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Bye Bye Indonesia!

17 Sep

Bambu Bridge, Pangandaran

Gili Trawangan, en el agua


Gili Trawangan, en la arena


Java, Monte Bromo


Ofrenda en Sibetan


Samuan Tiga temple


Ubud arrozales

Últimos dias en Bali

17 Sep

Bueno bueno, que se me acumula la faena! Hace más de una semana que salí de Indonesia y aún no os he hablado de mis últimos días allí.

La última semana en este país tan ¿contradictorio? la pasé en su mayor parte en Ubud. Puedo decir desde ya que es mi zona favorita de Bali. Es una zona muy turística, correcto, pero turística bien llevada. Allí me dediqué un poco a la vida contemplativa. Paseíto por aquí, zumito de aguacate por allá. Que si me voy de copas, que si me hago la pedicura… Lo normal, vamos!

Entre las cosas productivas, visité el Don Antonio Blanco Museum, que era una especie de genio loco con aires de Dalí y que pintaba cuadros que bien merecerían los dos rombos en su mayoría (cochinote!!). Su obra, psé. El edificio, rebonico.

Desde el tejado del Blanco Museum

Con mi compañera temporal de viaje, Angelika, hicimos un intento de road trip. Queríamos descubrir algún otro rincón mágico de la isla como Sidemen, pero la cosa se nos quedó en nada. Un par de vistas de postal a terrazas de arroz, probar el Kopi Luwak (el café más caro del mundo, de CURIOSA fabricación) y lo más interesante, otro encontronazo con la policía. No me preguntéis como, pero de nuevo nos libramos. Esta vez sin pagar ni un puto duro (ni dólar de singapur tampoco), y despidiéndonos del policia con un “Adiós Amigo!” y chocándole la mano. Una le acaba pillando el truquito a esto de la corrupción.

Kopi Luwak + otras delicatessen

Y otra de las actividades, digamos, “diferentes” para la colección de “batallitas que contar a los nietos”, fue que sin saber muy bien como acabé haciendo de modelo para una clase de Arte. Así que la resaca (es broma mami, que yo no bebo) del sábado la pasé haciendo posturitas delante de 20 aspirantes a artista y un Maestro. ¿A cambio? Una anécdota, 3 cuadros y 150,000rps. Como este es un blog para todos los públicos, os dejo uno de los sketches que me hicieron cuando aún llevaba el sarong. El momento “maja desnuda” lo guardo para cuando sea famosa y pueda subastarlo.

Pranoto Gallery

En Ubud me despedí de Yasmín, quien me abrió las puertas de su casa por segunda vez, y de Angelika, inmejorable compañera de aventuras por 2 semanas. Y puse rumbo a la playa para pasar mis últimos días en el país haciendo la lagartija.

En Nusa Lewongan encontré lo que creí perdido en Gili T. Una isla tranquila, con hoteles pero mucha vida rural y tradicional. Gente tranquila que te pregunta de dónde eres pero no te acosa. Niños que venden caracolas pero no te persiguen diciendo “money money money“. Sonrisas gratis. Allí la gente vive de las algas, y el turismo es casi algo anecdótico para ellos.

Y tras un par de días allí, relajándome y acostumbrándome a ese olor tan raro que tienen las seaweed, me volví a Bali. Poco más de 24h para ultimar mi visa vietnamita, ser fugitiva de la poli un par de veces, comer marisco a precio de risa, y tomar un poco más de playa (que no de sol) en Jimbarán en buena compañía.

Me voy de Indonesia con una sensación rara, sin saber si me ha gustado o no. Tal vez hablar de “Indonesia” sea muy osado, ya que el país es enorme y yo solo he visto de él una parte diminuta. Y tengo que asumir mi parte de culpa, tal vez he hecho malas elecciones estando aquí. ¿Se merece otra oportunidad? Mierda, otro país al que tendré que volver para despejar mis dudas. Así no acabaré nunca… 🙂

Indonesian Facts: Cosas que se pueden hacer sobre una moto

8 Sep

A saber:

– Ir al templo, sin casco para que no se te arrugue el cachirulo.

