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Bye Bye Indonesia!

17 Sep

Bambu Bridge, Pangandaran

Gili Trawangan, en el agua


Gili Trawangan, en la arena


Java, Monte Bromo


Ofrenda en Sibetan


Samuan Tiga temple


Ubud arrozales

Indonesian Facts: Cosas que se pueden hacer sobre una moto

8 Sep

A saber:

– Ir al templo, sin casco para que no se te arrugue el cachirulo.

– Ir de tres en tres

– Ir de cuatro en cuatro

– Ir de ladito para que no se te arrugue la falda

– Llevar a tu madre al mercado a vender pescado

– Ir al cole, y llevar a tu hermana

– Llevar a tus hijas a clase

– Llevar huevos. Muchos.

– Llevar la cosecha del día

– Llevar mascarilla para no morir por ingestión de CO2

– Tener 10 años

Todo esto así, de una sentada. Y podría añadir: “ir de cinco en cinco” o “transportar una cama” o “mandar sms”. Pero como no tengo pruebas, mejor me callo.

North and Central Bali

3 Sep

Escapando de Gili T nos plantamos en Lovina, al norte de Bali. Y que viva el hinduismo!

Lovina, aunque también es turístico, es una zona mucho más agradable de visitar que la anterior. Tiene playa, y es conocida por los delfines que la habitan. Aunque para mi lo bueno no tuvo nada que ver con el pueblo sino con lo que en él nos pasó.

La noche que llegamos nos fuimos a un bar cercano, donde una banda local tocaba música en directo. Y eran muy buenos. Disfrutando del espectáculo cerveza en mano fuimos hablando con otros clientes del local. Acabé charlando con una pareja de unos 50 años que vive en Jakarta, y tienen una “Villa” en Bali, cerca de donde estábamos. La conversación era agradable, y tenían una histora de amor preciosa que me encantó escuchar. Sin saber ni como, acabamos quedando para ir a las hot springs (Air Panas Banjar) de la zona. Tres piscinas a diferentes temperaturas con chorritos de agua milagrosa que me dejaron las cervicales como si nunca hubieran cargado una mochila.

A partir de ahí, no se si decir que la pareja nos esponsorizó o nos adoptó. Desde
ese momento nos convertimos en las “hijas mimadas” que no tienen. Después de las termas fuimos a su (in-cre-i-ble) Villa. Allí hablamos, tomamos cervezas, nos invitaron a comer un saté delicioso e infinito, nos relajamos en la piscina. Después, las 3 mujeres nos fuimos a un spa a que nos dieran un “masaje balinés” mientras el marido, como buen macho alfa, nos esperaba en el bar tomándose sus copazos. Salidas del masaje nuevecitas, nos fuimos a tomar un cocktail que tampoco pudimos pagar. Y luego nos llevaron a un “really nice restaurant” donde cenamos con vino frente a la playa, sólo con la condición de que nos dejaran pagar al menos una cerveza después. Y luego, desaparecieron. Así, sin pedir nada a cambio. Sin esperar ninguna recompensa. Todavía no me explico de dónde me caen estos ángeles.

Porque todavía hay más: Al día la mañana siguiente, nos recogió su chófer (repito: su chófer) que estaría a nuestra disposición todo el día. Nos llevó a las Gitgit Waterfalls, y a los templos Pura Dalem (donde un viejito que rezaba allí se encariñó con nosotras) y Pura Beji.

Pura Dalem con el viejito

 

Pura Beji

Y al final de nuestro recorrido, nos dejó en Candicuning, un pequeño pueblo a orillas del lago Danau Bratan. Y allí acabó nuestro cuento de princesas y nos convertimos en backpackers otra vez.

Locales esperandoa subirse en una barca en el Danau Bratan

Candicuning es famoso por su impresionante jardín botánico y por sus fresas, que puedes comprar en todas partes. Yo tenía antojo así que me fuí a un campo y pregunté si podía comprar medio kilo. El hombre, sujetando un cestito, me dijo:

You can pick them yourself, or someone can do it for you.
What’s the difference?
You enjoooooooy!!!

