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Los templos de Angkor

15 Dic

Cruzar la frontera entre Thailandia y Camboya por Aranyaprattet requiere un ejercicio de contención de nervios, paciencia y buena suerte que no todos son capaces de sortear con elegancia. Ni sin ella, para qué engañarnos. No me voy a extender en el tema porque la red está llena de blogs y consejos sobre como cruzarla de la forma menos dolorosa (y más económica) posible pero voy a comentar 2 cosas que a mi me ayudaron:

1) Informaros bien. Usad todos esos recursos a vuestro alcance e id preparados (en especial mentalmente) para cualquier eventualidad. Leer sobre las experiencias de otros viajeros, sobretodo las más recientes, para saber qué nuevo tipo de scam se han ingeniado para rascarnos los dólares. Cuanto más sepáis sobre el tema, menos constituiréis un blanco para los timadores.

2) Si sois viajeros individuales como servidora, sacad vuestras dotes de socialización e intentad agruparos con gente antes de cruzar. Ir en grupo siempre ayuda a rebajar la tensión, 4 ojos ven más que dos y, muy especialmente, vuestro poder de negociación se multiplica.

Con estos dos consejitos y un par de valerianas estaréis sanos y salvos. Y os prometo que vuestros esfuerzos serán recompensados, porque lo que os espera al otro lado de la frontera es simplemente para quitarse el sombrero.

Y no me estoy refiriendo a la amabilidad y simpatía permanente de los camboyanos, ni a los mantos de todos los verdes imaginables en los campos de arroz, ni a los preciosos pueblitos de bambú que os cruzaréis en el viaje…

Me estoy refiriendo a los Templos de Angkor, que para la mayoría constituyen la Perla del sureste asiático. Y no es para menos, ya que el complejo de templos hindús (que incluye Angkor Wat, el mayor edificio religioso del mundo) representa la perfecta combinación entre creatividad y espiritualidad en la que fuera la capital del antiguo imperio Jemer. El precio, teniendo en cuenta que es uno de los países más pobres del mundo, es bastante elevado (20$ por la entrada de un día o 40$ por la de 3) y duele pagarlo sabiendo que van a parar directamente a capital privado, pero después de un par de horas allí se te pasa el dolor del monedero y el sarpullido en la conciencia. Y pasas a sufrir de dolor de pies, alergia a los japoneses y agotamiento crónico en la cámara de fotos.

La visita se puede hacer en moto, bici (una pequeña locura si tenemos en cuenta que el perímetro de el principal grupo de templos es de 45kms), o en tuk-tuk. Incluso en elefante, aunque a mi esas horteradas no me van. Además, hace unos años en la India tuve una mala experiencia cunado fui vilmente secuestrada por un conductor de elefante que me exigia una propina (un peaje, diría yo) por dejarme bajar del bicho. Yo me hubiera quedado allí todo el día discutiendo si no fuera porque el animal estaba acatarrado y cada vez que estornudaba me ponía fina con esa trompa que parecía un aspersor de gelatina verde. Esa traumática anécdota supuso el fin de mi relación con los elefantes, y desde entonces no puedo evitar mirar Dumbo con recelo.  Resumiendo, que yo vi los templos en tuk-tuk. Barato, práctico y mucho menos arriesgado.

Los días son agotadores, física y sensorialmente. Porque lo que hay allí, señores, no hay palabras suficientes para que ustedes lo entiendan. ¡Qué maravilla! Si intentas mentalmente reconstruir cómo debió ser aquello en su momento de máximo explendor puedes sentir el efecto dominó en tus neuronas, que se van desmayando una a una. Templos los hay para todos los gustos: grandes o pequeños, de piedra o de tochos, reconstruidos o en ruinas,… Normal, habiendo más de 1000 es lógico que tengamos donde elegir. Yo personalmente me decanto por los menos transitados y que han sido “tomados” por la jungla, con esos árboles de raíces gigantes abriéndose paso entre las piedras. Algunos crecen, literalmente, sobre ellas. Me parece de lo más poético. Es como si la naturaleza nos hablara, nos reclamara el espacio que un día le arrebatamos sin preguntar para construir nuestros santuarios.

Sobre Angkor Wat, la niña bonita del grupo, diré que es enorme y espectacular. Aunque como bien sabéis, si hay una palabra que aterra a todo turista (al turista de catedrales, no al de litronas en Salou) es: andamio. Que yo entiendo que hay que reparar y limpiar y arreglar para que las cosas estén bonitas, pero ya podrían haber elegido otro día para ello. O al menos haber puesto lonas más discretitas, que ese verde no hay photoshop que lo disfrace…

Cerquita de los templos hay otras cosas interesantes de ver, como las cascadas o los Floating Villages. Así que mi último día pasé media jornada subida en un barco explorando estos mágicos pueblos. No es la primera vez que veo algo así (ni la segunda) pero nunca deja de sorprenderme cómo un río puede articular todos y cada uno de los aspectos de la gente que vive allí.



También hay que decir que esto pasó el día 8 de noviembre, en que servidora cumplía un año de viaje. Y lo celebré haciendo algo que, al menos yo, no hago todos los días. No solo flipando con los templos y los pueblos, sino conduciendo el barco por el río de vuelta a casa. ¡Tengo pruebas!

Yo encantada por llevar semejante armatoste, y el conductor encantado porque alguien estaba haciendo su trabajo. Win – Win.

Termino recomendando alojamiento en Siem Reap: Siem Reap Rooms Guesthouse. Entra en la categoría de budget accomodation, y aunque en Siem Reap podéis encontrar cosinas más baratas os aseguro que quedarse aquí vale mucho la pena. No deja de ser económico, está muy bien situado, muy limpio y lo lleva una pareja de canadienses que son viajeros experimentados, por lo que saben lo que los backpackers necesitamos. Están siempre dispuestos a ayudarte, y lo hacen sin atender a comisiones o sobornos de otros negocios. Y os aseguro que todo eso, tras un día eterno visitando Angkor, se agradece.