– Ir de tres en tres

– Ir de cuatro en cuatro

– Ir de ladito para que no se te arrugue la falda

– Llevar a tu madre al mercado a vender pescado

– Ir al cole, y llevar a tu hermana

– Llevar a tus hijas a clase

– Llevar huevos. Muchos.

– Llevar la cosecha del día

– Llevar mascarilla para no morir por ingestión de CO2

– Tener 10 años

Todo esto así, de una sentada. Y podría añadir: “ir de cinco en cinco” o “transportar una cama” o “mandar sms”. Pero como no tengo pruebas, mejor me callo.

North and Central Bali

3 Sep

Escapando de Gili T nos plantamos en Lovina, al norte de Bali. Y que viva el hinduismo!

Lovina, aunque también es turístico, es una zona mucho más agradable de visitar que la anterior. Tiene playa, y es conocida por los delfines que la habitan. Aunque para mi lo bueno no tuvo nada que ver con el pueblo sino con lo que en él nos pasó.

La noche que llegamos nos fuimos a un bar cercano, donde una banda local tocaba música en directo. Y eran muy buenos. Disfrutando del espectáculo cerveza en mano fuimos hablando con otros clientes del local. Acabé charlando con una pareja de unos 50 años que vive en Jakarta, y tienen una “Villa” en Bali, cerca de donde estábamos. La conversación era agradable, y tenían una histora de amor preciosa que me encantó escuchar. Sin saber ni como, acabamos quedando para ir a las hot springs (Air Panas Banjar) de la zona. Tres piscinas a diferentes temperaturas con chorritos de agua milagrosa que me dejaron las cervicales como si nunca hubieran cargado una mochila.

A partir de ahí, no se si decir que la pareja nos esponsorizó o nos adoptó. Desde
ese momento nos convertimos en las “hijas mimadas” que no tienen. Después de las termas fuimos a su (in-cre-i-ble) Villa. Allí hablamos, tomamos cervezas, nos invitaron a comer un saté delicioso e infinito, nos relajamos en la piscina. Después, las 3 mujeres nos fuimos a un spa a que nos dieran un “masaje balinés” mientras el marido, como buen macho alfa, nos esperaba en el bar tomándose sus copazos. Salidas del masaje nuevecitas, nos fuimos a tomar un cocktail que tampoco pudimos pagar. Y luego nos llevaron a un “really nice restaurant” donde cenamos con vino frente a la playa, sólo con la condición de que nos dejaran pagar al menos una cerveza después. Y luego, desaparecieron. Así, sin pedir nada a cambio. Sin esperar ninguna recompensa. Todavía no me explico de dónde me caen estos ángeles.

Porque todavía hay más: Al día la mañana siguiente, nos recogió su chófer (repito: su chófer) que estaría a nuestra disposición todo el día. Nos llevó a las Gitgit Waterfalls, y a los templos Pura Dalem (donde un viejito que rezaba allí se encariñó con nosotras) y Pura Beji.

Pura Dalem con el viejito

 

Pura Beji

Y al final de nuestro recorrido, nos dejó en Candicuning, un pequeño pueblo a orillas del lago Danau Bratan. Y allí acabó nuestro cuento de princesas y nos convertimos en backpackers otra vez.

Locales esperandoa subirse en una barca en el Danau Bratan

Candicuning es famoso por su impresionante jardín botánico y por sus fresas, que puedes comprar en todas partes. Yo tenía antojo así que me fuí a un campo y pregunté si podía comprar medio kilo. El hombre, sujetando un cestito, me dijo:

You can pick them yourself, or someone can do it for you.
What’s the difference?
You enjoooooooy!!!

No se hable más, dame un cesto que me pongo en modo recolector. Estaban buenísimas, y más lo estaba el strawberry juice que me prepararon al momento con parte de mi cosecha. Yummie!!

Y otro de los highlights de la zona, en el pueblo vecino (Begudul) es el templo Pura Ulun Danu, construido sobre las aguas del lago. El típico templo que sale en las postales y en los billetes de 50.000 rupias. El mejor lugar para perpetrar mi propia estampita balinesa.