No se hable más, dame un cesto que me pongo en modo recolector. Estaban buenísimas, y más lo estaba el strawberry juice que me prepararon al momento con parte de mi cosecha. Yummie!!

Y otro de los highlights de la zona, en el pueblo vecino (Begudul) es el templo Pura Ulun Danu, construido sobre las aguas del lago. El típico templo que sale en las postales y en los billetes de 50.000 rupias. El mejor lugar para perpetrar mi propia estampita balinesa.

Jumping in Pura Ulun Danu

Y con esto y un bizcocho, nos marchamos para Ubud 🙂

Gili T, tu lugar de vacaciones (NO!)

3 Sep

Después de dormir 2 horas (y bajo los efectos del arak), el miércoles 3 de agosto nos despertamos para ir a las islas Gili.
Bueno, en realidad solo a una. Teníamos previsto pasar unos días en Gili Air, pero por un error en el ticket que interpretamos como una señal*, pusimos rumbo a Gili Trawangan.

El trayecto fue toda una aventura que nos llevó un día entero, y eso que las islas están a relativa corta distancia de Padang Bai. Pagando unas 350.000rp se puede viajar en Fast Boat, tardando unas 3h en total, pero nosotras, más chulas que un ocho, decidimos hacer el viaje “al estilo local”. Esto es, cogiendo un ferry que tardó 4 horas en recorrer los 25kms que separan Bali de Lombok.

en el Ferry

El ferry nos dejó en Lembar, desde donde nos montamos en un minivan que nos llevó en 2h hasta Bangsal, más al norte. Desde allí salen los public boats que te dejan en las Gili. La minivan era un peligro, y apestaba a gasolina y a humos del motor. La carretera, muy bonita eso sí, estaba llena de monos diabólicos de los que ya os hablé en un post anterior. Y Bangsal está lleno de hijos de puta. Mira, así tal cual lo digo. Si alguien tiene una bomba de sobras, que me la mande que ya sé donde voy a colocarla.
Por suerte allí sólo pasamos 1h, hasta que llegó el momento de coger nuestro public boat. Esto es un barquito de madera que tiene pinta de naufragar en cualquier momento, y al que es divertidísimo ver montarse a todas las turistas que van en plan “Eat, pray, love” con sus vestiditos y sus trolleys de ruedas. Porque los barcos atracan en la costa y para montarse hay que mojarse los pies, alzar la maleta y tener mucho equilibrio. Y las faltas tobilleras no ayuadan, la verdad.

El conductor del Public Boat

Gilli T (como se la conoce coloquialmente) es una isla concebida por y para los turistas. Para mi reúne lo peor de Mallorca, Salou y Port Aventura. Un parque temático del “pase un fin de semana en la playa”. Precios europeos, niñatas con maquillaje, comida italiana, mexicana, japonesa. Ni un ápice de cultura indonesia asoma desde ningún ángulo. ¡Buuuuuh! UN BLUFF. Además esta isla es conocida como “The Party Island“, famosa por sus raves y sus full moon parties, pero como estábamos de Ramadán (desde ya mi palabra más odiada del diccionario, seguida muy de cerca por “arroz” y “marionetas”) ni siquiera tenían de eso. ¿Resultado? Todos una panda de yonkis con el mono.

Y la foto no os creáis que es anecdótica. Vas andando por la calle y te gritan “magic mushrooms” y “mushrooms milkshake” por todas partes. ¡Pero luego ayunando, vaya a ser que Alah se enfade!

Pero a ver, por qué le tengo tanta tirria, si siendo una isla no puede ser tan malo… Analicemos, qué cosas buenas se pueden hacer o tiene una isla del Pacífico:

Coral Reef. Muy bien, las barreras de coral están muy bien. Pero duelen en los pies, y en esta isla no puedes meterte en el agua sin llevar reef shoes a riesgo de parecer un nazareno de semana santa.

