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Los templos de Angkor

15 Dic

Cruzar la frontera entre Thailandia y Camboya por Aranyaprattet requiere un ejercicio de contención de nervios, paciencia y buena suerte que no todos son capaces de sortear con elegancia. Ni sin ella, para qué engañarnos. No me voy a extender en el tema porque la red está llena de blogs y consejos sobre como cruzarla de la forma menos dolorosa (y más económica) posible pero voy a comentar 2 cosas que a mi me ayudaron:

1) Informaros bien. Usad todos esos recursos a vuestro alcance e id preparados (en especial mentalmente) para cualquier eventualidad. Leer sobre las experiencias de otros viajeros, sobretodo las más recientes, para saber qué nuevo tipo de scam se han ingeniado para rascarnos los dólares. Cuanto más sepáis sobre el tema, menos constituiréis un blanco para los timadores.

2) Si sois viajeros individuales como servidora, sacad vuestras dotes de socialización e intentad agruparos con gente antes de cruzar. Ir en grupo siempre ayuda a rebajar la tensión, 4 ojos ven más que dos y, muy especialmente, vuestro poder de negociación se multiplica.

Con estos dos consejitos y un par de valerianas estaréis sanos y salvos. Y os prometo que vuestros esfuerzos serán recompensados, porque lo que os espera al otro lado de la frontera es simplemente para quitarse el sombrero.

Y no me estoy refiriendo a la amabilidad y simpatía permanente de los camboyanos, ni a los mantos de todos los verdes imaginables en los campos de arroz, ni a los preciosos pueblitos de bambú que os cruzaréis en el viaje…

Me estoy refiriendo a los Templos de Angkor, que para la mayoría constituyen la Perla del sureste asiático. Y no es para menos, ya que el complejo de templos hindús (que incluye Angkor Wat, el mayor edificio religioso del mundo) representa la perfecta combinación entre creatividad y espiritualidad en la que fuera la capital del antiguo imperio Jemer. El precio, teniendo en cuenta que es uno de los países más pobres del mundo, es bastante elevado (20$ por la entrada de un día o 40$ por la de 3) y duele pagarlo sabiendo que van a parar directamente a capital privado, pero después de un par de horas allí se te pasa el dolor del monedero y el sarpullido en la conciencia. Y pasas a sufrir de dolor de pies, alergia a los japoneses y agotamiento crónico en la cámara de fotos.

La visita se puede hacer en moto, bici (una pequeña locura si tenemos en cuenta que el perímetro de el principal grupo de templos es de 45kms), o en tuk-tuk. Incluso en elefante, aunque a mi esas horteradas no me van. Además, hace unos años en la India tuve una mala experiencia cunado fui vilmente secuestrada por un conductor de elefante que me exigia una propina (un peaje, diría yo) por dejarme bajar del bicho. Yo me hubiera quedado allí todo el día discutiendo si no fuera porque el animal estaba acatarrado y cada vez que estornudaba me ponía fina con esa trompa que parecía un aspersor de gelatina verde. Esa traumática anécdota supuso el fin de mi relación con los elefantes, y desde entonces no puedo evitar mirar Dumbo con recelo.  Resumiendo, que yo vi los templos en tuk-tuk. Barato, práctico y mucho menos arriesgado.

Los días son agotadores, física y sensorialmente. Porque lo que hay allí, señores, no hay palabras suficientes para que ustedes lo entiendan. ¡Qué maravilla! Si intentas mentalmente reconstruir cómo debió ser aquello en su momento de máximo explendor puedes sentir el efecto dominó en tus neuronas, que se van desmayando una a una. Templos los hay para todos los gustos: grandes o pequeños, de piedra o de tochos, reconstruidos o en ruinas,… Normal, habiendo más de 1000 es lógico que tengamos donde elegir. Yo personalmente me decanto por los menos transitados y que han sido “tomados” por la jungla, con esos árboles de raíces gigantes abriéndose paso entre las piedras. Algunos crecen, literalmente, sobre ellas. Me parece de lo más poético. Es como si la naturaleza nos hablara, nos reclamara el espacio que un día le arrebatamos sin preguntar para construir nuestros santuarios.

