eso sí. Lámparas, cuadros, palillos chinos, bolsos. En general es barato aunque nadie da duros a 4 pesetas. Lo que es bueno, se paga. Lo demás, probablemente lo hayan fabricado los vecinos del norte. Pero bueno, para apañar regalos no está mal y el paseíto es muy entretenido 🙂

Y lo mejor de todo, eso sí que es una ganga (a la vez que un lujazo) son los zumos. De día también los hay, pero por la noche, con el desfile de gente que pasea por el centro, es simplemente maravilloso sentarse a ver pasar al personal mientras disfrutas de un zumo recién exprimido de tus sabor favorito. El mío, manzana con limón. Cómo, ¿sólo 50 céntimos? Vale, me tomo otro.

Yum Yum!!

Y además de todo esto, Luang Prabang tiene edificios coloniales, muchos bares y restaurantes, cascadas a una hora de camino, la posibilidad de hacer cursos de casi cualquier cosa y conexiones de transporte directas con todo el centro y norte del país. Con este currículum, no me extraña que sea el destino favorito de los expats que viven en este espectacular país.

¡Muy bien Laos, empezamos con buen pié!

Diarios Vietnamitas, Vol.1

24 Sep

“Quedamos en la primera puerta que nos haga libres”.

Y así fue. Cerca de 11 a.m del 08/09 me encontré con Isaac en la salida del aeropuerto de Ho Chi Min City. Once meses sin vernos, y como si no hubiera pasado ni una semana. Es de esas personas que te hacen grande, y da gusto viajar con una compañía así. A las pocas horas llegó Nuria, amiga de mi amigo, y por lo tanto mi amiga desde ya. Todo un fichaje (excepto a la hora de despertarse :P).
Y ya estamos el Viet-team completo, dispuestos a merendarnos el país a golpe de aventuras. Y no es por hacer spoilers, pero casi 20 días después puedo decír que hemos hecho un muy buen trabajo.

Pero empecemos por el principio. Ho Chi Min city (HCMC) es una megaurbe donde no hay orden ni concierto. Una amalgama de caras sin sonrisa, mujeres en pijama, lonely planets falsificadas, vendedores ambulantes, anárquicas motocicletas y pedazos de historia salpicados por todas partes. La domina el (caótico) tráfico, muy especialmente a eso de las 5 p.m. cuando un emjambre motorizado sale de trabajar y parece no tener suficientes con circular por la calzada. Nunca había estado tan cerca de la muerte como en las aceras de HCMC. De cruzar la calle prefiero no hablar hasta que pase por terapia.

 

La ciudad en sí no tiene mucho tema, o al menos a mi no me impresiona. Aunque es todo tan distinto que el sólo hecho de pasear por sus calles o ir a comer ya hacen merecer la visita.

Los mercados son otro mundo a parte. El más típico, el Ben Trahn market, está bastante turistificado. Pero es el único donde tendréis garantias de ser comprendidos en inglés. Para una experiéncia más auténtica, podéis adentraros en el Thai Bin Market, pero eso sí, id preparando vuestras dotes de mimo si queréis efectuar alguna compra.

El War Remnants Museum es de lo más interesante que podréis encontrar dentro de los límites de la ciudad. Hace un repaso a las atrocidades acometidas contra la población durante la Guerra de Vietnam. ¿Mi parte favorita? La sala dedicada a los fotoperiodistas (de todos los bandos) que perdieron la vida cubriendo el conflicto. Historias increíbles a ambos lados de la cámara. ¿Lo más duro? Las consecuencias provocadas por el Agente Naranja (químico empleado por las tropas americanas para deforestar las zonas de conflicto), y ver como EEUU sigue mirando hacia otro lado, sin querer asumir responsabilidades ante una población que, 4 generaciones después, sigue acarreando problemas tan graves como malformaciones genéticas en sus neonatos. El Museo es una visita obligada, aunque te deja con el cuerpo un poco raro y con la conciencia entumecida.

También muy recomendable la visita a los Cu Chi Tunnels. Doscientos kms de túneles que, durante los 60’s, sirvieron a la guerrilla del Viet Cong para esconderse de (y luchar contra) los americanos. La sensación de claustrofobia es absoluta, especialmente si piensas que hubo gente que vivió en esos túneles -en los que sólo puedes andar a gatas o en cuclillas- durante 3, 6 y hasta 11 años enteros.