Jumping in Pura Ulun Danu

Y con esto y un bizcocho, nos marchamos para Ubud 🙂

East Bali

31 Ago

Pues si, llegamos vivas. Aunque tras un total de 26h de viaje (las 2 últimas hacinadas en el bemo que veis arriba) estábamos hechas un cuadro.

Por cierto, la que os saluda en el vídeo es Angelika, una chica alemana con la que llevo viajando ya varios días. Es un amor, y tenemos muchas cosas en común: trabaja en publicidad, vivió en Barcelona, ambas medimos 174cms y tenemos el pelo igual. Y desde que empezamos a viajar juntas, la pregunta más oída (mínimo una vez al día) es: ¿Are you twins?
Vale que tengamos un aire, pero no se yo si dá para tanta confusión.

¿Are you twins?

A lo mejor a los indonesios les pasa como a nosotros con los chinos, que los vemos a todos iguales y si nos dicen que son familia nos lo creemos. Nosotras les contamos que somos primas y así se quedan tranquilos.

Pues eso, que mi Twin y yo llegamos a Padangbai tras un viaje interminable y nos alojamos frente a la playa. El pueblo es muy turístico, aunque está geográficamente muy bien situado. Allí nos relajamos en la Blue Lagoon, descansando para nuestro viajecito que teníamos en mente.

Al día siguiente dejamos las maletas en el hotel (por unos 30 céntimos al día) y alquilamos un par de scooters. Con ellas emprendimos rumbo hacia el norte de este lado de Bali. Candidasa, Amlapura, Tirta Gangga… Hacia mitad del recorrido el camino ya estaba totalmente flanqueado por arrozales de verdes imposibles, que puedes admirar desde los muchos warungs que salpican el camino.

rice paddies

Visitamos un par de templos, a destacar el Pura Lempuyang, que desde su elevada posición nos regaló unas vistas espectaculares al valle del Mt. Gunung Seraya.

Pura Lempuyang

Pasamos la noche en Amed, un pequeño pueblo de pescadores con mucho ambiente (muy local). Desde allí, por la mañana, nuestras motos nos llevaron por el camino de la costa atravesando otras pequeñas y encantadoras playas a rebosar de barcas pesqueras.

Amed Coast

Acabado el camino de costa, que es bonito pero tampoco hay mucho que hacer, teníamos aún medio día por delante. Así que a la altura de Amlapura nos desviamos hacia el interior. Y eso se convirtió en uno de los road trips más bonitos (y más recomendables) que he hecho hasta el momento. Y en mi parte favorita de Bali, si me permitís decirlo. En ese trayecto recorrimos dos “scenic routes“: La que va de Bebandem hasta Rendang (aunque no la completamos) y la Sidemen Road. Lo que nos encontramos es difícil de explicar con palabras.






Recibí tantas sonrisas en el camino que me contagiaron, y llegué de vuelta a Padang Bai con dolor en las mejillas. 100% recomendable. (El road trip y sonreír).

Selamat Datang di Indonesia!

19 Ago

El día 8 me planté en el aeropuerto de Denpasar, Bali (Indonesia) y nada más aterrizar ya empecé a hacerme una idea de lo que es este país. Mil colas, gente por todas partes, locales hablándote constantemente,… aún no he salido del aeropuerto y ya me han intentado timar 2 veces. ¡Mamma mia! Suerte que venía avisada…

Una vez recopiladolo importante (a saber: visado de 30 días, 1 millón de rupias equivalente a unos 80 euros, y mi maleta) me dirijo al mostrador de los taxis. Porque esa es otra, taxis los hay de todos tipos y colores, pero si no quieres tener que pelearte por el precio al final, o que te cobren el doble que a los locales, vete al mostrador del aeropuerto, con taxis de prepago y precio cerrado.

