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Salió bonito

28 Jun

Ayer por la tarde di una charla sobre mi viaje por Oceanía en el Centre Cultural Teresa Pàmies.

Y qué bonito es compartir lo que te llena…

Me emocioné recordando vivencias y momentos. Y por ahí algunos han confesado que también se emocionaron escuchando 😉

Gracias a Laura, que la liamos en el último momento para subir a la palestra, a los compis que vinieron a darme apoyo, y a Ramón de FrikTrip por permitirme contar mi experiencia. ¡A ver si repetimos!

El sur de Laos

3 Nov

La segunda etapa en Laos la invertimos en recorrer un poco el sur del país. Esta parte normalmente es ignorada por los viajeros (excepto por los que van o vienen de Camboya) lo cual, a mi parecer, es un error. El sur es auténtico, inexplorado y precioso.

Algo a comentar sobre viajar a través de Laos: los viajes en autobús son largos (eternos, diría yo) y tediosos. Los autobuses locales son dignos de una peli de Hallowen (¡¡evitarlos!!)y los autobuses VIP o Sleeping Bus, aunque mejores, no son la octava maravilla. Las carreteras son complicadas y los conductores tienen la habilidad de conducir como animales aún sin pasar de los 40kms/h. Lo divertido de todo esto, es que es casi la única opción que tenéis, ya que no hay tren. ¡Así que paciencia!

bus local

En nuestra primera ruta, de Luang Prabang nos fuimos directamente hacia Paksé y de allí en minivan hasta Si Phan Dong (también conocido como las 4000 islas). En Vientián, la capital, sólo hicimos paradita técnica de unas horas para cambiar de autobús, pero no tiene ningún interés (para mí).
Las 4000 islas es la zona más al sur del país, en la frontera con Camboya. Es también el lugar donde el Mekong se hace más ancho, y está salpicada de cientos de islas e islotes separados por las marrones aguas del gran río. Bueno, marrones en esta época del año, porque según nos cuentan, en la estación seca sus aguas se vuelven cristalinas y es todo un espectáculo. A mi, con sus turbulencias y su color café con leche me pareció de lo más dramático.
Por 3€ cogimos un bungalow frente al agua (ducha fría, eso si) en Don Det, y por otro euro alquilamos una bici con la que fuimos a recorrer Don Khong, la isla vecina. Tranquilidad absoluta y escenarios de documental de National Geographic. Sólo un consejito, revisar bien la bici, la de Nuria estaba rota y tuvo que empujarla todo el camino de vuelta…

en Don Khong descubrí por qué les llaman Búfalos de Agua

Después de unos días de relax, deshicimos camino y nos encaminamos de nuevo a Paksé. La ciudad no tiene nada, pero la intención era recorrer el área de Champasak en moto. Pero nos desanimamos al ver la previsión de lluvia, lluvia y más lluvia para los próximos días. Y qué pasa cuando te desanimas? Que la vida te da una colleja y te dice “¡Espabila, Antonia!“.
Resulta que en todo el país se estaba celebrando el Awk Phansaa, para celebrar el fin de la estación de las Lluvias. Y en Paksé, que apenas tiene turistas, esta fiesta toma un aire cercano y tradicional. Toda la ciudad se engalana, el río se llena de barcos con velas encendidas y ¡hasta el cielo se ilumina! No sabemos ni como, acabamos acompañando a 2 monjes jovencitos durante horas, o más bien ellos nos acompañaban a nosotras, que nos hicieron mandar farolillos cargados de deseos al cielo. Fue emocionante y fue precioso.


Al día siguiente, aún con la emoción latente y con energía renovada, nos subimos a un autobús en dirección a Tha Khaek. Es otra de esas ciudades con poco que dar, pero ubicada en un fantástico enclave, que la convierte en perfecta opción como campo base. Desde allí alquilamos una moto y nos marcamos unos nada desdeñables 380 kms en 2 días. Fuimos a visitar la Kong Lo Cave, una cueva famosa por su tamaño (nada más y nada menos que 7’5kms de tunel). La cuenva en sí, correcta. Pero el camino… ¡el camino de lagrimita! ¡De lo más bonito que he visto en los últimos meses! Y el pueblo de Kong Lo, en el que pasamos la noche, totalmente de postal. Niños persiguiéndonos en sus bicis, un único restaurante que abría para que nosotras pudiéramos desayunar, búfalos cruzando la calle y casitas elevadas de bambú. Aix!

