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Últimos dias en Bali

17 Sep

Bueno bueno, que se me acumula la faena! Hace más de una semana que salí de Indonesia y aún no os he hablado de mis últimos días allí.

La última semana en este país tan ¿contradictorio? la pasé en su mayor parte en Ubud. Puedo decir desde ya que es mi zona favorita de Bali. Es una zona muy turística, correcto, pero turística bien llevada. Allí me dediqué un poco a la vida contemplativa. Paseíto por aquí, zumito de aguacate por allá. Que si me voy de copas, que si me hago la pedicura… Lo normal, vamos!

Entre las cosas productivas, visité el Don Antonio Blanco Museum, que era una especie de genio loco con aires de Dalí y que pintaba cuadros que bien merecerían los dos rombos en su mayoría (cochinote!!). Su obra, psé. El edificio, rebonico.

Desde el tejado del Blanco Museum

Con mi compañera temporal de viaje, Angelika, hicimos un intento de road trip. Queríamos descubrir algún otro rincón mágico de la isla como Sidemen, pero la cosa se nos quedó en nada. Un par de vistas de postal a terrazas de arroz, probar el Kopi Luwak (el café más caro del mundo, de CURIOSA fabricación) y lo más interesante, otro encontronazo con la policía. No me preguntéis como, pero de nuevo nos libramos. Esta vez sin pagar ni un puto duro (ni dólar de singapur tampoco), y despidiéndonos del policia con un “Adiós Amigo!” y chocándole la mano. Una le acaba pillando el truquito a esto de la corrupción.

Kopi Luwak + otras delicatessen

Y otra de las actividades, digamos, “diferentes” para la colección de “batallitas que contar a los nietos”, fue que sin saber muy bien como acabé haciendo de modelo para una clase de Arte. Así que la resaca (es broma mami, que yo no bebo) del sábado la pasé haciendo posturitas delante de 20 aspirantes a artista y un Maestro. ¿A cambio? Una anécdota, 3 cuadros y 150,000rps. Como este es un blog para todos los públicos, os dejo uno de los sketches que me hicieron cuando aún llevaba el sarong. El momento “maja desnuda” lo guardo para cuando sea famosa y pueda subastarlo.

Pranoto Gallery

En Ubud me despedí de Yasmín, quien me abrió las puertas de su casa por segunda vez, y de Angelika, inmejorable compañera de aventuras por 2 semanas. Y puse rumbo a la playa para pasar mis últimos días en el país haciendo la lagartija.

En Nusa Lewongan encontré lo que creí perdido en Gili T. Una isla tranquila, con hoteles pero mucha vida rural y tradicional. Gente tranquila que te pregunta de dónde eres pero no te acosa. Niños que venden caracolas pero no te persiguen diciendo “money money money“. Sonrisas gratis. Allí la gente vive de las algas, y el turismo es casi algo anecdótico para ellos.

Y tras un par de días allí, relajándome y acostumbrándome a ese olor tan raro que tienen las seaweed, me volví a Bali. Poco más de 24h para ultimar mi visa vietnamita, ser fugitiva de la poli un par de veces, comer marisco a precio de risa, y tomar un poco más de playa (que no de sol) en Jimbarán en buena compañía.

Me voy de Indonesia con una sensación rara, sin saber si me ha gustado o no. Tal vez hablar de “Indonesia” sea muy osado, ya que el país es enorme y yo solo he visto de él una parte diminuta. Y tengo que asumir mi parte de culpa, tal vez he hecho malas elecciones estando aquí. ¿Se merece otra oportunidad? Mierda, otro país al que tendré que volver para despejar mis dudas. Así no acabaré nunca… 🙂

On the Road again: La East Coast

28 Jul

Las 3 últimas semanas he estado ocupadísima perpetrando el enésimo Road Trip de mi viaje. Está a puntito de acabarse, pero llevo ya 5000 kms recorridos por la costa Este del país.