Playas de arena blanca. Y llenas de mierda. Por favor, señores de Greenpeace, ¿podrían venir a dar collejas a Indonesia? Y de paso os lleváis un par de tanques de bolsas de plástico y paquetes de Lays.

Sunset. Vale, correcto. El atardecer es muy bonito, pero me ocupa 10 minutos al día. Que alguien me explique qué hago con las 23h y 50minutos restantes.

Sunset desde el Sunset Bar

Dar la vuelta a la isla. Y te dicen “te alquilas una bici”. Pero no te dicen “el camino es de arena blanda y no se puede pedalear por él”. Tanto es así que acabamos conduciendo por la playa, que era más fácil. Muy bonito, pero un coñazo.

bike 🙂

Darte un bañito. Podéis intentarlo, aunque yo no os lo recomendaría. La corriente es tan fuerte que en menos de un minuto te lleva de cabeza al puerto. La parte buena es que puedes dar la vuelta a la Isla más rápido que en bici.

Tomar el sol. ¡Bien! Eso si, ¿no? Lástima que haya overbooking, y que el sonido de la mezquita más la música de los 3 bares que tengo detrás más los gritos de “necklace necklace cheap cheap” de los vendedores ambulantes se cuelen por encima del sonido de mi Ipod.

Gili T es Mallorca

Dormir y descansar. ¡Jajajaja, buen intento! Claro, es que la mezquita ha decidido que aquí no duerme ni el tato, y cada 4 horas se ponen a dar berridos. Especialmente hiriente a las 4:30 a.m. Me cago en el Ramadán. Ya lo he dicho.

Así que tras 2 días (y mucho hemos aguantado) nos las piramos, salimos por patas de este agujero del demonio. A quien le guste el plexiglás que se quede la isla enterita, que yo no la quiero ni regalada. Aunque al menos he sacado fotos bonitas. Eso sí, esta vez nos vamos en Fast Boat, que hemos aprendido la lección.

Ah, si tras mi destripe alguien decide ir de todas formas, recomiendo encarecidamente dormir en el Izzi Homestay. Un lugar sencillo y baratito en el interior, tranquilo, limpio y llevado por gente buena. Que, creédme, no es tan fácil de encontrar por estos lares.

*Moraleja: En adelante sólo seguiré las señales de tráfico.

East Bali

31 Ago

Pues si, llegamos vivas. Aunque tras un total de 26h de viaje (las 2 últimas hacinadas en el bemo que veis arriba) estábamos hechas un cuadro.

Por cierto, la que os saluda en el vídeo es Angelika, una chica alemana con la que llevo viajando ya varios días. Es un amor, y tenemos muchas cosas en común: trabaja en publicidad, vivió en Barcelona, ambas medimos 174cms y tenemos el pelo igual. Y desde que empezamos a viajar juntas, la pregunta más oída (mínimo una vez al día) es: ¿Are you twins?
Vale que tengamos un aire, pero no se yo si dá para tanta confusión.

¿Are you twins?

A lo mejor a los indonesios les pasa como a nosotros con los chinos, que los vemos a todos iguales y si nos dicen que son familia nos lo creemos. Nosotras les contamos que somos primas y así se quedan tranquilos.

Pues eso, que mi Twin y yo llegamos a Padangbai tras un viaje interminable y nos alojamos frente a la playa. El pueblo es muy turístico, aunque está geográficamente muy bien situado. Allí nos relajamos en la Blue Lagoon, descansando para nuestro viajecito que teníamos en mente.

Al día siguiente dejamos las maletas en el hotel (por unos 30 céntimos al día) y alquilamos un par de scooters. Con ellas emprendimos rumbo hacia el norte de este lado de Bali. Candidasa, Amlapura, Tirta Gangga… Hacia mitad del recorrido el camino ya estaba totalmente flanqueado por arrozales de verdes imposibles, que puedes admirar desde los muchos warungs que salpican el camino.

rice paddies

Visitamos un par de templos, a destacar el Pura Lempuyang, que desde su elevada posición nos regaló unas vistas espectaculares al valle del Mt. Gunung Seraya.