Vistas de camino a Kong Lo

La Nuri paseando por el pueblo

Y de vuelta a Tha Khaek, otra sorpresita. Resulta que tras el festival del que os he hablando antes, viene el Bun Nam (Water Festival) en el que tienen lugar carreras de barcos por todo el Mekong. Cuál es nuestra sorpresa cuando, a unos 60 kms de destino, en un pueblo que no sale en los mapas, nos encontramos los festejos. ¿Vamos un rato, no? Y para sorpresa la de los lugareños cuando vieron llegar a 2 blancas (doy fe de que eramos las únicas, probablemente las únicas en los últimos 10 años) así que se hincharon de ofrecernos cerveza, de hacernos fotos, de hablarnos, de comentarnos, de… vamos, que al cabo de una horita nos sentíamos tan observadas que huímos. Pero muy bien, muy interesante. ¡Gracias, Laos, por tus sorpresitas!

Desde allí nos volvimos para Luang Prabang (campo base oficial) pasando de largo (de nuevo) de Vientián y de Van Vieng. Por la primera, nada que objetar. Por la segunda me quedé un poco con la espinita, porque aunque el tubing no es lo mío, los alrededores (esta vez hicimos el trayecto de día) son es-pec-ta-cu-la-res. Bien hubieran merecido otro road trip en moto para explorarlos. Tendrá que ser a la próxima…

Diarios Vietnamitas, Vol.2

4 Oct

El Delta del Mekong es uno de esos sitios que justifica por sí mismo la visita a Vietnam.

Empiezo por los contras: Hay que hacerlo en una excursión organizada (o gastarse muchísimo dinero, lo cual no es una opción dado nuestro budget). Y en Vietnam, tienen tours para todos pero una vocación de servicio nula. Así que te sientes un poco “ganado”, pero es el precio que hay que pagar por disfrutar de estas experiencias irrepetibles. ¡Ok, haremos el esfuerzo! 🙂

El tour por el delta del Mekong incluye navegar por el río Mekong haciendo “paraditas técnicas”, o como decimos nosotros, “ir a casa del primo” ya que siempre te pasan por la tienda al final. Pero aún así, ver como hacen el caramelo de coco, el papel de arroz o ir a los centros de discapacitados (por consecuencias de la guerra) que hacen piezas de artesanía es bastante interesante.

También te pasean en un Bambu Boat, una especie de canoa por la que te hacen una ruta por los canales del río. Te plantan el gorro tradicional en la cabeza, agarran los remos, y ¡venga!  ¿Sabes “El tren de la Bruixa”? Pues igualito pero con mosquitos 🙂

También te llevan a ver cocodrilos, y te enseñan los cantos tradicionales. Si queréis ver el vídeo, que sea bajo vuestra propia responsabilidad. Luego no me vengáis pidiendo explicaciones. Lo mejor de todo, encontramos a un posible malo-malote de cualquier película de Tarantino. No me digáis que no os lo imagináis sacando un revólver del banjo y liándose a balazos?? (aunque con los alaridos de sus compañeros, casi se lo agradeceríamos y todo…)

Señor Tarantinesco

La excursión incluye (todas son prácticamente iguales) una noche en Can Thó, un pueblo a orillas del río Mekong. Como la cena era por libre y estábamos un poco cansados del “para aquí, foto foto foto, sube al barco y vuelta a empezar” nos aventuramos a explorar el pueblo y acabamos cenando en un sitio muy local donde probablemente no había comido un blanco en la vida. Pedimos la cena por señas, apuntando con el dedo lo que queríamos, y aún así nos trajeron lo que quisieron ellos. Y en la mesa de al lado, teníamos a un grupo de 6 maromos revolucionados. Uno de ellos me tiraba cacahuetes  (creo que intentaba hacer colarlos en mi canalillo), nos invitaban a chupitos de “vietnamese whisky” que nunca supimos lo que es, y nos compraban bollos dulces en las vendedoras ambulantes. Momentazo.

 

Al día siguiente por la mañana, despertarse prontito para disfrutar del momento estrella de la excursión. El mercado flotante. Y ahí les perdono que me hayan llevado a golpe de silbato. Viendo cuadros así, lo demás no importa. Me siento afortunada de poder convertirme en “espía” de la vida de esta gente, poder observar como viven, como lavan sus platos o compran su fruta. Y como siempre, no se me ocurren las palabras para explicároslo. Suerte que mi cámara es mucho más elocuente que yo.