El recorrido empezó en Cairns. Para marcharme de allí, como no quería hacerlo en avión y no estoy muy a favor de los autobuses de backpackers, puse un anuncio en CS buscando a alguien con coche que necesitara un travel buddy para bajar hasta Sydney. A las pocas horas contacté con Ange, una americana de ascendencia latina que tiene un coche y quiere a alguien para compartir gastos de gasolina. Así que sin pensarlo mucho, el mismo día de la llamada, meto todos mis trastos (que no son muchos) en la mochila y me encuentro con mi nueva compañera de aventuras.

Con Ange me paso una semana de lo más loca. Visitamos Mission Bay, Airlie Beach, Charters Towers, Hughenden, Rockhampton, Howart y llegamos hasta Brisbane. En esa semana nos adentramos en el Outback australiano, dormimos en el coche, vemos playas maravillosas, descubrimos rincones mágicos de la geografía australiana, nos quedamos “atascadas” en la carretera, compartimos una fiesta con aborígenes, conocemos a un carnicero con doble vida, vemos koalas, y vacas, y lagartos, y cassowarys, y canguros, y wallabies, y wombatts. Y nos lo pasamos en grande, así resumiendo.

Con Fabi (CS) y Ange, haciendo el mico en Charters Towers

A la entrada de New South Wales, y tras una espeluznante noche en el Bogan Palace, me despido de Ange. Por temas de papeles tiene que salir del país, pero yo me quedo con el coche para bajarlo hasta Sydney, donde vive su hermano.

En Brisbane (o como la llaman aquí, Brissie) disfruto de la compañía de Garth, uno de los CSers más majos que me he encontrado hasta el momento. Y de Aida, catalana amiga de amigos a la que he tenido la suerte de conocer en Australia. Vemos más koalas y más canguros y  más de todo. Y disfruto de los museos y de los bares y de la vida de la ciudad. No es una ciudad para visitar (te la acabas en 2 días) pero no cuesta nada imaginarse a una misma viviendo aquí. Me la apunto en la lista de posibles opciones, por si algún día me aburro. 🙂

Tras 4 días allí me traslado hasta Byron Bay, uno de los puntos clave del país. Ciudad de hippies y de surferos. Y de hippies-surferos, que es híbrido bastante interesante. Claro, yo no soy ni una cosa ni la otra, pero no pasa nada porque de nuevo me encuentro con una gente maravillosa (gracias Keith & Ollie) con la que disfruto como una enana de las maravillas de este pueblo. Y de sus puestas de sol, y del estilazo de los skateboarders, y de botellas de vino frente al fuego (porque hace rasca, no os creáis). También hago alguna excursión por la zona. Visito Nimbin (ciudad de yonkarras, de verdad) y las Minyon Falls (hiking de 4h, en el que hay que cruzar arroyos y escalar rocas y todo! Estoy hecha una chirukera!!). El clímax de Byron llega un jueves, cuando descubro que he sido ilegal en Australia durante 24h y tengo que echar a correr hacia Brisbane otra vez para ver a los de inmigración… Divertidísimo vamos, sobretodo los 260$ que me toca pagar, pero ya está solucionado. Ains.

Modernos y Skateboarders

Como ya viene siendo tradición me doy cuenta de que es el momento erróneo del año para visitar esta parte del país. La East Coast hay que vivirla en verano. Así que hago un pacto conmigo misma, y a Dios pongo por testigo que voy a volver a Byron, me voy a hacer unas mechas (para camuflarme con los locales) y me voy a poner a cabalgar las olas con una tabla que me combine con el bikini. He dicho.

Tras Byron paso unos días en Port Macquarie, pueblo muy muy tranquilito del que lo único destacable es la maravillosa familia que me acoge, y llego hasta Newcastle. Aquí estoy ahora, en casa de Caedyn (CSer con superpoderes) a un par de horitas en coche de Sydney. Así que parece que los días al volante están llegando a su fin. Y los días en este país también, porque frente a la Opera House me va a tocar despedirme de Australia.

Se van cerrando etapas, aunque cada día me planteo si realmente se está acercando o no el final del viaje. Ay, mejor no lo pienso mucho que se me desalinean los chakras y los traigo muy en su sitio después de los días en Byron. Así que en lugar de ponerme pensativa, mejor os dejo con un consejo: Venid a Australia (a poder ser en verano) y recorredla sobre ruedas. Ni un centímetro de sus carreteras tiene desperdicio.

atardecer de colores

la cerveza de los hombretones

Tipo Duro

la genista australiana

Gasolinera

De camino a Charters towers

Aussie road

Cairns, o cambiar arena del desierto por arena de la playa

7 Jul

Cairns es una población turística en la costa nord-oeste de Australia. En ella pasé la última semana, disfrutando de la gente aunque no tanto del entorno. Culpa de la lluvia, que bonito lo es un rato largo.