Sobre Angkor Wat, la niña bonita del grupo, diré que es enorme y espectacular. Aunque como bien sabéis, si hay una palabra que aterra a todo turista (al turista de catedrales, no al de litronas en Salou) es: andamio. Que yo entiendo que hay que reparar y limpiar y arreglar para que las cosas estén bonitas, pero ya podrían haber elegido otro día para ello. O al menos haber puesto lonas más discretitas, que ese verde no hay photoshop que lo disfrace…

Cerquita de los templos hay otras cosas interesantes de ver, como las cascadas o los Floating Villages. Así que mi último día pasé media jornada subida en un barco explorando estos mágicos pueblos. No es la primera vez que veo algo así (ni la segunda) pero nunca deja de sorprenderme cómo un río puede articular todos y cada uno de los aspectos de la gente que vive allí.



También hay que decir que esto pasó el día 8 de noviembre, en que servidora cumplía un año de viaje. Y lo celebré haciendo algo que, al menos yo, no hago todos los días. No solo flipando con los templos y los pueblos, sino conduciendo el barco por el río de vuelta a casa. ¡Tengo pruebas!

Yo encantada por llevar semejante armatoste, y el conductor encantado porque alguien estaba haciendo su trabajo. Win – Win.

Termino recomendando alojamiento en Siem Reap: Siem Reap Rooms Guesthouse. Entra en la categoría de budget accomodation, y aunque en Siem Reap podéis encontrar cosinas más baratas os aseguro que quedarse aquí vale mucho la pena. No deja de ser económico, está muy bien situado, muy limpio y lo lleva una pareja de canadienses que son viajeros experimentados, por lo que saben lo que los backpackers necesitamos. Están siempre dispuestos a ayudarte, y lo hacen sin atender a comisiones o sobornos de otros negocios. Y os aseguro que todo eso, tras un día eterno visitando Angkor, se agradece.

El sur de Laos

3 Nov

La segunda etapa en Laos la invertimos en recorrer un poco el sur del país. Esta parte normalmente es ignorada por los viajeros (excepto por los que van o vienen de Camboya) lo cual, a mi parecer, es un error. El sur es auténtico, inexplorado y precioso.

Algo a comentar sobre viajar a través de Laos: los viajes en autobús son largos (eternos, diría yo) y tediosos. Los autobuses locales son dignos de una peli de Hallowen (¡¡evitarlos!!)y los autobuses VIP o Sleeping Bus, aunque mejores, no son la octava maravilla. Las carreteras son complicadas y los conductores tienen la habilidad de conducir como animales aún sin pasar de los 40kms/h. Lo divertido de todo esto, es que es casi la única opción que tenéis, ya que no hay tren. ¡Así que paciencia!

bus local

En nuestra primera ruta, de Luang Prabang nos fuimos directamente hacia Paksé y de allí en minivan hasta Si Phan Dong (también conocido como las 4000 islas). En Vientián, la capital, sólo hicimos paradita técnica de unas horas para cambiar de autobús, pero no tiene ningún interés (para mí).
Las 4000 islas es la zona más al sur del país, en la frontera con Camboya. Es también el lugar donde el Mekong se hace más ancho, y está salpicada de cientos de islas e islotes separados por las marrones aguas del gran río. Bueno, marrones en esta época del año, porque según nos cuentan, en la estación seca sus aguas se vuelven cristalinas y es todo un espectáculo. A mi, con sus turbulencias y su color café con leche me pareció de lo más dramático.
Por 3€ cogimos un bungalow frente al agua (ducha fría, eso si) en Don Det, y por otro euro alquilamos una bici con la que fuimos a recorrer Don Khong, la isla vecina. Tranquilidad absoluta y escenarios de documental de National Geographic. Sólo un consejito, revisar bien la bici, la de Nuria estaba rota y tuvo que empujarla todo el camino de vuelta…

en Don Khong descubrí por qué les llaman Búfalos de Agua

Después de unos días de relax, deshicimos camino y nos encaminamos de nuevo a Paksé. La ciudad no tiene nada, pero la intención era recorrer el área de Champasak en moto. Pero nos desanimamos al ver la previsión de lluvia, lluvia y más lluvia para los próximos días. Y qué pasa cuando te desanimas? Que la vida te da una colleja y te dice “¡Espabila, Antonia!“.
Resulta que en todo el país se estaba celebrando el Awk Phansaa, para celebrar el fin de la estación de las Lluvias. Y en Paksé, que apenas tiene turistas, esta fiesta toma un aire cercano y tradicional. Toda la ciudad se engalana, el río se llena de barcos con velas encendidas y ¡hasta el cielo se ilumina! No sabemos ni como, acabamos acompañando a 2 monjes jovencitos durante horas, o más bien ellos nos acompañaban a nosotras, que nos hicieron mandar farolillos cargados de deseos al cielo. Fue emocionante y fue precioso.