Os dejo con un cuento: A la mayoría de los barcos les pintan ojos en la proa. ¿El motivo? Antiguamente, estaba muy extendida la creencia de que el Mekong estaba habitado por monstruos (una serpientes de 9 cabezas y otros bichitos adorables), y que los barcos tuvieran ojos ayudaba a la tripulación a navegar, y a divisar los peligros que acechaban en las aguas. Y también pensaban que, si la serpiente veía esos grandes ojos mirándola desde arriba, creería que, en lugar de tratarse de un barco, era un monstruo mayor que ella.Y con ello, los tripulantes del barco estarían a salvo.

Me encanta.

 

 

Últimos dias en Bali

17 Sep

Bueno bueno, que se me acumula la faena! Hace más de una semana que salí de Indonesia y aún no os he hablado de mis últimos días allí.

La última semana en este país tan ¿contradictorio? la pasé en su mayor parte en Ubud. Puedo decir desde ya que es mi zona favorita de Bali. Es una zona muy turística, correcto, pero turística bien llevada. Allí me dediqué un poco a la vida contemplativa. Paseíto por aquí, zumito de aguacate por allá. Que si me voy de copas, que si me hago la pedicura… Lo normal, vamos!

Entre las cosas productivas, visité el Don Antonio Blanco Museum, que era una especie de genio loco con aires de Dalí y que pintaba cuadros que bien merecerían los dos rombos en su mayoría (cochinote!!). Su obra, psé. El edificio, rebonico.

Desde el tejado del Blanco Museum

Con mi compañera temporal de viaje, Angelika, hicimos un intento de road trip. Queríamos descubrir algún otro rincón mágico de la isla como Sidemen, pero la cosa se nos quedó en nada. Un par de vistas de postal a terrazas de arroz, probar el Kopi Luwak (el café más caro del mundo, de CURIOSA fabricación) y lo más interesante, otro encontronazo con la policía. No me preguntéis como, pero de nuevo nos libramos. Esta vez sin pagar ni un puto duro (ni dólar de singapur tampoco), y despidiéndonos del policia con un “Adiós Amigo!” y chocándole la mano. Una le acaba pillando el truquito a esto de la corrupción.

Kopi Luwak + otras delicatessen

Y otra de las actividades, digamos, “diferentes” para la colección de “batallitas que contar a los nietos”, fue que sin saber muy bien como acabé haciendo de modelo para una clase de Arte. Así que la resaca (es broma mami, que yo no bebo) del sábado la pasé haciendo posturitas delante de 20 aspirantes a artista y un Maestro. ¿A cambio? Una anécdota, 3 cuadros y 150,000rps. Como este es un blog para todos los públicos, os dejo uno de los sketches que me hicieron cuando aún llevaba el sarong. El momento “maja desnuda” lo guardo para cuando sea famosa y pueda subastarlo.

Pranoto Gallery

En Ubud me despedí de Yasmín, quien me abrió las puertas de su casa por segunda vez, y de Angelika, inmejorable compañera de aventuras por 2 semanas. Y puse rumbo a la playa para pasar mis últimos días en el país haciendo la lagartija.

En Nusa Lewongan encontré lo que creí perdido en Gili T. Una isla tranquila, con hoteles pero mucha vida rural y tradicional. Gente tranquila que te pregunta de dónde eres pero no te acosa. Niños que venden caracolas pero no te persiguen diciendo “money money money“. Sonrisas gratis. Allí la gente vive de las algas, y el turismo es casi algo anecdótico para ellos.

Y tras un par de días allí, relajándome y acostumbrándome a ese olor tan raro que tienen las seaweed, me volví a Bali. Poco más de 24h para ultimar mi visa vietnamita, ser fugitiva de la poli un par de veces, comer marisco a precio de risa, y tomar un poco más de playa (que no de sol) en Jimbarán en buena compañía.

Me voy de Indonesia con una sensación rara, sin saber si me ha gustado o no. Tal vez hablar de “Indonesia” sea muy osado, ya que el país es enorme y yo solo he visto de él una parte diminuta. Y tengo que asumir mi parte de culpa, tal vez he hecho malas elecciones estando aquí. ¿Se merece otra oportunidad? Mierda, otro país al que tendré que volver para despejar mis dudas. Así no acabaré nunca… 🙂

Indonesian Facts: Cosas que se pueden hacer sobre una moto

8 Sep

A saber:

– Ir al templo, sin casco para que no se te arrugue el cachirulo.