Está en los Wet Tropics, así que en los alrededores de la ciudad predominan palmeras altas y bosques-jungla (con lianas y todo) al más puro estilo Tarzán. Cascadas, lagos y saltos de agua. Viniendo del desierto, imaginaros el shock.

Cairns tiene playa, pero en la ciudad no se puede bañar uno. Primero, por la marea. Segundo, por las medusas. Tercero, por los cocodrilos. Si, amigos, así es Australia: Localidades playeras que tienen que construir una piscina pública artificial (la lagoon pool) para que sus conciudadanos puedan darse un chapuzón. A mi no es que me importara mucho, porque tuve mala suerte con el tiempo y llovió casi cada día, pero no deja de parecerme curioso.

Una de las principales atracciones de Cairns es su situación estratégica para visitar la Great Barrier Reef, o Gran Barrera de Coral. Considerada Patrimonio de la Humanidad, esta barrera de arrecifes es la mayor del mundo con sus 2600 kms de longitud (dicen que hasta puede divisarse desde el espacio!). Para verla se organizan muchos tours de buceo, submarinismo, cruceros,… desde varias horas a varios días (y varios precios, ninguno barato). Mi particular incursión fue una visita de un día a la preciosa Green Island. Este pequeño cayo de coral, a unos 50 minutos en ferry, es uno de los mejores destinos para hacer snorkel. Los afortunados pueden hasta ver tortugas o tiburones. Yo me tuve que “conformar” con corales multicolor y los increíbles parrot fish que ya descubrí en las Cook. La verdad es que el clima me la tuvo jurada y la visibilidad en el agua era terrible. Aún así disfruté como una enana persiguiendo peces de colores alrededor de la isla 🙂

Playa en Green Island

También visité, con Emily (a quien conocí en el viaje a Alice Springs y que voló en mi mismo avión hacia cairns) el Cape Tribulation & Daintree National Park. Alquilamos un coche y nos recorrimos la zona, vimos unas playas y paisajes preciosos, y a puntito estuve de atropellar a un Cassowary (que es como un Emú/Avestrúz con los colores de un pavo). Disaster: Me dejé la cámara. Así que si lo queréis ver podéis darle a Google imágenes. jajaja

Y aquí la anécdota de la semana:

Cenando con mi Couchsurfer y su familia, de pronto nos dimos cuenta de que una serpiente se había colado en el patio. Según dicen, si la bicha es verde, you’ll be fine. Si es marrón o negra, mejor no te acerques mucho. Y si tiene mala leche (como era el caso de la jodía esta, que nos hacía ruiditos amenazadores enseñando colmillo) mejor llama a un snake catcher, que por 90$ te soluciona la papeleta.

Moraleja: dejemos a los profesionales hacer su trabajo.

¡Estoy en Australia! ¿No os lo había dicho?

7 May

Lo siento, no me echéis la bronca… ya, ya lo sé… he estado un poco vaga últimamente con esto del blog. Pero es que esto de cambiar de país es muy estresante!!

Bueno, y ahora que habéis aceptado mis disculpas, a lo que íbamos:

El día 20 de abril nos despedimos de nuestra querida NZ y nos plantamos en Melbourne, Australia. Os la presento:

Melbourne - Lectores ; Lectores - Melbourne

¿Maja, eh?

Llegamos justo antes de las vacaciones de Semana Santa (Easter según ellos) y empezamos la cruzada haciendo Housesitting en Ashburton. Aunque está un poco lejos del centro, me sirvió para empezar a tomar contacto con calma, recorriéndomela en bici durante 3 días, y empezando a entender por qué la gente nos ha hablado tan bien de esta ciudad:

Melbourne es de colores. Es efervescente. Nunca te cansas de mirarla.