Al día siguiente, aún con la emoción latente y con energía renovada, nos subimos a un autobús en dirección a Tha Khaek. Es otra de esas ciudades con poco que dar, pero ubicada en un fantástico enclave, que la convierte en perfecta opción como campo base. Desde allí alquilamos una moto y nos marcamos unos nada desdeñables 380 kms en 2 días. Fuimos a visitar la Kong Lo Cave, una cueva famosa por su tamaño (nada más y nada menos que 7’5kms de tunel). La cuenva en sí, correcta. Pero el camino… ¡el camino de lagrimita! ¡De lo más bonito que he visto en los últimos meses! Y el pueblo de Kong Lo, en el que pasamos la noche, totalmente de postal. Niños persiguiéndonos en sus bicis, un único restaurante que abría para que nosotras pudiéramos desayunar, búfalos cruzando la calle y casitas elevadas de bambú. Aix!

Vistas de camino a Kong Lo

La Nuri paseando por el pueblo

Y de vuelta a Tha Khaek, otra sorpresita. Resulta que tras el festival del que os he hablando antes, viene el Bun Nam (Water Festival) en el que tienen lugar carreras de barcos por todo el Mekong. Cuál es nuestra sorpresa cuando, a unos 60 kms de destino, en un pueblo que no sale en los mapas, nos encontramos los festejos. ¿Vamos un rato, no? Y para sorpresa la de los lugareños cuando vieron llegar a 2 blancas (doy fe de que eramos las únicas, probablemente las únicas en los últimos 10 años) así que se hincharon de ofrecernos cerveza, de hacernos fotos, de hablarnos, de comentarnos, de… vamos, que al cabo de una horita nos sentíamos tan observadas que huímos. Pero muy bien, muy interesante. ¡Gracias, Laos, por tus sorpresitas!

Desde allí nos volvimos para Luang Prabang (campo base oficial) pasando de largo (de nuevo) de Vientián y de Van Vieng. Por la primera, nada que objetar. Por la segunda me quedé un poco con la espinita, porque aunque el tubing no es lo mío, los alrededores (esta vez hicimos el trayecto de día) son es-pec-ta-cu-la-res. Bien hubieran merecido otro road trip en moto para explorarlos. Tendrá que ser a la próxima…

Gili T, tu lugar de vacaciones (NO!)

3 Sep

Después de dormir 2 horas (y bajo los efectos del arak), el miércoles 3 de agosto nos despertamos para ir a las islas Gili.
Bueno, en realidad solo a una. Teníamos previsto pasar unos días en Gili Air, pero por un error en el ticket que interpretamos como una señal*, pusimos rumbo a Gili Trawangan.

El trayecto fue toda una aventura que nos llevó un día entero, y eso que las islas están a relativa corta distancia de Padang Bai. Pagando unas 350.000rp se puede viajar en Fast Boat, tardando unas 3h en total, pero nosotras, más chulas que un ocho, decidimos hacer el viaje “al estilo local”. Esto es, cogiendo un ferry que tardó 4 horas en recorrer los 25kms que separan Bali de Lombok.

en el Ferry

El ferry nos dejó en Lembar, desde donde nos montamos en un minivan que nos llevó en 2h hasta Bangsal, más al norte. Desde allí salen los public boats que te dejan en las Gili. La minivan era un peligro, y apestaba a gasolina y a humos del motor. La carretera, muy bonita eso sí, estaba llena de monos diabólicos de los que ya os hablé en un post anterior. Y Bangsal está lleno de hijos de puta. Mira, así tal cual lo digo. Si alguien tiene una bomba de sobras, que me la mande que ya sé donde voy a colocarla.
Por suerte allí sólo pasamos 1h, hasta que llegó el momento de coger nuestro public boat. Esto es un barquito de madera que tiene pinta de naufragar en cualquier momento, y al que es divertidísimo ver montarse a todas las turistas que van en plan “Eat, pray, love” con sus vestiditos y sus trolleys de ruedas. Porque los barcos atracan en la costa y para montarse hay que mojarse los pies, alzar la maleta y tener mucho equilibrio. Y las faltas tobilleras no ayuadan, la verdad.

