Tag Archives: chirucas

Bye Bye Myanmar

3 Ene





Bye Bye Australia!

7 Ago

Airlie Beach con Bella


Hughenden


Kings Canyon


Minyon Falls (Byron Bay)


Mission Beach


The Olgas


Porcupine Gorge

Alice Springs & The Outback

29 Jun

El domingo pasado emprendí camino hacia Alice Springs. Como ya os comenté en el anterior post, eso está, más o menos, en el medio de la nada. O del desierto, según queráis verlo.

Llegar hasta allí es costoso, por lo aislado que está. Pero aunque mi presupuesto mensual se quedara temblando no podía dejar pasar la oportunidad de pisar la arena roja del desierto australiano, de atravesar carreteras quilométricas en línea recta, o de admirar la puesta de sol en la Ayers Rock (Uluru para los aborígenes, The Big Rock para los colegas).

Puesta de sol en Uluru

Tras una noche en el encantador hostel Annie’s Place, el lunes a las 6 a.m empezaba nuestra aventura. Lo que siguió fueron 3 días de hiking y vistas espectaculares en Uluru, los Olgas y el Kings Canyon, de dormir bajo las estrellas (en un invento maravilloso llamado swag), de reírnos mucho y compartir anécdotas alrededor del fuego, de aprender sobre la cultura aborígen y de sentir que el frío mañanero y la inversión económica habían valido la pena.

Hiking en el Kings Canyon

The Olgas & The Valley of the Winds

Yo decidí hacer la incursión al desierto con el tour de 3 días que organiza Mulga’s Adventure. Los hay más largos (carísimos) y los hay más cortos (un palizón). Y también se puede hacer por libre, aunque yo no recomendaría pasarse de “aventurero”, porque el aislamiento de la zona y el desconocimiento de los viajeros son muy mala combinación. Especialmente cuando se atraviesa tierra aborígen sin tener ni idea de sus normas. Y sobretodo si se viaja solo, vale la pena poder compartir todas las emociones con otros viajeros. Aunque eso lo digo yo que he tenido una suerte tremendísima con el grupo, y me he sentido más acompañada en estos 3 días que en los últimos 2 meses de viaje.

Como veis hay muchas cosas que han cambiado (el escenario, la compañía, mis botas…), pero hay tradiciones que siguen intactas:

Jumping in The Olgas

Great Ocean Road & The Grampians

6 Jun

Este fin de semana hemos vuelto a salir a la carretera. Este último Road Trip ha durado sólo 3 días, pero han me  ha permitido, de nuevo, disfrutar de paisajes espectaculares y vivir experiencias únicas. Nos ha acompañado (o más bien, guiado) Jarrod. Fue uno de nuestros primeros couchsurfers en Melbourne y ha adquirido, por méritos propios, el status de amigo.

Juntos hemos recorrido enterita la Great Ocean Road. Esta carretera recorre la costa occidental del estado de Victoria, y ofrece unas preciosas vistas de acantilados y playas y la posibilidad de realizar todo tipo de actividades acuáticas.

Ahora es invierno, y por lo tanto temporada baja. Pero ni eso (con lo fría que está el agua) evita que legiones de surferos hagan cola en el agua para agarrar las mejores olas. Como es el caso de la Bells Beach, una de las mejores playas de surf del mundo (incluso aloja una de las pruebas el campeonato mundial de surf durante las vacaciones de Easter).

Aprovecho la ocasión para desmitificar el tema Surferos: Chicas, los surferos ni son rubios, ni están cachas, ni están buenos. Son viejunos y están fofos. Lo que pasa es que así a lo lejos, y con el neopreno apretando las flojeces (que ya sabemos que el negro estiliza mucho) quedan aparentes. Pero si los ves “en seco” cambiándose en el aparcamiento, creedme: ¡no los toco ni con un palo!

La noche del viernes la pasamos en Apollo Bay, para aprovechar y disfrutar de la parte “bonita” de la ruta a plena luz el día siguiente. En nuestra primera parada de la mañana del sábado decidimos desviarnos un poco de la ruta para ir a ver la Cape Otway Station  (el faro más significativo de Australia, dicen). A mi el faro me pareció una tontería, pero aún así el desvío valió (muchísimo) la pena. Y vosotros os preguntaréis por qué…:

¡¡¡¡¡¡ Koalas !!!!!!!!