También, todo hay que decirlo, empecé a atisbar (y es que no es oro todo lo que reluce) por qué tal vez esta ciudad no sea para mi:

Melbourne es un poco repelente. Mucha modernez, mucha media rota, mucho empeño en parecer.

Lo que pasa es que yo soy fácil de convencer, y Melbourne es muy persuasiva. Un poquito de lo bueno y un poquito de lo malo, si lo mezclas bien, queda resultón. Y si además puedes disfrutarlo con las personas correctas (couchsurfing, de nuevo: Gracias!) , pues nada… aquí me tenéis, ¡enamorada de Melbourne!

Lástima que sea tan caro y tan difícil encontrar trabajo, porque si no me veo anclada aquí hasta que me expire el visado…

Marlborough y de vuelta a Christchurch

27 Mar

Nuestra última semana en la isla del sur empezó en la zona de Marlborough.

Esta es conocida por sus vinos (que desgraciadamente no probamos) y sus sounds (que no llegan ni a la suela de los zapatos a Milford y nuestro adorado Doubtful).

Marlborough Sounds

No sé si os lo he comentado antes, pero estamos un poco hartas de “cosas bonitas“. Llevo tanto tiempo rodeada de paisajes exhuberantes que casi me apetece ver un polígono industrial, con sus grises chimeneas humeantes, apestosas y (sobretodo) feas. Pero bueno, mientras eso llega, me tocará seguir sufriendo las excelencias del paisaje neozelandés. Qué agonia!

Desde allí fuimos bajando por la costa este, haciendo parada en Kaikoura. Allí vimos (por enésima vez) una colonia de focas (¿cómo puede haber tantísimas?) y nos dimos un capricho de campeonas. Os dejo la prueba del delito:

Restos del Crayfish

Y entonces regresamos a dónde todo empezó. Al origen de nuestra aventura por la South Island, la ciudad en la que tantas expectativas habíamos puesto y que decidió desaparecer 5 minutos antes de nuestra llegada. Ese Christchurch que nunca veremos y que nos moríamos de ganas de conocer, que nos tuvo durmiendo en el suelo y que nos hizo huir tras 48h en el aeropuerto.

Durante 4 días hemos intentado reconciliarnos con ella, pero ha sido complicado. La ciudad, como tal, no existe. El centro está cerrado, gran parte de la población sigue, tras un mes, sin agua ni electricidad, la playa está contaminada y las casas más que castigadas. Cada persona tiene una historia para ponerte los pelos de punta. Y luego están las réplicas, cada día y cada noche, para nunca puedas olvidarte del todo de lo que pasó.

Suerte que existe couchsurfing, que nos ha dado lo mejorcito de Christchurch. Hemos conocido a Matt y a sus compañeros, y a sus amigos, y a sus preciosos perros. Y sus locas ideas y su casa alucinante. Entre todos nos han hecho sentir como en casa en una ciudad que nos echó “a patadas” nada más llegar. Thank you Matt, for making us feel home, and feel safe and happy all the time.

De nuevo la energía de la gente está por encima de todo lo demás. Y esta vez realmente lo necesitábamos.

Bien está lo que bien acaba. Y con esto acabamos nuestra ruta por la Isla del Sur. Wellington nos espera.

Southern Scenic Route (I): De Southland a Fiordland

10 Mar

El lunes empezamos a recorrer la Southern Scenic Route (SH92). El primer tramo, de Dunedin hasta Invercargill, no es muy largo (unos 220 kms) pero nos llevó casi todo el día. ¿El motivo? Pues el de siempre por estos lares… QUE ES PRECIOSO!!!!

Nugget Point

La ruta atraviesa The Catlins, pasando por sitios tan bonitos como el de la foto (a estas alturas ya os habréis dado cuenta de que a los kiwis les van mucho los lighthouse), bosques con cortos walks que te llevan a cascadas de ensueño, playas gigantes, acantilados espectaculares. ¿Lo que mas nos gustó? Sin duda, Curio Bay. Allí viven algunos Yellow-Eyed Penguins, y los pudimos ver “del todo”, fuera de sus nidos, paseándose por la playa con su torpeza característica. El truco está en llegar sobre las 8 p.m, que es cuando vuelven “del curro”. ¿A que son monos?