Durante el camino empiezo a ver cambiar el paisaje, volviéndose cada vez más verde -aunque no menos caótico- según me alejo de la ciudad. De todo, lo que más me llama la atención son las cometas. Todo el cielo está salpicado de ellas. De todos los colores, formas y tamaños. Mi taxista me cuenta que es un hobby nacional: te vas al campo, vuelas tu cometa, la atas a un árbol, y luego te vas a casa para ver lo bonita que es. Un planazo total.

Cometas en el cielo balinés

A las 18h me planto en Ubud. Por favor, redoble de tambores: ¡¡Me reencuentro con Laura!! Después de mi aventura en solitario por Australia, vamos a pasar una semana juntas antes de que ella se vuelva para España. 🙂

Ubud es muy, muy bonito. Y muy, muy turístico, pero no me importa demasiado, porque lo maravilloso del entorno hace que le perdones todo lo demás. Sólo paso 48 horas allí, pero me hace sospechar que tendré que volver para explorarlo un poco más a fondo.

En Ubud visito en Monkey Forest Sanctuary, donde unos monos diabólicos trepan sobre los turistas y amenazan con robarte hasta el carné de identidad. No os fiéis de su mirada de corderito degollado, es todo pura estratégia para pillarte desprevenido.

Evil Monkey (Mono malote)

También vamos Samuan Tiga, un templo alejado del circuito turístico, por lo que es mucho más tranquilo que los demás (básicamente estamos solos en él). ¡Qué bonitos son los templos por aquí! Son sencillos pero majestuosos, y si miras atentamente descubres pequeños detalles que los vuelven mágicos.

Samuan Tiga

Ofrendas

Pots

Una de las muchas jaulas de pájaro

Por la tarde damos un paseo por los arrozales. Bueno, yo paseo. Laura los ve un poco más de cerca… jajajaja Y el casco de Björn, el alemán que nos acompaña, acaba dandose un bañito en el arroyo. ¡Eso le pasa por reírse de mi amiga! 🙂

Rice Paddies

De camino a casa, a Laura y a mi (que voy de paquete) nos para la policía. Vale que no llevamos casco y ni Laura tiene carné internacional, pero antes de entonar el mea culpa, dejadme aclarar un par de cosas:

– He visto niños de 10 años conduciendo. Permítanme dudar que tengan carnet.

– El récord de personas sobre una moto, de momento, asciende a un total de 5.

– ¿Casco? Ni el Tato lo lleva.

El hecho de que nos paren a nosotras se puede resumir de una forma muy sencilla: La policía es corrupta. Y no lo digo yo, incluso los locales lo confirman. Así que la práctica más habitual es parar a turistas aleatoriamente y encontrar cualquier justificación para ponerles una multa. Pero en lugar de procesar dicha multa, te ofrecen la posibilidad de “pagarla al momento”. Vamos, que sueltes pasta, que el hombre se quiere comprar un apartamento en la playa.

Método de actuación:

1) Pretender que no hablas ni una sola palabra de inglés. Y por supuesto, tampoco de bahasa.

2) Sonreír, somos súper majas y súper inocentes, y no nos enteramos de nada. Pobrecitas niñas blancas.

3) Y la más importante: llevar el dinero separado en bolsillos para que el policía no sepa cuánto tienes. Lo que vea te lo va a pedir.

Al final, con estos truquis, la “multa” se quedó en 2$ de Singapur, que son el equivalente a 1’20€. Estos balineses son unos cutres, ¡pero gracias por la anécdota, señor policía!

Con todo esto se nos pasa el día, pero todavía me quedan ganas de más. Por la noche me voy al Palace a ver un espectáculo de Danzas Balinesas. Cinco chinitas, un chinito y un dragón que intentan contar una historia que no entiendo, pero que creo que acaba bien. Y es muy bonito, qué queréis que os diga. Aunque lo de que las chinitas no pestañeen y muevan los dedos en plan niña del exorcista me provoca sentimientos encontrados…

Danzas balinesas. Por favor, atención al detalle de los deditos.

Al día siguiente nos dedicamos a la vida contemplativa hasta las 14h. A esa hora empieza un viaje de 30 horas que nos llevará hasta la isla de Java, aunque eso mejor os lo cuento en otro post.

Selamat tinggal!