Parece que los koalas son súper difíciles de ver en libertad, la mayoría de gente los ve en santuarios, reservas de animales o zoológicos. Y nosotros, así sin esperárnoslo, nos encontramos en medio de un bosque con más de una docena de ellos. Los pobre se pasan el día durmiendo por culpa de las hojas de eucalipto. Es como si vosotros os alimentarais únicamente de marihuana. Vamos, que van todo el día fumaos y de ahí tanta somnolencia. ¡Tanto que hasta se caen de los árboles! Me encantan, y he decidido que quiero uno. No se lo digáis a los de aduanas, pero pienso secuestrar un koala y llevármelo a Barcelona. Tshhhh.

Dejando de lado este golpe de suerte, en realidad lo más destacable de la ruta son las vistas. Los acantilados de piedra caliza, con la erosión de agua y viento durante millones de años, han dado lugar a escenarios naturales como el London Bridge, la Thunder Cave, o una de las postales más típicas de esta zona: Los Twelve Apostoles.

Los espectaculares Twelve Apostoles

 Hay que decir que de los Doce Apóstoles actualmente sólo quedan 8. El agua los golpea constantemente y nunca se sabe cuál será el próximo en caer. Así que si queréis disfrutar de estas maravillosas vistas en directo, a darse prisa que lo mismo el año que viene ¡ya no están!

Muy cerquita de allí, el Loch Ard Gorge también ofrece una panorámica preciosa del océano encerrado por los acantilados. “En semejante paraje yo tengo que saltar”, pensé. Pues maldita la hora. Sólo conseguí hacer un salto tipo Cheeta sin liana, segundos antes de ser duchada de cintura para abajo por una ola traicionera. Eso me pasa por ir haciendo el mono, ¡me lo tengo merecido!

Cheeta-style en el Loch Ard Gorge

Acabada la Great Ocean Road nos alejamos de la costa para adentrarnos en The Grampians National Park.

Desde el pueblo de Halls Gap (donde dormimos el sábado) salen algunos tracks de montaña. Nada más empezar el primer hiking del día… ¡Bingo!

¡Canguroooos!

¡Vaya, parece que con el tema wildlife estamos de suerte!  También había Emus, pero ya sabéis que no soy muy pro-pájaros. Sólo me falta ver un ornitorrinco y ya me puedo ir pa casa.

Y después del momento marsupial nos tocó ganarnos el almuerzo. Pateada de 3 horas para subir a The Pinnacle. Cansada y durilla, en especial el último tramo, pero con unas vistas tremendas como recompensa.

Momento Boy Scout

Después de comer, tras una horita en coche, hacemos un par de tracks más.

El primero, hasta The Balconnies, Es una de las mayores atracciones de la región. Los salientes de roca en lo alto de un acantilado ofrecen una inigualable vista del Victoria Valley. El segundo, hasta las MacKenzie Falls, unas de las más grandes y espectaculares de Victoria. Aunque parte del camino está cerrado (debido a las inundaciones que sufrieron en enero), decidimos hacer un poco el kinki y saltar un par de vallas para admirar las cascadas desde la base. A veces, ignorar las normas merece la pena…

MacKenzie Falls

Y con esto pusimos el broche final a un fin de semana llenito de anécdotas y experiencias inolvidables. Cuatro horas en coche nos devolvieron a Melbourne, donde me encuentro ahora. Pero estoy triste, miro por la ventana y no hay canguros ni koalas. Jolín.

Bueno, os dejo. Tengo un secuestro que planear.

Se llama Fea

6 Mar

Os presento a nuestra nueva compañera de viaje.

La Fea

Ella es nuestra amiga, nuestro transporte y nuestra casa desde hace una semana. Y nos acompañará durante todo el Road Trip por la isla del Sur. La llamamos La Fea por razones obvias, pero no os dejéis engañar por las apariencias. Se porta muy, muy bien y no se queja nunca. Aunque  a veces bebe demasiado.