El conductor del Public Boat

Gilli T (como se la conoce coloquialmente) es una isla concebida por y para los turistas. Para mi reúne lo peor de Mallorca, Salou y Port Aventura. Un parque temático del “pase un fin de semana en la playa”. Precios europeos, niñatas con maquillaje, comida italiana, mexicana, japonesa. Ni un ápice de cultura indonesia asoma desde ningún ángulo. ¡Buuuuuh! UN BLUFF. Además esta isla es conocida como “The Party Island“, famosa por sus raves y sus full moon parties, pero como estábamos de Ramadán (desde ya mi palabra más odiada del diccionario, seguida muy de cerca por “arroz” y “marionetas”) ni siquiera tenían de eso. ¿Resultado? Todos una panda de yonkis con el mono.

Y la foto no os creáis que es anecdótica. Vas andando por la calle y te gritan “magic mushrooms” y “mushrooms milkshake” por todas partes. ¡Pero luego ayunando, vaya a ser que Alah se enfade!

Pero a ver, por qué le tengo tanta tirria, si siendo una isla no puede ser tan malo… Analicemos, qué cosas buenas se pueden hacer o tiene una isla del Pacífico:

Coral Reef. Muy bien, las barreras de coral están muy bien. Pero duelen en los pies, y en esta isla no puedes meterte en el agua sin llevar reef shoes a riesgo de parecer un nazareno de semana santa.

Playas de arena blanca. Y llenas de mierda. Por favor, señores de Greenpeace, ¿podrían venir a dar collejas a Indonesia? Y de paso os lleváis un par de tanques de bolsas de plástico y paquetes de Lays.

Sunset. Vale, correcto. El atardecer es muy bonito, pero me ocupa 10 minutos al día. Que alguien me explique qué hago con las 23h y 50minutos restantes.

Sunset desde el Sunset Bar

Dar la vuelta a la isla. Y te dicen “te alquilas una bici”. Pero no te dicen “el camino es de arena blanda y no se puede pedalear por él”. Tanto es así que acabamos conduciendo por la playa, que era más fácil. Muy bonito, pero un coñazo.

bike 🙂

Darte un bañito. Podéis intentarlo, aunque yo no os lo recomendaría. La corriente es tan fuerte que en menos de un minuto te lleva de cabeza al puerto. La parte buena es que puedes dar la vuelta a la Isla más rápido que en bici.

Tomar el sol. ¡Bien! Eso si, ¿no? Lástima que haya overbooking, y que el sonido de la mezquita más la música de los 3 bares que tengo detrás más los gritos de “necklace necklace cheap cheap” de los vendedores ambulantes se cuelen por encima del sonido de mi Ipod.

Gili T es Mallorca

Dormir y descansar. ¡Jajajaja, buen intento! Claro, es que la mezquita ha decidido que aquí no duerme ni el tato, y cada 4 horas se ponen a dar berridos. Especialmente hiriente a las 4:30 a.m. Me cago en el Ramadán. Ya lo he dicho.

Así que tras 2 días (y mucho hemos aguantado) nos las piramos, salimos por patas de este agujero del demonio. A quien le guste el plexiglás que se quede la isla enterita, que yo no la quiero ni regalada. Aunque al menos he sacado fotos bonitas. Eso sí, esta vez nos vamos en Fast Boat, que hemos aprendido la lección.

Ah, si tras mi destripe alguien decide ir de todas formas, recomiendo encarecidamente dormir en el Izzi Homestay. Un lugar sencillo y baratito en el interior, tranquilo, limpio y llevado por gente buena. Que, creédme, no es tan fácil de encontrar por estos lares.

*Moraleja: En adelante sólo seguiré las señales de tráfico.

¡Estoy en Australia! ¿No os lo había dicho?

7 May

Lo siento, no me echéis la bronca… ya, ya lo sé… he estado un poco vaga últimamente con esto del blog. Pero es que esto de cambiar de país es muy estresante!!

Bueno, y ahora que habéis aceptado mis disculpas, a lo que íbamos:

El día 20 de abril nos despedimos de nuestra querida NZ y nos plantamos en Melbourne, Australia. Os la presento:

Melbourne - Lectores ; Lectores - Melbourne

¿Maja, eh?