Y luego nos extrañamos de que nos sonrían poco…

Golden Bay y Nelson

21 Mar

La Golden Bay es la región más al Norte de la isla sur de NZ.

Marea Baja

Los paisajes de esta zona tienen un encanto especial. Aquí quien manda es la marea, y en cuestión de horas una playa de blanca arena puede convertirse en otro trozo de mar.

Marea Alta

Es precioso, aunque tal vez nosotras no acertamos con la fecha. Es un area muy popular en verano, cuando se llena de gente y el tiempo acompaña. Pero ahora, que ya es otoño en este hemisferio, apenas encuentras gente en los pueblos, y a veces el tiempo te juega malas pasadas…

Carretera con "vistas espectaculares" (ida)

Carretera con vistas espectaculares (vuelta)

Ambas fotos están tomadas desde el mismo punto, con 2 días de diferencia. Suerte que a la vuelta la niebla nos dio una tregua, porque las vistas al valle eran alucinantes.

En nuestra ruta llegamos hasta arriba del todo de la isla. El extremo más Norte de la Isla del Sur, el Cape Farewell, está geográficamente más al Norte que Wellington, la ciudad más al Sur de la Isla del Norte. ¿Parece un trabalenguas, verdad? Bueno, no importa, el tema es que por allí hicimos un track de un par de horitas (el Farewell Spit) atravesando prados de ganado y bosque hasta llegar a la playa. Se puede hacer un camino más largo, pero se necesita un guía y hay que pagar (unos 100$), porque la ruta, debido a las subidas y bajadas de la marea, es demasiado peligrosa para hacerla por libre.

Saltando en el Farewell Spit, frente al Tasman Sea

Saliendo de la Golden Bay, nuestro siguiente destino fué Nelson. Es una ciudad de verdad. Pequeña (40.000h), pero de verdad. Con un centro que consiste en más de una calle (y eso no abunda, creedme!), con tiendas y cafés, con algo de vida nocturna (o al menos, bares que abren por la noche). Con mucha música en la calle y mucha más en los locales. Y mercados. Y gente en los parques. Y… pues eso, mucha vida! Lo estábamos echando un poco de menos. Así que gracias Nelson, por tu vida y por tus berries.

Yummie blackberries

Por cierto, esta parte del viaje no la hemos hecho solas. Durante unos días nos ha acompañado Sniki Piki IV, un ratón que decidió instalarse en la carcasa de nuestra furgoneta y comerse mi chocolate. Sniki, espero que hayas disfrutado del viaje aunque lo de marcharte sin despedirte es un poco de mala educación.

Despidiéndonos de Auckland

21 Feb

Esta ha sido nuestra última semana por estos lares.

La empezamos en Rotorúa, como bien sabéis por mi anterior post.

A finales de la semana pasada encontré una lista maravillosa donde aparecen 101 cosas que “debes” hacer alrededor del mundo. A mis 26 años llevaba 18, que creo que no está mal, pero se me ha metido entre ceja y ceja que antes de 2012 tengo que haber llegado a las 40.

En la lista aparece el Zorb (modo hamster: ON) y casualmente al ladito de nuestra casa había un par de sitios, pero por culpa del viento no pude hacerlo. Y cuando ya me pensaba que no iba a poder tachar nada de mi lista, Cathy y Dennys, de los que ya os hablé en el anterior post, tuvieron un detallazo alucinante. Tenían, desde hacía tiempo, un bono sin usar para hacer White Water Rafting, y nos lo ofrecieron. ¡¡Y eso también está en la lista!! Así que claro, yo dije que sí rápidamente. A Laura le dió un poco más de cosilla decidirse, pero al final se lió la manta a la cabeza y dijo la palabra mágica: yeah!

Pruebas fehacientes de que "Laura" y "rafting" pueden ir en la misma frase.

A ritmo de “paddle!!” y de “hold on!” recorrimos un tramo del río Kaituna, que es de grado 5 porque tiene una cascada, señoras y señores, de 7 m de altura. ¡Ahí es nada! Y nosotras, remo en mano y agua en boca (porque tragamos bastante) que lo disfrutamos.  ¡Genial la experiencia! Y genial un 19 de 101 en la primera semana de mi “reto” ¿no?