Con ella hemos recorrido la carretera número 8, que va de Queenstown a la costa este. Es una carretera preciosa de verdad, que atraviesa ríos, puertos de montaña y pasa junto a unos lagos espectaculares. Unas vistas que quitan el hipo!

Lake Tekapo

La Fea también nos ha llevado hasta el Mt Cook, que  es la montaña más alta de NZ, y hasta sale en los billetes de 5 NZ$! No os voy a engañar, no subimos hasta arriba. Pero es que eso es para profesionales hombre! Nosotras nos “conformamos” con un precioso walking track de 2 horitas desde el pueblo hasta el “kea point“, un mirador a los pies de la montaña desde el que admirar su grandeza y la de los glaciares de los Alpes Neozelandeses. También sufrimos sus vientos gélidos, así que tenía que hacer algo para entrar en calor:

Saltando con el Mt Cook!

Nuestra nueva amiga también nos acompañó hasta la costa. En Twitzel se nos llevaba el viento, y la carretera daba un poco de miedito. Este país es muy inseguro. Construyen sobre volcanes activos, sobre fallas que causan terremotos, y los vientos huracanados son el pan nuestro de cada día. Pero no me quiero ir por las ramas… Desde el ventoso Twitzel bajamos hasta Oamaru. Un pueblo como cualquier otro, pero con un pequeño casco antiguo como de otra época. Edificios coloniales de reminiscencias victorianas, y tiendas con aires circenses o vintage. Una maravilla encontrar algo así en un país donde todo es tan nuevo.

Second Hand Bookshop, Oamaru

En Oamaru queríamos ver pingüinos. Es lo que tiene estar tan cerca del polo sur. Tienen una colonia de Blue Penguins que vuelven a su playa cada noche después de “trabajar”. Para verlos hay que pagar 25NZ$, pero no parece muy justo pagar por ver animales salvajes en su hábitat natural, así que decidimos ir a ver los Yellow-Eyed Penguins, que también habitan una playa de la zona. Ver estos es gratis, ¿y sabéis por que? Porque son mentira!! Estuvimos 1h30m esperando, y ni un triste pingüinito. Suerte que había algunas focas, que siempre animan el cotarro…

La decepción fue sólo a medias porque al día siguiente llegamos a Dunedin, y aquí -según la Lonely Planet- también viven algunos de estos pájaros (aunque en ese punto yo no me creía mucho. Hasta que no lo vea con mis propios ojos no me fío de nadie!). Aprovechando que es un nucleo de población “importante”, decidimos darle un poco de intimidad a La Fea, y alojarnos en casas “de verdad” durante 3 noches. Así que gracias a Couchsurfing (y a Matt, a René y Marcus, y a Amanda) hemos podido dormir y ducharnos en condiciones durante nuestro tiempo aquí.

Dunedin es una ciudad pequeña, pero llena de vida. Al ser ciudad universitaria está llena de gente joven, hay muchos cafés y tiendas con encanto. Tienen también un jardín botánico muy recomendable, una galería de arte modesta pero muy interesante, y según dicen, uno de los mejores museos de por aquí: el Otago Museum. Qué pena que no lo encontráramos!! Así que si alguien ha estado en el museo, que me lo cuente porque yo fuí incapaz de dar con él… otra vez será!

Junto a la ciudad de Dunedin se encuentra la Otago Península.

Otago Península

La carretera es terrible, estrechísima y con unas curvas muy cerradas, pero vale totalmente la pena. Al final, sobre un precioso acantilado, se encuentra el faro. Y ese mágico lugar aloja la Albatros Colony, donde además de albatros (gaviotas gigantes), se pueden ver focas y, por fin… pingüinos! No puedo poner fotos de los bichitos, porque estaban dentro de sus nidos (era un poco pronto) y las fotos no son muy “descriptivas”. Pero os dejo con una panorámica del lugar para que veáis que, aunque no seáis muy fans de los pájaros, no tiene ningún desperdicio.

Albatros Colony

Nos vamos hacia el sur. Os veo allí.

 

 

 

Lavender Hill

30 Ene

Sé que muchos estábais esperando este momento. Ha llegado la etapa Farmville y por fin me he calzado las chirucas!