– Ir de tres en tres

– Ir de cuatro en cuatro

– Ir de ladito para que no se te arrugue la falda

– Llevar a tu madre al mercado a vender pescado

– Ir al cole, y llevar a tu hermana

– Llevar a tus hijas a clase

– Llevar huevos. Muchos.

– Llevar la cosecha del día

– Llevar mascarilla para no morir por ingestión de CO2

– Tener 10 años

Todo esto así, de una sentada. Y podría añadir: “ir de cinco en cinco” o “transportar una cama” o “mandar sms”. Pero como no tengo pruebas, mejor me callo.

Selamat Datang di Indonesia!

19 Ago

El día 8 me planté en el aeropuerto de Denpasar, Bali (Indonesia) y nada más aterrizar ya empecé a hacerme una idea de lo que es este país. Mil colas, gente por todas partes, locales hablándote constantemente,… aún no he salido del aeropuerto y ya me han intentado timar 2 veces. ¡Mamma mia! Suerte que venía avisada…

Una vez recopiladolo importante (a saber: visado de 30 días, 1 millón de rupias equivalente a unos 80 euros, y mi maleta) me dirijo al mostrador de los taxis. Porque esa es otra, taxis los hay de todos tipos y colores, pero si no quieres tener que pelearte por el precio al final, o que te cobren el doble que a los locales, vete al mostrador del aeropuerto, con taxis de prepago y precio cerrado.

Durante el camino empiezo a ver cambiar el paisaje, volviéndose cada vez más verde -aunque no menos caótico- según me alejo de la ciudad. De todo, lo que más me llama la atención son las cometas. Todo el cielo está salpicado de ellas. De todos los colores, formas y tamaños. Mi taxista me cuenta que es un hobby nacional: te vas al campo, vuelas tu cometa, la atas a un árbol, y luego te vas a casa para ver lo bonita que es. Un planazo total.

Cometas en el cielo balinés

A las 18h me planto en Ubud. Por favor, redoble de tambores: ¡¡Me reencuentro con Laura!! Después de mi aventura en solitario por Australia, vamos a pasar una semana juntas antes de que ella se vuelva para España. 🙂

Ubud es muy, muy bonito. Y muy, muy turístico, pero no me importa demasiado, porque lo maravilloso del entorno hace que le perdones todo lo demás. Sólo paso 48 horas allí, pero me hace sospechar que tendré que volver para explorarlo un poco más a fondo.

En Ubud visito en Monkey Forest Sanctuary, donde unos monos diabólicos trepan sobre los turistas y amenazan con robarte hasta el carné de identidad. No os fiéis de su mirada de corderito degollado, es todo pura estratégia para pillarte desprevenido.

Evil Monkey (Mono malote)

También vamos Samuan Tiga, un templo alejado del circuito turístico, por lo que es mucho más tranquilo que los demás (básicamente estamos solos en él). ¡Qué bonitos son los templos por aquí! Son sencillos pero majestuosos, y si miras atentamente descubres pequeños detalles que los vuelven mágicos.

Samuan Tiga

Ofrendas

Pots

Una de las muchas jaulas de pájaro

Por la tarde damos un paseo por los arrozales. Bueno, yo paseo. Laura los ve un poco más de cerca… jajajaja Y el casco de Björn, el alemán que nos acompaña, acaba dandose un bañito en el arroyo. ¡Eso le pasa por reírse de mi amiga! 🙂

Rice Paddies

De camino a casa, a Laura y a mi (que voy de paquete) nos para la policía. Vale que no llevamos casco y ni Laura tiene carné internacional, pero antes de entonar el mea culpa, dejadme aclarar un par de cosas:

– He visto niños de 10 años conduciendo. Permítanme dudar que tengan carnet.

– El récord de personas sobre una moto, de momento, asciende a un total de 5.

– ¿Casco? Ni el Tato lo lleva.

El hecho de que nos paren a nosotras se puede resumir de una forma muy sencilla: La policía es corrupta. Y no lo digo yo, incluso los locales lo confirman. Así que la práctica más habitual es parar a turistas aleatoriamente y encontrar cualquier justificación para ponerles una multa. Pero en lugar de procesar dicha multa, te ofrecen la posibilidad de “pagarla al momento”. Vamos, que sueltes pasta, que el hombre se quiere comprar un apartamento en la playa.

Método de actuación:

1) Pretender que no hablas ni una sola palabra de inglés. Y por supuesto, tampoco de bahasa.

2) Sonreír, somos súper majas y súper inocentes, y no nos enteramos de nada. Pobrecitas niñas blancas.