Día 2 (y último) en San Francisco

26 Nov

A mi me habían dicho que en esta ciudad había niebla. Pues me siento estafada, que lo sepáis. Un día claro, con un sol espectacular y sin nada de bruma nos ha acompañado durante todo el Thanksgiving 🙂

De buena mañana nos hemos plantado en el Golden Gate Bridge, uno de los highlights imprescindibles de la ciudad. Como en todo punto turístico, la masa de japoneses impedía ver nada hasta que a codazos de hacías un hueco. Eso si, como van a golpe de silbato en los autocares, a la que bajas dos escalones los pierdes de vista.

El puente? pse… me lo imaginaba más grande…

Golden Gate Bridge

Ja! Es broma. Es un bicharraco enorme! No teníamos intención (ni tiempo) de cruzarlo, pero yo en un arranque me he puesto a andar por él, y he llegado al primer pilar. Vaya paseíto! Con deciros que se organizan rutas en bici para cruzarlo que -ojo al dato- te devuelven en ferry desde la otra punta…

Después hemos ido al Golden Gate Park, que paradójicamente NO está al lado del puente. Intentábamos encontrar el Japanese Tea Garden, pero nuestra incapacidad para leer mapas y seguir indicaciones nos lo ha impedido. De todos modos, el parque precioso, con unos lagos monísimos (y hasta una cascada!), aunque con demasiadas palomas para mi gusto.

Golden Gate Park

Justo a la salida del parque está el barrio de Haights Ashbury. Es el barrio hippy, lleno de grafittis y tiendas geniales. La pena es que al ser Thanksgiving casi todo estaba cerrado y nos hemos limitado a flipar con el colorido de sus calles. Es una buena excusa para volver, no?

Grafitti en Haights

Teníamos el coche aparcado cerquita, y nos hemos subido para realizar la ruta del “49 miles Scenic Drive”. Es una ruta en coche que te lleva por la mayoría de los puntos imprescindibles de la ciudad. Si tenéis poco tiempo -como es nuestro caso- para visitar San Francisco, es súper recomendable hacerla. En especial el tramo de Twin Peaks, donde la carretera se encarama a una colina desde donde se ve toda la ciudad. Awesome!

Vistas desde Twin Peaks

Hemos aparcado el coche en Alamo Square, un parque rodeado de casitas victorianas. Os suenan estas?

Casitas Victorianas, Alamo Square

¡Muy bien! Son las que aparecían en la cabecera de Padres Forzosos!! 🙂 Perdonad la frikada, pero es que este dato me hace muchísima gracia!

Luego nos hemos retirado al Hostel, que aunque esta en una zona un poco rara, está genial (y sin ratones!!).  Allí hemos disfrutado de nuestra primera cena de Thanksgiving. Hemos comido el típico pavo, con su relleno, su puré de patatas, su mermelada, sus tartas de postre. Todo muy americano y muy rico. Suerte que me voy en un par de días de este país, porque si me tiro otra semana zampando así tengo que empezar a ensanchar las puertas!

Me despido de San Francisco hasta la próxima (porque me ha sabido a poco). También me toca despedirme de Nuria y de Iki (I’ll miss you baby, nos vemos en Singapur… ;P ), os deseo que tengáis muy buen viaje!

Próxima parada: L.A.

Carnet de Alberguista

24 Oct

Faltan 15 días para el viaje y estamos ultimando los detalles.

Hace un par de días Laura y yo fuimos a hacernos el carnet de Alberguista Internacional.

Este carnet te permite alojarte en los 4500 albergues repartidos por el mundo y que forman parte de la Federación Internacional de Albergues Juveniles (La red española es la Reaj; la catalana es Xanascat).

Son albergues con precios muy competentes, y que garantizan unas condiciones higiénicas superiores a otros establecimientos del mismo rango de precios (tema que me preocupa mucho). Además, acostumbran a ser punto de reunión de jóvenes (y no tan jóvenes) viajeros, por lo que se convierten en imprescindibles a la hora de conocer gente y compartir experiencias. En la web de la Federación (link más arriba)  se encuentran las listas completas de albergues, organizados por continentes y países.

El precio del carnet es de 5 eurinchis si eres menor de 30 años, 12 si superas esa edad, y tiene validez de un año desde la fecha de expedición. Para conseguirlo, sólo tienes que acudir a cualquiera de los albergues adscritos con el DNI, y en unos minutos lo tienes en tus manos.

También hay algunos organismos que lo tramitan, como el Centre d’Informació i Assessorament per a Joves (CIAJ) al que acudimos nosotras. Si eres de Barcelona y estás organizando un viaje, de cualquier tipo, te recomiendo que te pases por allí. Tienen una biblioteca (Viatgeteca, según ellos) repletita de guías y revistas de viajes, de todos los destinos imaginables. De momento son para consulta in situ, pero en breve abrirán el servicio de préstamo. Además de cursos y charlas, ofrecen un servicio de asesoramiento (los jueves por la tarde, hay que pedir cita), donde una persona experta en viajes – destinos, tramites, requisitos, papeleo… – te ayuda a organizar tu aventura. Nosotras no lo hemos usado porque lo llevamos preparando desde hace meses, pero me parece un servicio súper interesante que nos hubiera ahorrado bastante tiempo de haberlo sabido antes,…

Tengo mochila, tengo chirucas, y tengo carnet de alberguista. ¿¡Estoy o no estoy on fire!?