Pura Lempuyang

Pasamos la noche en Amed, un pequeño pueblo de pescadores con mucho ambiente (muy local). Desde allí, por la mañana, nuestras motos nos llevaron por el camino de la costa atravesando otras pequeñas y encantadoras playas a rebosar de barcas pesqueras.

Amed Coast

Acabado el camino de costa, que es bonito pero tampoco hay mucho que hacer, teníamos aún medio día por delante. Así que a la altura de Amlapura nos desviamos hacia el interior. Y eso se convirtió en uno de los road trips más bonitos (y más recomendables) que he hecho hasta el momento. Y en mi parte favorita de Bali, si me permitís decirlo. En ese trayecto recorrimos dos “scenic routes“: La que va de Bebandem hasta Rendang (aunque no la completamos) y la Sidemen Road. Lo que nos encontramos es difícil de explicar con palabras.






Recibí tantas sonrisas en el camino que me contagiaron, y llegué de vuelta a Padang Bai con dolor en las mejillas. 100% recomendable. (El road trip y sonreír).

Java, el Ramadán y una tabla de surf.

27 Ago

El miércoles 3 de agosto, tras un último avocado juice en Ubud, nos montamos en un autobús que nos lleva hasta Java, la Isla vecina.

El autobús es mucho más cómodo de lo esperado, así que el trayecto no se hace muy duro. A las 2 a.m. nos plantamos en Probbolingo, en la nueva isla y con nueva zona horaria. Este pueblo no tiene más interés que el geográfico, así que sin perder tiempo, desde allí contratamos un “tour” que nos llevará a ver la salida del son sobre el Monte Bromo. La subida al Mt Pananjakan (desde donde contemplar las vistas) es dura, pero las vistas desde allí son, supuestamente, lo más impresionante de Indonesia.

Sunrise from Mt Pananjakan

Mar de arena, paisaje lunar, cono volcánico humeante… Pues sí, parece que esto es un MUST. Definitivamente vale la pena. Y supongo que a los otros 500 guiris que están a mi alrededor también les parecerá bonito.

Mt Bromo

Acabado el momento “autobús de japoneses” seguimos nuestro camino dirección Yogyakarta, a donde llegamos a las 22h del día 4, tras 32h de trayecto incluyendo la paradita para el sunrise.

Lo primero que nos llama la atención al despertarnos en Yogyakarta es que para tener 2 millones de habitantes, esta ciudad está muy tranquila. Pero claro, Java es una isla musulmana, y este año el Ramadán cae en Agosto. No será hasta caer la noche cuando la ciudad recobre la vida que -creemos- es natural en ella.

Tienda en Jogja

En nuestro primer día en Jogya visitamos el Kraton (si, en Java hay un Sultán) que no es especialmente instructivo, y además tiene toda la programación especial cancelada por el Ramadán. Nos paseamos por la ciudad y asistimos a una cena de Couchsurfing donde conocemos a muchos locales y a algunos otros viajeros.
Al día siguiente visitamos el templo de Prambanán, con un calor de morirse, pero totalmente merecida la visita.

Templo Hindú de Prambanan, patrimonio de la Humanidad

Por la noche, con algunos de los viajeros que conocimos el día anterior, nos vamos a cenar a un genial mercado local que descubrimos en un callejón plagado de pequeños puestos que aparecen al caer la noche. La comida riquísima, los precios de risa y sin más caras blancas que las nuestras. Toda una experiencia que me encantará recordar :). Desde allí, vamos a ver Wayang Kulit, un show tradicional de marionetas de piel, ya que casualmente uno de los mejores “master of puppets” del país actua esta noche. ¿Interesante? Mucho. Pero un coñazo. Aguantamos una hora (de las 7 que dura) y salimos por patas. Pero no os penséis que somos las únicas que lo encontramos aburrido: los locales asistentes se pasan el rato charlando, fumando, comiendo… hasta los integrantes de la orquesta, desde arriba del escenario, pasan el rato enviando sms desde sus blackberries!!