En Rotorúa asistimos también al Tamaki Maori Village. Esto es, hablando en plata, una trampa para guiris. Peeeeeeero había que hacerlo. Teníamos que probar el hangi, el método tradicional de cocina maorí que consiste en un horno bajo tierra en el que se cuecen los alimentos. Y tampoco  habíamos visto nada de danzas ni tradiciones de los primeros pobladores de estas islas. Así que pagamos los 101NZ$ por cabeza, que es un pastizal. Y la verdad, no vale tanto la pena. Es gracioso ver la haka, y tienen una recreación de un antiguo pueblo maorí, pero te sientes un poco como en Port Aventura. Y la comida no vale lo que pagas, ni por asomo. Pero bueno, ya está hecho. Si dicen que una vez al año no hace daño, una vez en la vida ni te cuento.

Falso guerrero maorí con los tatuajes de la cara y las piernas pintados a pilot.

El viernes nos despedimos de nuestros hosts y del smelly lake y nos plantamos de nuevo en Auckland. Este fin de semana, del 18 al 20 de febrero, se celebraba en la ciudad en Lantern Festival. O lo que es lo mismo, la celebración del año nuevo chino. Hay que tener en cuenta que la población china es la segunda mayor del país (hay más chinos que maorís) así que la celebración del Year of the Rabbit es todo un evento. Aquí lo celebran llenando el Albert Park de “lanterns”, que vienen a ser farolillos de diversas formas: Animales, insectos, plantas, dragones, tazas de te. Me recordaba un poco a las Festes de Gracia! Ah, y lo mejor de todo, el karaoke con canciones de ayer, de hoy y de china. Las risas que nos pegamos no tienen precio!

Lantern Festival (Auckland)

Además del festival, el sábado había varios mercadillos por la ciudad. Aquí todo va a horarios kiwis, así que muchos de los mercados cierran a las 12h. Y claro, si pendoneas un poquito la noche del viernes, está complicado llegar a tiempo… Pero los chicos nos llevaron al Mercado francés, que tiene un horario un poco más extenso (hasta las 14h). Más que francés es un mercado de comida europea/mediterranea. Todo llenito de puestos turcos, italianos, griegos…. ¡Hasta paella tenían! Aunque yo me decanté por una de mis debilidades,…

Boysenberry icecream

Así no hay quien se vaya de Auckland con mal sabor de boca!! 🙂

Como broche final, hoy nos hemos puesto todos muy guapos y nos hemos ido de bodorrio, y lo hemos celebrado con unas deliciosas pizzas de Jai. Madre mía, son insuperables!

Y con este fin de semana tan variado y tan bonito, nos despedimos de Auckland. Una ciudad que nos ha servido de hogar y de familia durante los 2 meses que hemos pasado en la isla Norte de NZ. La sensación de marcharte y no saber si volverás a poner los pies en un sitio o si volverás a ver algunas caras te deja el cuerpo un poco extraño. Pero aún así, nos llevamos una colección de recuerdos inmejorables, y una todavía mejor colección de amigos.

51 Calgary St

 

Bye Bye Auckland.

 

Cook Islands (II)

17 Dic

Saltando en Muri Beach

Lo que veis en la foto, a parte de mi, es la Muri Beach, con su Muri Lagoon. Es la playa más bonita de Rarotonga. La verdad, es espectacular. A poca distancia de la costa tiene unos islotes (Motus) a los que se puede llegar andando, ya que el agua no cubre más de 1 metro.

Mi consejo es que si tenéis intencion de visitar Rarotonga, intentéis alojaros en esta zona. Aunque tampoco es imprescindible ya que nosotras estábamos justo en el lado opuesto de la isla, y en nuestro bólido de 2 ruedas tardábamos media horita.

El mismo día que visitamos Muri (viernes 3) tuvimos por la tarde una BBQ con Nana. Lo más flipante de todo fue el Parrot Fish, que es un pez tan azul que parece pintado. Al principio nos daba un poco de cosa, pero resulta que ademas de bonito está riquísimo!

Parrot Fish

Por la noche salimos a tomar algo. No es que haya muchas opciones, creo que en Rarotonga hay 4 bares de noche. Nosotras nos decantamos por el Whatever Bar, y lo que son las cosas, conocíamos al dueño. Un par de días antes nos habíamos parado a pedir indicaciones para volver a casa (aunque la isla solo tiene 2 carreteras somos capaces de perdernos igual jijiji) y casualmente ese señor tan amable era el propietario. Nos reconoció al entrar y le caímos en gracia, así que cerveceo gratis, hell yeah!