Llegamos justo antes de las vacaciones de Semana Santa (Easter según ellos) y empezamos la cruzada haciendo Housesitting en Ashburton. Aunque está un poco lejos del centro, me sirvió para empezar a tomar contacto con calma, recorriéndomela en bici durante 3 días, y empezando a entender por qué la gente nos ha hablado tan bien de esta ciudad:

Melbourne es de colores. Es efervescente. Nunca te cansas de mirarla.

También, todo hay que decirlo, empecé a atisbar (y es que no es oro todo lo que reluce) por qué tal vez esta ciudad no sea para mi:

Melbourne es un poco repelente. Mucha modernez, mucha media rota, mucho empeño en parecer.

Lo que pasa es que yo soy fácil de convencer, y Melbourne es muy persuasiva. Un poquito de lo bueno y un poquito de lo malo, si lo mezclas bien, queda resultón. Y si además puedes disfrutarlo con las personas correctas (couchsurfing, de nuevo: Gracias!) , pues nada… aquí me tenéis, ¡enamorada de Melbourne!

Lástima que sea tan caro y tan difícil encontrar trabajo, porque si no me veo anclada aquí hasta que me expire el visado…

NZ, Cosas que me tienen fascinada (III): Vivir en un autobús

30 Mar

Lo que se lleva entre los campers y los jubilados. ¡Qué caravana ni qué niño muerto! Compras un autobús, lo tuneas, y tienes una casa móvil más grande que la media de pisos en barcelona o madrid. Siento no tener fotos del interior, pero estas chozas tienen horno, nevera, salón, sofás, tele… un chollazo! Las hay hasta con “tejado” y chimenea. Si queréis uno avisadme, he visto un par a la venta…

Este tiene remolque, ¡y atención al detalle de la parabólica!

Marlborough y de vuelta a Christchurch

27 Mar

Nuestra última semana en la isla del sur empezó en la zona de Marlborough.

Esta es conocida por sus vinos (que desgraciadamente no probamos) y sus sounds (que no llegan ni a la suela de los zapatos a Milford y nuestro adorado Doubtful).

Marlborough Sounds

No sé si os lo he comentado antes, pero estamos un poco hartas de “cosas bonitas“. Llevo tanto tiempo rodeada de paisajes exhuberantes que casi me apetece ver un polígono industrial, con sus grises chimeneas humeantes, apestosas y (sobretodo) feas. Pero bueno, mientras eso llega, me tocará seguir sufriendo las excelencias del paisaje neozelandés. Qué agonia!

Desde allí fuimos bajando por la costa este, haciendo parada en Kaikoura. Allí vimos (por enésima vez) una colonia de focas (¿cómo puede haber tantísimas?) y nos dimos un capricho de campeonas. Os dejo la prueba del delito:

Restos del Crayfish

Y entonces regresamos a dónde todo empezó. Al origen de nuestra aventura por la South Island, la ciudad en la que tantas expectativas habíamos puesto y que decidió desaparecer 5 minutos antes de nuestra llegada. Ese Christchurch que nunca veremos y que nos moríamos de ganas de conocer, que nos tuvo durmiendo en el suelo y que nos hizo huir tras 48h en el aeropuerto.

Durante 4 días hemos intentado reconciliarnos con ella, pero ha sido complicado. La ciudad, como tal, no existe. El centro está cerrado, gran parte de la población sigue, tras un mes, sin agua ni electricidad, la playa está contaminada y las casas más que castigadas. Cada persona tiene una historia para ponerte los pelos de punta. Y luego están las réplicas, cada día y cada noche, para nunca puedas olvidarte del todo de lo que pasó.

Suerte que existe couchsurfing, que nos ha dado lo mejorcito de Christchurch. Hemos conocido a Matt y a sus compañeros, y a sus amigos, y a sus preciosos perros. Y sus locas ideas y su casa alucinante. Entre todos nos han hecho sentir como en casa en una ciudad que nos echó “a patadas” nada más llegar. Thank you Matt, for making us feel home, and feel safe and happy all the time.

De nuevo la energía de la gente está por encima de todo lo demás. Y esta vez realmente lo necesitábamos.

Bien está lo que bien acaba. Y con esto acabamos nuestra ruta por la Isla del Sur. Wellington nos espera.

Southern Scenic Route (I): De Southland a Fiordland

10 Mar

El lunes empezamos a recorrer la Southern Scenic Route (SH92). El primer tramo, de Dunedin hasta Invercargill, no es muy largo (unos 220 kms) pero nos llevó casi todo el día. ¿El motivo? Pues el de siempre por estos lares… QUE ES PRECIOSO!!!!

