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Bye Bye Indonesia!

17 Sep

Bambu Bridge, Pangandaran

Gili Trawangan, en el agua


Gili Trawangan, en la arena


Java, Monte Bromo


Ofrenda en Sibetan


Samuan Tiga temple


Ubud arrozales

Java, el Ramadán y una tabla de surf.

27 Ago

El miércoles 3 de agosto, tras un último avocado juice en Ubud, nos montamos en un autobús que nos lleva hasta Java, la Isla vecina.

El autobús es mucho más cómodo de lo esperado, así que el trayecto no se hace muy duro. A las 2 a.m. nos plantamos en Probbolingo, en la nueva isla y con nueva zona horaria. Este pueblo no tiene más interés que el geográfico, así que sin perder tiempo, desde allí contratamos un “tour” que nos llevará a ver la salida del son sobre el Monte Bromo. La subida al Mt Pananjakan (desde donde contemplar las vistas) es dura, pero las vistas desde allí son, supuestamente, lo más impresionante de Indonesia.

Sunrise from Mt Pananjakan

Mar de arena, paisaje lunar, cono volcánico humeante… Pues sí, parece que esto es un MUST. Definitivamente vale la pena. Y supongo que a los otros 500 guiris que están a mi alrededor también les parecerá bonito.

Mt Bromo

Acabado el momento “autobús de japoneses” seguimos nuestro camino dirección Yogyakarta, a donde llegamos a las 22h del día 4, tras 32h de trayecto incluyendo la paradita para el sunrise.

Lo primero que nos llama la atención al despertarnos en Yogyakarta es que para tener 2 millones de habitantes, esta ciudad está muy tranquila. Pero claro, Java es una isla musulmana, y este año el Ramadán cae en Agosto. No será hasta caer la noche cuando la ciudad recobre la vida que -creemos- es natural en ella.

Tienda en Jogja

En nuestro primer día en Jogya visitamos el Kraton (si, en Java hay un Sultán) que no es especialmente instructivo, y además tiene toda la programación especial cancelada por el Ramadán. Nos paseamos por la ciudad y asistimos a una cena de Couchsurfing donde conocemos a muchos locales y a algunos otros viajeros.
Al día siguiente visitamos el templo de Prambanán, con un calor de morirse, pero totalmente merecida la visita.

Templo Hindú de Prambanan, patrimonio de la Humanidad

Por la noche, con algunos de los viajeros que conocimos el día anterior, nos vamos a cenar a un genial mercado local que descubrimos en un callejón plagado de pequeños puestos que aparecen al caer la noche. La comida riquísima, los precios de risa y sin más caras blancas que las nuestras. Toda una experiencia que me encantará recordar :). Desde allí, vamos a ver Wayang Kulit, un show tradicional de marionetas de piel, ya que casualmente uno de los mejores “master of puppets” del país actua esta noche. ¿Interesante? Mucho. Pero un coñazo. Aguantamos una hora (de las 7 que dura) y salimos por patas. Pero no os penséis que somos las únicas que lo encontramos aburrido: los locales asistentes se pasan el rato charlando, fumando, comiendo… hasta los integrantes de la orquesta, desde arriba del escenario, pasan el rato enviando sms desde sus blackberries!!

Wayang Kulit, también Patrimonio de la Humanidad

Tras Yogyakarta nos dirijimos a Pangandaran, población costera que acoje a turismo local mayoritariamente. El trayecto en minivan son 8 horas por la peor carretera que mis ojos han visto -y el resto de mi cuerpo ha sufrido- en mi vida. Además, pensar que el conductor está en ayuno desde hace horas no ayuda a tranquilizarme. Terror siento al recordarla. Claro, aquí también es Ramadán, así que el pueblo está bastante tranquilo. Aunque me gusta, qué queréis que os diga.

Pangandaran

Allí hacemos una excursión al Green Canyon. Nos enseñan cómo se fabrica el azúcar de coco, la talla de las marionetas de madera (llegados a este punto, la palabra Puppetme produce escalofríos) y vamos a un centro de conservación de tortugas. Pero lo más bonito es navegar por el Green river y nadar por él, escalando rocas y dejándonos arrastrat por la corriente para admirar el cañón desde dentro. Precioso y divertidísimo, pero mi cámara no es waterproof así que os quedáis sin foto 😛 Lo único que me toca las narices es que como es Ramadán te no te dan la comida que supuestamente incluyen la excursion, pero por la noche están todos borrachos en los chiringuitos de la playa. Los javaneses son musulmanes para lo que les interesa.

Coconut Sugar

Wood Puppets

¡Tortuguita!

En este encantador pueblito tiene lugar también un evento de magnitud incomensurable: MI PRIMERA CLASE DE SURF. ¿Y sabéis que? I’m a winner! Y no lo digo yo, me lo dijo mi profe!! Me puse de pié al tercer intento. Un aplauso, por favor.

Atención a mi estilazo... jajaja

Gracias, gracias.
Como premio me regalé una hora de masaje (masaje puntillista, según Laura) por el módico precio de 50.000rp (unos 4€), y con esto pongo el broche final a estos dos días playeros.

Vuelta a Yogya, esta vez en tren (en clase Bisnis, ¿no os encanta el nombre?) donde nos pegaremos un madrugón para ir a ver Borobudur. Levantarse a las 4a.m es un rollo, pero este templo se compara con las ruinas de Angkor en Cambodja y vale la pena admirar la belleza del mayor monumento budista del mundo sin el calor sofocante del mediodía.

Detalles de Borobudur, que también (oh! sorpresa) es Patrimonio de la Humanidad

El sábado me despido de Laura, su viaje llega a su fin en un par de días y yo quiero volver a Bali huyendo del Ramadán. Estoy muy contenta de que nos hayamos reencontrado en Indonesia para el final de su aventura, quién sabe dónde nos encontraremos la próxima vez!

Aunque soy un poco chaquetera y a las 12h me subo en un bus en dirección Bali con una nueva compañera de viaje. Os la presento en el próximo post 🙂

Saltando en Java (Mt Bromo)