Aunque la noche rarotongana no da mucho de si (el viernes cierra todo a las 2, y el sábado a las 12) nosotras nos retiramos pronto porque al día siguiente nos esperaba, de buena mañana, el mega-evento semanal: El Market!!

Lo hacen los sábados por la mañana, aunque la hora no esta muy clara. Cada tendero llega y se va cuando le da la gana (recordemos: Island Time). Allí se pueden encontrar frutas (mmmmm papaya) y verduras, comida preparada y zumos, artesanía de todo tipo… Y por supuesto, Pareos. Nosotras nos hicimos con el nuestro, pintado a mano y rebonico, que pronto se convirtió en nuestro “uniforme” tropical.

El domingo asistimos al otro evento masivo y casi obligatorio (especialmente viviendo bajo la tutela de Mama Kafo): La iglesia. Si. La iglesia. Yo. Fuimos con nuestra “familia” a la iglesia tradicional, donde escuchamos una misa en maorí (ni papa entendí) con sus canciones que parecían sacadas de El Rey León, sus señoras con sombrero, y todo el mundo vestido de blanco por ser el primer domingo del mes.

Holy Sunday

Traditional Church

 

Ese mismo día aprendimos a abrir cocos, así que toda la mañana siguiente nos la pasamos “practicando”. Si os portáis bien algún día os enseñaré el vídeo 😛

 

[…continuará…]

Día breve pero intenso

14 Nov

Quinta jornada neoyorkina. Estamos bastante cansadas, así que hoy nos hemos propuesto un planning ajustadito. Esto nos ha permitido volver a casa pronto, descansar un poco y organizar la jornada de mañana, que tiene muyyyyyy buena pinta (pero no voy a hacer ningún spoiler!).

Esta mañana, después de la tostada de peanut butter (fan total) de rigor, hemos puesto rumbo a la calle 39, entre la 9ª y la 10ª avenidas. Los sábados por la mañana organizan en ese tramo de calle el Hell’s Kitchen Flea Market. Un mercadillo tipo Els Encants, mercado de pulgas de toda la vida, pero con las cosas más increíbles que os podáis imaginar. En algún sitio leí, hace un tiempo, que National Geographic lo había nombrado el segundo mejor mercadillo de este tipo. No sé si será verdad, y ni idea de cuál es el primero. Pero si estais en NY un sábado por la mañana no os lo podéis perder. Ahí van algunos motivos:

Juguetes Vintage

Cosas molonas

Gafas Vintage

Muñeco

Hell's Kitchen Flea Market

Rosarios Tibetanos

Siento pasarme con las fotos, pero me era imposible descartar más!! Era todo de lagrimita…

Después del mercadillo, como estábamos “cerca” de Chelsea nos hemos dado una vuelta hasta llegar a la zona de las Galerías de Arte. La verdad es que no te lo acabas aunque quieras. Edificios enteros con exposiciones de todo tipo: fotografía, instalaciones, videoproyecciones, pintura, escultura,… Hemos visto algunas cosas interesantes, y otras que no tanto. Lo que está claro és que de los 20$ que te piden por entrar en el MoMa a lo que hay en Chelsea, poquita diferencia

Galería Chelsea

Detalle Cuadro

(El WB está fatal, pero he hecho las fotos de estrangis así que no me pidáis más!)

De ahí, y tras un par de porciones de pizza -como siempre, gigantes- hemos subido al núcleo neurálgico de la ciudad. Tras la odisea de atravesar Times Square hemos llegado al Rockefeller Center, porque nos estaba esperando el Top of the Rock. La verdad es que me ha gustado mucho más que cuando subí al Empire. Y el ascensor es para flipar, aunque lo de subir sesentaynosecuantos pisos en 40 segundos, así en frío, da un poco de repelús.

Hemos subido al Observatorio a eso de las 4 de la tarde, así que lo hemos enganchado con sol…

Empire de día

Atardeciendo…

Empire anocheciendo

Y con la ciudad encendida…

Empire de noche

Y como entre una cosa y otra ha pasado tranquilamente una hora y media, me he entretenido jugando con las luces. A mi me das una cámara y me tienes liada para rato, ya se sabe…

lights!

Me voy a pasar por Chelsea a ver si me compran el proyecto.

Qué día más guay 🙂