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Alice Springs & The Outback

29 Jun

El domingo pasado emprendí camino hacia Alice Springs. Como ya os comenté en el anterior post, eso está, más o menos, en el medio de la nada. O del desierto, según queráis verlo.

Llegar hasta allí es costoso, por lo aislado que está. Pero aunque mi presupuesto mensual se quedara temblando no podía dejar pasar la oportunidad de pisar la arena roja del desierto australiano, de atravesar carreteras quilométricas en línea recta, o de admirar la puesta de sol en la Ayers Rock (Uluru para los aborígenes, The Big Rock para los colegas).

Puesta de sol en Uluru

Tras una noche en el encantador hostel Annie’s Place, el lunes a las 6 a.m empezaba nuestra aventura. Lo que siguió fueron 3 días de hiking y vistas espectaculares en Uluru, los Olgas y el Kings Canyon, de dormir bajo las estrellas (en un invento maravilloso llamado swag), de reírnos mucho y compartir anécdotas alrededor del fuego, de aprender sobre la cultura aborígen y de sentir que el frío mañanero y la inversión económica habían valido la pena.

Hiking en el Kings Canyon

The Olgas & The Valley of the Winds

Yo decidí hacer la incursión al desierto con el tour de 3 días que organiza Mulga’s Adventure. Los hay más largos (carísimos) y los hay más cortos (un palizón). Y también se puede hacer por libre, aunque yo no recomendaría pasarse de “aventurero”, porque el aislamiento de la zona y el desconocimiento de los viajeros son muy mala combinación. Especialmente cuando se atraviesa tierra aborígen sin tener ni idea de sus normas. Y sobretodo si se viaja solo, vale la pena poder compartir todas las emociones con otros viajeros. Aunque eso lo digo yo que he tenido una suerte tremendísima con el grupo, y me he sentido más acompañada en estos 3 días que en los últimos 2 meses de viaje.

Como veis hay muchas cosas que han cambiado (el escenario, la compañía, mis botas…), pero hay tradiciones que siguen intactas:

Jumping in The Olgas

Great Ocean Road & The Grampians

6 Jun

Este fin de semana hemos vuelto a salir a la carretera. Este último Road Trip ha durado sólo 3 días, pero han me  ha permitido, de nuevo, disfrutar de paisajes espectaculares y vivir experiencias únicas. Nos ha acompañado (o más bien, guiado) Jarrod. Fue uno de nuestros primeros couchsurfers en Melbourne y ha adquirido, por méritos propios, el status de amigo.

Juntos hemos recorrido enterita la Great Ocean Road. Esta carretera recorre la costa occidental del estado de Victoria, y ofrece unas preciosas vistas de acantilados y playas y la posibilidad de realizar todo tipo de actividades acuáticas.

Ahora es invierno, y por lo tanto temporada baja. Pero ni eso (con lo fría que está el agua) evita que legiones de surferos hagan cola en el agua para agarrar las mejores olas. Como es el caso de la Bells Beach, una de las mejores playas de surf del mundo (incluso aloja una de las pruebas el campeonato mundial de surf durante las vacaciones de Easter).

Aprovecho la ocasión para desmitificar el tema Surferos: Chicas, los surferos ni son rubios, ni están cachas, ni están buenos. Son viejunos y están fofos. Lo que pasa es que así a lo lejos, y con el neopreno apretando las flojeces (que ya sabemos que el negro estiliza mucho) quedan aparentes. Pero si los ves “en seco” cambiándose en el aparcamiento, creedme: ¡no los toco ni con un palo!

La noche del viernes la pasamos en Apollo Bay, para aprovechar y disfrutar de la parte “bonita” de la ruta a plena luz el día siguiente. En nuestra primera parada de la mañana del sábado decidimos desviarnos un poco de la ruta para ir a ver la Cape Otway Station  (el faro más significativo de Australia, dicen). A mi el faro me pareció una tontería, pero aún así el desvío valió (muchísimo) la pena. Y vosotros os preguntaréis por qué…:

¡¡¡¡¡¡ Koalas !!!!!!!!

Parece que los koalas son súper difíciles de ver en libertad, la mayoría de gente los ve en santuarios, reservas de animales o zoológicos. Y nosotros, así sin esperárnoslo, nos encontramos en medio de un bosque con más de una docena de ellos. Los pobre se pasan el día durmiendo por culpa de las hojas de eucalipto. Es como si vosotros os alimentarais únicamente de marihuana. Vamos, que van todo el día fumaos y de ahí tanta somnolencia. ¡Tanto que hasta se caen de los árboles! Me encantan, y he decidido que quiero uno. No se lo digáis a los de aduanas, pero pienso secuestrar un koala y llevármelo a Barcelona. Tshhhh.

Dejando de lado este golpe de suerte, en realidad lo más destacable de la ruta son las vistas. Los acantilados de piedra caliza, con la erosión de agua y viento durante millones de años, han dado lugar a escenarios naturales como el London Bridge, la Thunder Cave, o una de las postales más típicas de esta zona: Los Twelve Apostoles.

Los espectaculares Twelve Apostoles

 Hay que decir que de los Doce Apóstoles actualmente sólo quedan 8. El agua los golpea constantemente y nunca se sabe cuál será el próximo en caer. Así que si queréis disfrutar de estas maravillosas vistas en directo, a darse prisa que lo mismo el año que viene ¡ya no están!

Muy cerquita de allí, el Loch Ard Gorge también ofrece una panorámica preciosa del océano encerrado por los acantilados. “En semejante paraje yo tengo que saltar”, pensé. Pues maldita la hora. Sólo conseguí hacer un salto tipo Cheeta sin liana, segundos antes de ser duchada de cintura para abajo por una ola traicionera. Eso me pasa por ir haciendo el mono, ¡me lo tengo merecido!

Cheeta-style en el Loch Ard Gorge

Acabada la Great Ocean Road nos alejamos de la costa para adentrarnos en The Grampians National Park.

Desde el pueblo de Halls Gap (donde dormimos el sábado) salen algunos tracks de montaña. Nada más empezar el primer hiking del día… ¡Bingo!

¡Canguroooos!

¡Vaya, parece que con el tema wildlife estamos de suerte!  También había Emus, pero ya sabéis que no soy muy pro-pájaros. Sólo me falta ver un ornitorrinco y ya me puedo ir pa casa.

Y después del momento marsupial nos tocó ganarnos el almuerzo. Pateada de 3 horas para subir a The Pinnacle. Cansada y durilla, en especial el último tramo, pero con unas vistas tremendas como recompensa.

Momento Boy Scout

Después de comer, tras una horita en coche, hacemos un par de tracks más.

El primero, hasta The Balconnies, Es una de las mayores atracciones de la región. Los salientes de roca en lo alto de un acantilado ofrecen una inigualable vista del Victoria Valley. El segundo, hasta las MacKenzie Falls, unas de las más grandes y espectaculares de Victoria. Aunque parte del camino está cerrado (debido a las inundaciones que sufrieron en enero), decidimos hacer un poco el kinki y saltar un par de vallas para admirar las cascadas desde la base. A veces, ignorar las normas merece la pena…

MacKenzie Falls

Y con esto pusimos el broche final a un fin de semana llenito de anécdotas y experiencias inolvidables. Cuatro horas en coche nos devolvieron a Melbourne, donde me encuentro ahora. Pero estoy triste, miro por la ventana y no hay canguros ni koalas. Jolín.

Bueno, os dejo. Tengo un secuestro que planear.