3) Y la más importante: llevar el dinero separado en bolsillos para que el policía no sepa cuánto tienes. Lo que vea te lo va a pedir.

Al final, con estos truquis, la “multa” se quedó en 2$ de Singapur, que son el equivalente a 1’20€. Estos balineses son unos cutres, ¡pero gracias por la anécdota, señor policía!

Con todo esto se nos pasa el día, pero todavía me quedan ganas de más. Por la noche me voy al Palace a ver un espectáculo de Danzas Balinesas. Cinco chinitas, un chinito y un dragón que intentan contar una historia que no entiendo, pero que creo que acaba bien. Y es muy bonito, qué queréis que os diga. Aunque lo de que las chinitas no pestañeen y muevan los dedos en plan niña del exorcista me provoca sentimientos encontrados…

Danzas balinesas. Por favor, atención al detalle de los deditos.

Al día siguiente nos dedicamos a la vida contemplativa hasta las 14h. A esa hora empieza un viaje de 30 horas que nos llevará hasta la isla de Java, aunque eso mejor os lo cuento en otro post.

Selamat tinggal!

Clasicos del paisaje neozelandés

10 Abr

Tras casi 4 meses en NZ puedo afirmar, sin miedo a equivocarme, que este país es precioso. Seguramente los que me seguís podréis decir lo mismo, porque las fotos no dejan lugar a equívocos.

Aunque, también sin ninguna duda, me atrevo a decir que… se les ve un poquito el plumero! Porque aunque la máxima de que “cuando algo funciona, para qué cambiarlo” sea una de mis favoritas, tampoco hay que pasarse. Y parece que con el tema paisajil estos kiwis son un poco repetitivos.

Y es que este país tiene los paisajes más alucinantes que jamás he visto. Pero los tiene por duplicado, por triplicado, por quintuplicado…! Y llega un momento que una se satura de tanto verde y tanta hoja, de tanto azul y de tanta exhuberancia. Estoy saturada de belleza. Quiero ver cosas feas. Quiero ver un polígono indrustrial.

Como muestra de lo que digo, os dejo mi top 7 (que ni es un top 3, ni es un top 5, ni es un top 10) de paisajes recurrentes de kiwilandia. Esos que sabes que te vas a reencontrar en 50 kms. Esos a los que no les haces foto porque tienes 20 iguales. Esos que te hacen renegar de tanta belleza. Esos que te siguen dejando con la boca abierta día tras día.

7. Casitas aisladas en el medio de la nada

6. Palitos señalando a todas partes

5. Carreteras To`Tieso con prado a los lados

4. Cascadita a la que se llega tras una caminata de cuento

3. Acantilado con Faro en el fin del mundo

2. Laguito con las montañas reflejadas

1. El clásico entre los clásicos: Montañitas con niebla.

¿No os dan unas ganas tremendas de ir a ver fábricas?

NZ, Cosas que me tienen fascinada (V): Puentes Multiuso

6 Abr

Porque tu vas conduciendo por una carretera, por tu carril, tan normal. Y de pronto llegas a un puente, y te dicen “Give Way!!”. Y tu…¿Perdona? Pero si yo voy por mi carril!… INCORRECTO. Tu carril ya no es tu carril. Tu carril es tuyo y del sentido contrario. Porque para qué vas a hacer puentes de 2 carriles cuando puedes dar por saco…

Que me diréis que soy una exagerada porque eso es una carretera secundaria y total no pasa ni el Tato. Pues bueno, lo mismo te lo hacen en la State Higway y ni pestañean. Y no sólo te hacen compartir con el otro sentido del tráfico, sino con el mismísimo TREN. En la State Higway. Y se quedan tan anchos, oiga.

NZ, Cosas que me tienen fascinada (IV): El festival de los buzones

3 Abr

Casi que mejor no os explico nada y os lo enseño directamente…

Y aquí mi favorito:

¡Ser cartero en este país tiene que ser la leche!

NZ, Cosas que me tienen fascinada (III): Vivir en un autobús

30 Mar

Lo que se lleva entre los campers y los jubilados. ¡Qué caravana ni qué niño muerto! Compras un autobús, lo tuneas, y tienes una casa móvil más grande que la media de pisos en barcelona o madrid. Siento no tener fotos del interior, pero estas chozas tienen horno, nevera, salón, sofás, tele… un chollazo! Las hay hasta con “tejado” y chimenea. Si queréis uno avisadme, he visto un par a la venta…

Este tiene remolque, ¡y atención al detalle de la parabólica!