Wayang Kulit, también Patrimonio de la Humanidad

Tras Yogyakarta nos dirijimos a Pangandaran, población costera que acoje a turismo local mayoritariamente. El trayecto en minivan son 8 horas por la peor carretera que mis ojos han visto -y el resto de mi cuerpo ha sufrido- en mi vida. Además, pensar que el conductor está en ayuno desde hace horas no ayuda a tranquilizarme. Terror siento al recordarla. Claro, aquí también es Ramadán, así que el pueblo está bastante tranquilo. Aunque me gusta, qué queréis que os diga.

Pangandaran

Allí hacemos una excursión al Green Canyon. Nos enseñan cómo se fabrica el azúcar de coco, la talla de las marionetas de madera (llegados a este punto, la palabra Puppetme produce escalofríos) y vamos a un centro de conservación de tortugas. Pero lo más bonito es navegar por el Green river y nadar por él, escalando rocas y dejándonos arrastrat por la corriente para admirar el cañón desde dentro. Precioso y divertidísimo, pero mi cámara no es waterproof así que os quedáis sin foto 😛 Lo único que me toca las narices es que como es Ramadán te no te dan la comida que supuestamente incluyen la excursion, pero por la noche están todos borrachos en los chiringuitos de la playa. Los javaneses son musulmanes para lo que les interesa.

Coconut Sugar

Wood Puppets

¡Tortuguita!

En este encantador pueblito tiene lugar también un evento de magnitud incomensurable: MI PRIMERA CLASE DE SURF. ¿Y sabéis que? I’m a winner! Y no lo digo yo, me lo dijo mi profe!! Me puse de pié al tercer intento. Un aplauso, por favor.

Atención a mi estilazo... jajaja

Gracias, gracias.
Como premio me regalé una hora de masaje (masaje puntillista, según Laura) por el módico precio de 50.000rp (unos 4€), y con esto pongo el broche final a estos dos días playeros.

Vuelta a Yogya, esta vez en tren (en clase Bisnis, ¿no os encanta el nombre?) donde nos pegaremos un madrugón para ir a ver Borobudur. Levantarse a las 4a.m es un rollo, pero este templo se compara con las ruinas de Angkor en Cambodja y vale la pena admirar la belleza del mayor monumento budista del mundo sin el calor sofocante del mediodía.

Detalles de Borobudur, que también (oh! sorpresa) es Patrimonio de la Humanidad

El sábado me despido de Laura, su viaje llega a su fin en un par de días y yo quiero volver a Bali huyendo del Ramadán. Estoy muy contenta de que nos hayamos reencontrado en Indonesia para el final de su aventura, quién sabe dónde nos encontraremos la próxima vez!

Aunque soy un poco chaquetera y a las 12h me subo en un bus en dirección Bali con una nueva compañera de viaje. Os la presento en el próximo post 🙂

Saltando en Java (Mt Bromo)

Selamat Datang di Indonesia!

19 Ago

El día 8 me planté en el aeropuerto de Denpasar, Bali (Indonesia) y nada más aterrizar ya empecé a hacerme una idea de lo que es este país. Mil colas, gente por todas partes, locales hablándote constantemente,… aún no he salido del aeropuerto y ya me han intentado timar 2 veces. ¡Mamma mia! Suerte que venía avisada…

Una vez recopiladolo importante (a saber: visado de 30 días, 1 millón de rupias equivalente a unos 80 euros, y mi maleta) me dirijo al mostrador de los taxis. Porque esa es otra, taxis los hay de todos tipos y colores, pero si no quieres tener que pelearte por el precio al final, o que te cobren el doble que a los locales, vete al mostrador del aeropuerto, con taxis de prepago y precio cerrado.

Durante el camino empiezo a ver cambiar el paisaje, volviéndose cada vez más verde -aunque no menos caótico- según me alejo de la ciudad. De todo, lo que más me llama la atención son las cometas. Todo el cielo está salpicado de ellas. De todos los colores, formas y tamaños. Mi taxista me cuenta que es un hobby nacional: te vas al campo, vuelas tu cometa, la atas a un árbol, y luego te vas a casa para ver lo bonita que es. Un planazo total.