Nugget Point

La ruta atraviesa The Catlins, pasando por sitios tan bonitos como el de la foto (a estas alturas ya os habréis dado cuenta de que a los kiwis les van mucho los lighthouse), bosques con cortos walks que te llevan a cascadas de ensueño, playas gigantes, acantilados espectaculares. ¿Lo que mas nos gustó? Sin duda, Curio Bay. Allí viven algunos Yellow-Eyed Penguins, y los pudimos ver “del todo”, fuera de sus nidos, paseándose por la playa con su torpeza característica. El truco está en llegar sobre las 8 p.m, que es cuando vuelven “del curro”. ¿A que son monos?

¡Hola señor pingüino!

En Invergargill (que no tiene nada de especial) nos quedamos en casa de Dory, otro couchsurfer. El tío es pura energía y la hospitalidad con patas. Es alucinante la gente de esta isla, en serio, cada día que pasa nos sorprendemos más.

Bluff

Al día siguiente Laura y yo cumplíamos 4 meses de viaje. ¡4 meses ya! La de cosas que hemos hecho en este tiempo, miro hacia atrás y flipo… Para celebrarlo, nos fuimos con Dory hasta Bluff. Muy fuerte que sólo esté a 4810 kms del Polo Sur… probablemente nunca voy a estar más cerca.

Allí hicimos un walk de unas 3h, subiendo hasta un mirador. Y luego, como toda celebración que se precie, nos fuimos a por la comida. ¿Y qué es lo típico de Bluff? LAS OSTRAS. La temporada empieza en abril, pero ya han llegado las primeras… A mi siempre me habían dado jernita, por eso de que el bicho esté vivo y tal… pero es que aquí se las comen rebozadas, así que no hay excusa que valga. ¡Y bien buenas que están! A ver si aprendemos en Europa, ¡menos delicatessen y más rebozao!

Por la mañana nos despedimos de Dory y de las ostras y seguimos con nuestro camino. De nuevo, carreteras desiertas sin apenas pueblos, sólo algunas granjas. Kilómetros y kilómetros sin cruzarte con nadie, ni falta que hace, porque esto es espectacular. Nuestro destino (como próximo campamento base para los próximos 2 o 3 días) era Te Anau.

A las puertas de Fiordland descubrimos las Glowworm Caves, unas cavernas subterráneas llenas de luciérnagas (¡Gusiluz!) que parecen un cielo estrellado. No teníamos previsto hacer la excursión, pero como el dólar neozelandés ha bajado mucho, nos dimos el caprichito (65 NZ$). La visita a la cueva es alucinante, pero el barco que atraviesa el lago Te Anau para llegar hasta ellas hace que la excursión de por sí ya valga la pena.

En barco hacia las Glowworm Caves

¿Precioso, verdad?

Se llama Fea

6 Mar

Os presento a nuestra nueva compañera de viaje.

La Fea

Ella es nuestra amiga, nuestro transporte y nuestra casa desde hace una semana. Y nos acompañará durante todo el Road Trip por la isla del Sur. La llamamos La Fea por razones obvias, pero no os dejéis engañar por las apariencias. Se porta muy, muy bien y no se queja nunca. Aunque  a veces bebe demasiado.

Con ella hemos recorrido la carretera número 8, que va de Queenstown a la costa este. Es una carretera preciosa de verdad, que atraviesa ríos, puertos de montaña y pasa junto a unos lagos espectaculares. Unas vistas que quitan el hipo!

Lake Tekapo

La Fea también nos ha llevado hasta el Mt Cook, que  es la montaña más alta de NZ, y hasta sale en los billetes de 5 NZ$! No os voy a engañar, no subimos hasta arriba. Pero es que eso es para profesionales hombre! Nosotras nos “conformamos” con un precioso walking track de 2 horitas desde el pueblo hasta el “kea point“, un mirador a los pies de la montaña desde el que admirar su grandeza y la de los glaciares de los Alpes Neozelandeses. También sufrimos sus vientos gélidos, así que tenía que hacer algo para entrar en calor:

Saltando con el Mt Cook!