¡Hola señor pingüino!

En Invergargill (que no tiene nada de especial) nos quedamos en casa de Dory, otro couchsurfer. El tío es pura energía y la hospitalidad con patas. Es alucinante la gente de esta isla, en serio, cada día que pasa nos sorprendemos más.

Bluff

Al día siguiente Laura y yo cumplíamos 4 meses de viaje. ¡4 meses ya! La de cosas que hemos hecho en este tiempo, miro hacia atrás y flipo… Para celebrarlo, nos fuimos con Dory hasta Bluff. Muy fuerte que sólo esté a 4810 kms del Polo Sur… probablemente nunca voy a estar más cerca.

Allí hicimos un walk de unas 3h, subiendo hasta un mirador. Y luego, como toda celebración que se precie, nos fuimos a por la comida. ¿Y qué es lo típico de Bluff? LAS OSTRAS. La temporada empieza en abril, pero ya han llegado las primeras… A mi siempre me habían dado jernita, por eso de que el bicho esté vivo y tal… pero es que aquí se las comen rebozadas, así que no hay excusa que valga. ¡Y bien buenas que están! A ver si aprendemos en Europa, ¡menos delicatessen y más rebozao!

Por la mañana nos despedimos de Dory y de las ostras y seguimos con nuestro camino. De nuevo, carreteras desiertas sin apenas pueblos, sólo algunas granjas. Kilómetros y kilómetros sin cruzarte con nadie, ni falta que hace, porque esto es espectacular. Nuestro destino (como próximo campamento base para los próximos 2 o 3 días) era Te Anau.

A las puertas de Fiordland descubrimos las Glowworm Caves, unas cavernas subterráneas llenas de luciérnagas (¡Gusiluz!) que parecen un cielo estrellado. No teníamos previsto hacer la excursión, pero como el dólar neozelandés ha bajado mucho, nos dimos el caprichito (65 NZ$). La visita a la cueva es alucinante, pero el barco que atraviesa el lago Te Anau para llegar hasta ellas hace que la excursión de por sí ya valga la pena.

En barco hacia las Glowworm Caves

¿Precioso, verdad?

Se llama Fea

6 Mar

Os presento a nuestra nueva compañera de viaje.

La Fea

Ella es nuestra amiga, nuestro transporte y nuestra casa desde hace una semana. Y nos acompañará durante todo el Road Trip por la isla del Sur. La llamamos La Fea por razones obvias, pero no os dejéis engañar por las apariencias. Se porta muy, muy bien y no se queja nunca. Aunque  a veces bebe demasiado.

Con ella hemos recorrido la carretera número 8, que va de Queenstown a la costa este. Es una carretera preciosa de verdad, que atraviesa ríos, puertos de montaña y pasa junto a unos lagos espectaculares. Unas vistas que quitan el hipo!

Lake Tekapo

La Fea también nos ha llevado hasta el Mt Cook, que  es la montaña más alta de NZ, y hasta sale en los billetes de 5 NZ$! No os voy a engañar, no subimos hasta arriba. Pero es que eso es para profesionales hombre! Nosotras nos “conformamos” con un precioso walking track de 2 horitas desde el pueblo hasta el “kea point“, un mirador a los pies de la montaña desde el que admirar su grandeza y la de los glaciares de los Alpes Neozelandeses. También sufrimos sus vientos gélidos, así que tenía que hacer algo para entrar en calor:

Saltando con el Mt Cook!

Nuestra nueva amiga también nos acompañó hasta la costa. En Twitzel se nos llevaba el viento, y la carretera daba un poco de miedito. Este país es muy inseguro. Construyen sobre volcanes activos, sobre fallas que causan terremotos, y los vientos huracanados son el pan nuestro de cada día. Pero no me quiero ir por las ramas… Desde el ventoso Twitzel bajamos hasta Oamaru. Un pueblo como cualquier otro, pero con un pequeño casco antiguo como de otra época. Edificios coloniales de reminiscencias victorianas, y tiendas con aires circenses o vintage. Una maravilla encontrar algo así en un país donde todo es tan nuevo.