Como algunos ya sabíais, teníamos en mente hacer algunas estancias en granjas y hoteles rurales para “trabajar” a cambio de alojamiento y comida. Es una forma de ahorrar dinerito, de disfrutar de experiencias nuevas y de entrar en contacto gente del país. Gracias a Help Exchange hemos empezado esta nueva fase del viaje, de momento con un balance más que positivo.

Durante esta semana hemos estado en el Lavender Hill, un precioso Bed&Breakfast a 30 minutitos al norte de Auckland. En él, además, cultivan limoneros, lavanda, romero y olivos.

Rincones del Lavender Hill

Esta semana hemos aprendido a cosechar lavanda, a destilarla y a hacer aceites esenciales con ella. Según nos dice Tricia (nuestra anfitriona) el aceite de lavanda va bien para todo.

También hemos aprendido que el pastel de chocolate sólo sabe a chocolate si no le echas nada más, aunque no por ello es aburrido. Que las chirucas son comodísimas pero imposibles de dignificar. Que un perro puede ser obeso aunque se pase el día persiguiendo piñas. Que está feo discriminar a las “malas hierbas”, porque seguro que no son tan malas.

Y sobre todo, sobre todo, hemos aprendido que trabajar en el campo no es tan duro si luego puedes meterte en un jacuzzi climatizado.

36º

Yo de mayor quiero ser granjera.

¡Que viva el campo!

Antes muerta que con chirucas!

15 Sep

Aix! Qué lejos queda la época en la que yo proclamaba a los 4 vientos frases como esa… Yo, mujer de asfalto, animal de ciudad, tuve ayer mi primer encontronazo con la realidad del equipamiento de montaña.

Después de una vuelta infernal (Nota mental: mejorar la orientación o vamos finas…) arrastrándome sobre mi pierna que, recordemos, tiene más costuras que un taller ilegal chino, llegamos al Mc Donalds de los deportes: El Decathlón!

Carrito en mano y tria i remena, más o menos lo llevábamos con dignidad hasta que llegó el momento del calzado. Ver a Laura con su vestidito, mirándose los pies enfundados en las botas, esa cara de sufrimiento, e intentando buscarle la estética al asunto… “Laura no te tortures. No busques estilo. Son Chirucas.”, “Me estoy mentalizando”, me decía. Al final, después de 20 pares probados, un análisis de todas las etiquetas explicativas, y uno más exhaustivo aún de las etiquetas de los precios, nos decantamos por las más sencillitas. Hay que decir también que eran las que menos pesaban. Si tengo que vivir un año con 20 kgs, 100gr de diferencia se convierten en un mundo! Además, no somos ni excursionistas ni sufridoras así que, para destrozarlas en el Farmville, modelo básico y tira que te vas!

Al final, el resultado de la expedición fue el siguiente:

En la categoría de calzado tenemos las ya mentadas botas, y un MUST de temporada: Chanclikis!!! Son un homenaje a nuestra amiga Estheriki. O más bien un plágio, según se mire. Se compró unas en el Carrefour por 3 €, y llevan 2 años salvándole la vida. Las nuestras son un pelín más caras (la friolera de 5€), no pesan ni abultan, y lo mismo me sirven para playa, que para ducha, que para darme un paseo por Rarotonga arreglá pero informal.

En el apartado de gadgets, tenemos la linternita (Es pequeña y pistacho, y además funciona sin pilas) y el candado internacional. A ver si con un poco de suerte no nos rebientan la maleta en caso de inspección… (modo tocar madera: ON)

 

Y mereciéndose una categoría propia: la Mochilaca. Bueno, en realidad es solo Mochila (de 40 lt) porque dado que vamos al primer mundo, llevaremos trolley principalmente y esto como equipaje de cabina, que además nos servirá para excursiones cortas.

 

Y aquí la foto de familia. El kit completo nos costó el módico precio de 61’75 €. Yo creo que no está mal.

 

Como, entre otras cosas, fuimos incapaces de encontrar las mosquiteras (y eso que preguntamos 2 veces) y los kits de snorkel parecían agotados, tenemos pendiente un nuevo paseíto más adelante.

Os dejo con una pregunta que me asalta: Creéis que Laura conseguirá combinar los tocados con las botas? Y los vestidos de pin-up con la mochila? Hagan sus apuestas…