Cometas en el cielo balinés

A las 18h me planto en Ubud. Por favor, redoble de tambores: ¡¡Me reencuentro con Laura!! Después de mi aventura en solitario por Australia, vamos a pasar una semana juntas antes de que ella se vuelva para España. 🙂

Ubud es muy, muy bonito. Y muy, muy turístico, pero no me importa demasiado, porque lo maravilloso del entorno hace que le perdones todo lo demás. Sólo paso 48 horas allí, pero me hace sospechar que tendré que volver para explorarlo un poco más a fondo.

En Ubud visito en Monkey Forest Sanctuary, donde unos monos diabólicos trepan sobre los turistas y amenazan con robarte hasta el carné de identidad. No os fiéis de su mirada de corderito degollado, es todo pura estratégia para pillarte desprevenido.

Evil Monkey (Mono malote)

También vamos Samuan Tiga, un templo alejado del circuito turístico, por lo que es mucho más tranquilo que los demás (básicamente estamos solos en él). ¡Qué bonitos son los templos por aquí! Son sencillos pero majestuosos, y si miras atentamente descubres pequeños detalles que los vuelven mágicos.

Samuan Tiga

Ofrendas

Pots

Una de las muchas jaulas de pájaro

Por la tarde damos un paseo por los arrozales. Bueno, yo paseo. Laura los ve un poco más de cerca… jajajaja Y el casco de Björn, el alemán que nos acompaña, acaba dandose un bañito en el arroyo. ¡Eso le pasa por reírse de mi amiga! 🙂

Rice Paddies

De camino a casa, a Laura y a mi (que voy de paquete) nos para la policía. Vale que no llevamos casco y ni Laura tiene carné internacional, pero antes de entonar el mea culpa, dejadme aclarar un par de cosas:

– He visto niños de 10 años conduciendo. Permítanme dudar que tengan carnet.

– El récord de personas sobre una moto, de momento, asciende a un total de 5.

– ¿Casco? Ni el Tato lo lleva.

El hecho de que nos paren a nosotras se puede resumir de una forma muy sencilla: La policía es corrupta. Y no lo digo yo, incluso los locales lo confirman. Así que la práctica más habitual es parar a turistas aleatoriamente y encontrar cualquier justificación para ponerles una multa. Pero en lugar de procesar dicha multa, te ofrecen la posibilidad de “pagarla al momento”. Vamos, que sueltes pasta, que el hombre se quiere comprar un apartamento en la playa.

Método de actuación:

1) Pretender que no hablas ni una sola palabra de inglés. Y por supuesto, tampoco de bahasa.

2) Sonreír, somos súper majas y súper inocentes, y no nos enteramos de nada. Pobrecitas niñas blancas.

3) Y la más importante: llevar el dinero separado en bolsillos para que el policía no sepa cuánto tienes. Lo que vea te lo va a pedir.

Al final, con estos truquis, la “multa” se quedó en 2$ de Singapur, que son el equivalente a 1’20€. Estos balineses son unos cutres, ¡pero gracias por la anécdota, señor policía!

Con todo esto se nos pasa el día, pero todavía me quedan ganas de más. Por la noche me voy al Palace a ver un espectáculo de Danzas Balinesas. Cinco chinitas, un chinito y un dragón que intentan contar una historia que no entiendo, pero que creo que acaba bien. Y es muy bonito, qué queréis que os diga. Aunque lo de que las chinitas no pestañeen y muevan los dedos en plan niña del exorcista me provoca sentimientos encontrados…

Danzas balinesas. Por favor, atención al detalle de los deditos.

Al día siguiente nos dedicamos a la vida contemplativa hasta las 14h. A esa hora empieza un viaje de 30 horas que nos llevará hasta la isla de Java, aunque eso mejor os lo cuento en otro post.

Selamat tinggal!