Nuestra nueva amiga también nos acompañó hasta la costa. En Twitzel se nos llevaba el viento, y la carretera daba un poco de miedito. Este país es muy inseguro. Construyen sobre volcanes activos, sobre fallas que causan terremotos, y los vientos huracanados son el pan nuestro de cada día. Pero no me quiero ir por las ramas… Desde el ventoso Twitzel bajamos hasta Oamaru. Un pueblo como cualquier otro, pero con un pequeño casco antiguo como de otra época. Edificios coloniales de reminiscencias victorianas, y tiendas con aires circenses o vintage. Una maravilla encontrar algo así en un país donde todo es tan nuevo.

Second Hand Bookshop, Oamaru

En Oamaru queríamos ver pingüinos. Es lo que tiene estar tan cerca del polo sur. Tienen una colonia de Blue Penguins que vuelven a su playa cada noche después de “trabajar”. Para verlos hay que pagar 25NZ$, pero no parece muy justo pagar por ver animales salvajes en su hábitat natural, así que decidimos ir a ver los Yellow-Eyed Penguins, que también habitan una playa de la zona. Ver estos es gratis, ¿y sabéis por que? Porque son mentira!! Estuvimos 1h30m esperando, y ni un triste pingüinito. Suerte que había algunas focas, que siempre animan el cotarro…

La decepción fue sólo a medias porque al día siguiente llegamos a Dunedin, y aquí -según la Lonely Planet- también viven algunos de estos pájaros (aunque en ese punto yo no me creía mucho. Hasta que no lo vea con mis propios ojos no me fío de nadie!). Aprovechando que es un nucleo de población “importante”, decidimos darle un poco de intimidad a La Fea, y alojarnos en casas “de verdad” durante 3 noches. Así que gracias a Couchsurfing (y a Matt, a René y Marcus, y a Amanda) hemos podido dormir y ducharnos en condiciones durante nuestro tiempo aquí.

Dunedin es una ciudad pequeña, pero llena de vida. Al ser ciudad universitaria está llena de gente joven, hay muchos cafés y tiendas con encanto. Tienen también un jardín botánico muy recomendable, una galería de arte modesta pero muy interesante, y según dicen, uno de los mejores museos de por aquí: el Otago Museum. Qué pena que no lo encontráramos!! Así que si alguien ha estado en el museo, que me lo cuente porque yo fuí incapaz de dar con él… otra vez será!

Junto a la ciudad de Dunedin se encuentra la Otago Península.

Otago Península

La carretera es terrible, estrechísima y con unas curvas muy cerradas, pero vale totalmente la pena. Al final, sobre un precioso acantilado, se encuentra el faro. Y ese mágico lugar aloja la Albatros Colony, donde además de albatros (gaviotas gigantes), se pueden ver focas y, por fin… pingüinos! No puedo poner fotos de los bichitos, porque estaban dentro de sus nidos (era un poco pronto) y las fotos no son muy “descriptivas”. Pero os dejo con una panorámica del lugar para que veáis que, aunque no seáis muy fans de los pájaros, no tiene ningún desperdicio.

Albatros Colony

Nos vamos hacia el sur. Os veo allí.

 

 

 

Puedes llamarme Thelma.

6 Feb

Tras nuestra maravillosa primera experiencia de Help Exchange en el Lavender Hill, nos tocaba cambiar y movernos un poquito más al Sur de Auckland. El martes nos fuimos a coger el ferry hasta Whitford, para ir a hacer otro exchange durante 2 semanas en un “luxury Bed & Breakfast” del que no voy a poner el nombre para no publicitarlo. Aunque no tengo fotos -me declaré en rebelión fotográfica-, el sitio era precioso precioso preciosísimo.

Pero, amigos, después de 3 meses de extrema suerte con la gente que nos ha rodeado, por fin ha pasado lo que tenía que pasar. Parafraseando a mi beloved Dani, “Ya tardábais en encontrar a alguien humano”. Y en este caso ha sido una desequilibrada mental loca de los gatos con un excelente gusto para la decoración. A saber:

La señora habla por los codos para no llegar a ningún sitio, y hace “pausas dramáticas” de unos 30 segundos porque entre divagación y divagación pierde el hilo de lo que cuenta. Eso no es tan grave.

Se inventa las normas sobre la marcha y está llena de manías. Eso implica que tu trabajo normalmente tiene que hacerse 2 veces, y que nunca, repito, nunca está satisfecha con el resultado. Eso ya es un poquito peor, porque me toca los huevos y yo estoy de vacaciones, oiga.