Second Hand Bookshop, Oamaru

En Oamaru queríamos ver pingüinos. Es lo que tiene estar tan cerca del polo sur. Tienen una colonia de Blue Penguins que vuelven a su playa cada noche después de “trabajar”. Para verlos hay que pagar 25NZ$, pero no parece muy justo pagar por ver animales salvajes en su hábitat natural, así que decidimos ir a ver los Yellow-Eyed Penguins, que también habitan una playa de la zona. Ver estos es gratis, ¿y sabéis por que? Porque son mentira!! Estuvimos 1h30m esperando, y ni un triste pingüinito. Suerte que había algunas focas, que siempre animan el cotarro…

La decepción fue sólo a medias porque al día siguiente llegamos a Dunedin, y aquí -según la Lonely Planet- también viven algunos de estos pájaros (aunque en ese punto yo no me creía mucho. Hasta que no lo vea con mis propios ojos no me fío de nadie!). Aprovechando que es un nucleo de población “importante”, decidimos darle un poco de intimidad a La Fea, y alojarnos en casas “de verdad” durante 3 noches. Así que gracias a Couchsurfing (y a Matt, a René y Marcus, y a Amanda) hemos podido dormir y ducharnos en condiciones durante nuestro tiempo aquí.

Dunedin es una ciudad pequeña, pero llena de vida. Al ser ciudad universitaria está llena de gente joven, hay muchos cafés y tiendas con encanto. Tienen también un jardín botánico muy recomendable, una galería de arte modesta pero muy interesante, y según dicen, uno de los mejores museos de por aquí: el Otago Museum. Qué pena que no lo encontráramos!! Así que si alguien ha estado en el museo, que me lo cuente porque yo fuí incapaz de dar con él… otra vez será!

Junto a la ciudad de Dunedin se encuentra la Otago Península.

Otago Península

La carretera es terrible, estrechísima y con unas curvas muy cerradas, pero vale totalmente la pena. Al final, sobre un precioso acantilado, se encuentra el faro. Y ese mágico lugar aloja la Albatros Colony, donde además de albatros (gaviotas gigantes), se pueden ver focas y, por fin… pingüinos! No puedo poner fotos de los bichitos, porque estaban dentro de sus nidos (era un poco pronto) y las fotos no son muy “descriptivas”. Pero os dejo con una panorámica del lugar para que veáis que, aunque no seáis muy fans de los pájaros, no tiene ningún desperdicio.

Albatros Colony

Nos vamos hacia el sur. Os veo allí.

 

 

 

Cook Islands (II)

17 Dic

Saltando en Muri Beach

Lo que veis en la foto, a parte de mi, es la Muri Beach, con su Muri Lagoon. Es la playa más bonita de Rarotonga. La verdad, es espectacular. A poca distancia de la costa tiene unos islotes (Motus) a los que se puede llegar andando, ya que el agua no cubre más de 1 metro.

Mi consejo es que si tenéis intencion de visitar Rarotonga, intentéis alojaros en esta zona. Aunque tampoco es imprescindible ya que nosotras estábamos justo en el lado opuesto de la isla, y en nuestro bólido de 2 ruedas tardábamos media horita.

El mismo día que visitamos Muri (viernes 3) tuvimos por la tarde una BBQ con Nana. Lo más flipante de todo fue el Parrot Fish, que es un pez tan azul que parece pintado. Al principio nos daba un poco de cosa, pero resulta que ademas de bonito está riquísimo!

Parrot Fish

Por la noche salimos a tomar algo. No es que haya muchas opciones, creo que en Rarotonga hay 4 bares de noche. Nosotras nos decantamos por el Whatever Bar, y lo que son las cosas, conocíamos al dueño. Un par de días antes nos habíamos parado a pedir indicaciones para volver a casa (aunque la isla solo tiene 2 carreteras somos capaces de perdernos igual jijiji) y casualmente ese señor tan amable era el propietario. Nos reconoció al entrar y le caímos en gracia, así que cerveceo gratis, hell yeah!

Aunque la noche rarotongana no da mucho de si (el viernes cierra todo a las 2, y el sábado a las 12) nosotras nos retiramos pronto porque al día siguiente nos esperaba, de buena mañana, el mega-evento semanal: El Market!!