Pero lo divertido es que se cree que tiene 2 gatos cuando, de hecho, tiene 7 (que yo pudiera contar).

Y lo que ya es para partirse son las firmes convicciones sobre las que no puedes, bajo ningún concepto, hacerla cambiar de opinión. Ejemplos:

– Los romanos eran tontos porque el sistema de cloacas transmitía las enfermedades alrededor del imperio. Que inventaran el sistema de cloacas no les justifica.

– El inglés viene del latín. El indoeuropeo también. (Aquí la cara de Laura era para darle al pause y enmarcarla)

– Cuando alguien tiene mal el estómago, la última cosa en el mundo que debería comer es arroz. A la mierda con la cultura popular de nuestras abuelas. Lo siento, yaya.

– Photoshop e Iphoto son lo mismo.

– Los conejos comen lechuga, pero no espinacas. Porque las espinacas tienen clorofila.

– Su perrita de 5 meses tiene miedo absolutamente de todo. Eso significa que es inteligente y piensa. El resto de los cachorros son tontos.

Perlas de las guapas. Y eso es solo una muestra. Que visto así hace gracia y tal, pero si además te quiere disponible las 24h (para vuestra información las condiciones del intercambio son 4h de trabajo a cambio de alojamiento+comida) y te trata de sirvienta, pues le pueden dar por donde tú y yo sabemos.

Así que tras 2 días de weeding, mulching y aguantarla, dedidimos planear una huida. Nos pusimos en modo Thelma & Louise pero sin Brad Pitt de por medio (ooohhh…). Como Marty se ofreció a venir a recogernos, queríamos escaparnos huyendo mochila a cuestas, con él esperando en la puerta en plan heroico. Y gritar eso tan peliculero de “Marty!! ARRANCAAAA!!!”. Pero la loca al final nos chafó el tema y nos plantó en una parada de autobús. La tía perra, 3 días dando por saco y al final dedide ser maja y la caga. NOS DEJÓ SIN ESCENITA!!! Que bueno, también puede tener algo que ver que nosotras actuáramos como personas adultas y le contáramos que nos íbamos…

Sea como sea, le dejamos un regalito que algún día descubrirá. Que fué un accidente, lo juro. Y que yo creo que ya estaba así cuando llegamos… No voy a contar nada pero os dejo con una recreación de los hechos. Cada cual con sus conclusiones:

ups!

Así que el sábado noche volvíamos a estar en Auckland. En la casa de los chicos, nuestro “refugio oficial” en este país. Pudimos celebrar la vuelta a casa con una BBQ y una fiesta en casa de unos amigos. Que a la BBQ fuimos de acople, pero a la fiesta fuimos invitadas formalmente. Y eso significa que ya tenemos amigos propios aquí! Biennnn!!!!!

Es una tontería, pero hace ilusión 🙂

🙂

Lavender Hill

30 Ene

Sé que muchos estábais esperando este momento. Ha llegado la etapa Farmville y por fin me he calzado las chirucas!

Como algunos ya sabíais, teníamos en mente hacer algunas estancias en granjas y hoteles rurales para “trabajar” a cambio de alojamiento y comida. Es una forma de ahorrar dinerito, de disfrutar de experiencias nuevas y de entrar en contacto gente del país. Gracias a Help Exchange hemos empezado esta nueva fase del viaje, de momento con un balance más que positivo.

Durante esta semana hemos estado en el Lavender Hill, un precioso Bed&Breakfast a 30 minutitos al norte de Auckland. En él, además, cultivan limoneros, lavanda, romero y olivos.

Rincones del Lavender Hill

Esta semana hemos aprendido a cosechar lavanda, a destilarla y a hacer aceites esenciales con ella. Según nos dice Tricia (nuestra anfitriona) el aceite de lavanda va bien para todo.

También hemos aprendido que el pastel de chocolate sólo sabe a chocolate si no le echas nada más, aunque no por ello es aburrido. Que las chirucas son comodísimas pero imposibles de dignificar. Que un perro puede ser obeso aunque se pase el día persiguiendo piñas. Que está feo discriminar a las “malas hierbas”, porque seguro que no son tan malas.

Y sobre todo, sobre todo, hemos aprendido que trabajar en el campo no es tan duro si luego puedes meterte en un jacuzzi climatizado.

36º

Yo de mayor quiero ser granjera.

¡Que viva el campo!