Lo hacen los sábados por la mañana, aunque la hora no esta muy clara. Cada tendero llega y se va cuando le da la gana (recordemos: Island Time). Allí se pueden encontrar frutas (mmmmm papaya) y verduras, comida preparada y zumos, artesanía de todo tipo… Y por supuesto, Pareos. Nosotras nos hicimos con el nuestro, pintado a mano y rebonico, que pronto se convirtió en nuestro “uniforme” tropical.

El domingo asistimos al otro evento masivo y casi obligatorio (especialmente viviendo bajo la tutela de Mama Kafo): La iglesia. Si. La iglesia. Yo. Fuimos con nuestra “familia” a la iglesia tradicional, donde escuchamos una misa en maorí (ni papa entendí) con sus canciones que parecían sacadas de El Rey León, sus señoras con sombrero, y todo el mundo vestido de blanco por ser el primer domingo del mes.

Holy Sunday

Traditional Church

 

Ese mismo día aprendimos a abrir cocos, así que toda la mañana siguiente nos la pasamos “practicando”. Si os portáis bien algún día os enseñaré el vídeo 😛

 

[…continuará…]

AWESOME L.A (o cómo las personas pueden cambiarlo todo)

28 Nov

Ayer nos pasamos todo el día visitando esta ciudad, que a priori parecía no tener mucho que ofrecernos.

Por la mañana, en casa de nuestros hosters Garick y Stephanie, conocimos a K. Se ofreció a llevarnos por ahí y enseñarnos la ciudad con su amigo M., así que pasamos todo el día con ellos.

Visitamos el Getty Museum, que tiene una colección de arte espectacular y unos jardines preciosos. Como hacía muy buen día nos quedamos a comer en su terraza.

Jardines del Getty Museum

Dimos una vuelta por Beverly Hills y Hollywood, nos tomamos unos deliciosos margaritas en Casa Vega, dimos un paseo por Rodeo Drive (como en Pretty Woman!!) donde desaprovechamos nuestra única oportunidad de ver a una estrella,…

Rodeo Drive

También nos acercamos al rótulo más famoso del mundo, ya que M. vive por el vecindario y “sabía exactamente a dónde llevarnos”…

Saltando en Hollywood

El día se torció un poco y al caer la noche se puso a llover, pero eso no nos quitó la ilusión de ir a ver el teatro Kodak y el Walk of Fame (Gabi, esta es para ti!):

Britney Star

Y por la noche, nuestra Geisha y inmejorable embajadora de L.A. nos invitó a una fiesta en su preciosa casa. La guinda del pastel de una jornada increíble.

Gracias a K. y M. pudimos conocer la ciudad, aún yendo a contrareloj, y tener todo el día la sonrisa en la cara. Y gracias a Garick y Stephanie, a su amabilidad abriéndonos su casa, todo esto ha sido posible. No puedo imaginar una visita mejor a esta ciudad.

Garick y Stephanie

Las personas pueden hacer que una ciudad normal se convierta en un recuerdo increíble.

GRACIAS

(And see you in Barcelona!)

L.A. (mi primer couchsurfing!)

27 Nov

Después de un trayecto de 8 horas desde San Francisco hasta L.A. en autocar, y de otro trayecto de 1h en bus desde la estación hasta no-sabría-muy-bien-decir-donde, hemos conocido a Garick y Stephanie. Los chicos son muy majetes, aunque tienen un zoo montado en casa. Dos gatos, una rana que come hamsters, un hamster (pobrecito), una chinchilla, un pez grande y muchos pequeños. Fan total de los gatos, son una pasada!!

En este arca de Noé nos van a acoger durante las siguientes dos noches, así que os escribo desde el primer sofá cama de esta esperiencia… 🙂

De L.A. poca cosa por el momento. Nos hemos dado una vuelta por el Santa Mónica Blv, que viene a ser un centro comercial de grandes marcas lleno de artistas callejeros, y por el pier de Santa Mónica, que aloja un miniparque de atracciones. Un rollo un poco entre Blanes y Marbella, por decirlo de alguna manera.

Mañana tenemos muchas cosas que hacer, así que en próximas entregas os cuento algo más de L.A. Aunque así a simple vista creo que esta ciudad no es para mi…