Los templos de Angkor

15 Dic

Cruzar la frontera entre Thailandia y Camboya por Aranyaprattet requiere un ejercicio de contención de nervios, paciencia y buena suerte que no todos son capaces de sortear con elegancia. Ni sin ella, para qué engañarnos. No me voy a extender en el tema porque la red está llena de blogs y consejos sobre como cruzarla de la forma menos dolorosa (y más económica) posible pero voy a comentar 2 cosas que a mi me ayudaron:

1) Informaros bien. Usad todos esos recursos a vuestro alcance e id preparados (en especial mentalmente) para cualquier eventualidad. Leer sobre las experiencias de otros viajeros, sobretodo las más recientes, para saber qué nuevo tipo de scam se han ingeniado para rascarnos los dólares. Cuanto más sepáis sobre el tema, menos constituiréis un blanco para los timadores.

2) Si sois viajeros individuales como servidora, sacad vuestras dotes de socialización e intentad agruparos con gente antes de cruzar. Ir en grupo siempre ayuda a rebajar la tensión, 4 ojos ven más que dos y, muy especialmente, vuestro poder de negociación se multiplica.

Con estos dos consejitos y un par de valerianas estaréis sanos y salvos. Y os prometo que vuestros esfuerzos serán recompensados, porque lo que os espera al otro lado de la frontera es simplemente para quitarse el sombrero.

Y no me estoy refiriendo a la amabilidad y simpatía permanente de los camboyanos, ni a los mantos de todos los verdes imaginables en los campos de arroz, ni a los preciosos pueblitos de bambú que os cruzaréis en el viaje…

Me estoy refiriendo a los Templos de Angkor, que para la mayoría constituyen la Perla del sureste asiático. Y no es para menos, ya que el complejo de templos hindús (que incluye Angkor Wat, el mayor edificio religioso del mundo) representa la perfecta combinación entre creatividad y espiritualidad en la que fuera la capital del antiguo imperio Jemer. El precio, teniendo en cuenta que es uno de los países más pobres del mundo, es bastante elevado (20$ por la entrada de un día o 40$ por la de 3) y duele pagarlo sabiendo que van a parar directamente a capital privado, pero después de un par de horas allí se te pasa el dolor del monedero y el sarpullido en la conciencia. Y pasas a sufrir de dolor de pies, alergia a los japoneses y agotamiento crónico en la cámara de fotos.

La visita se puede hacer en moto, bici (una pequeña locura si tenemos en cuenta que el perímetro de el principal grupo de templos es de 45kms), o en tuk-tuk. Incluso en elefante, aunque a mi esas horteradas no me van. Además, hace unos años en la India tuve una mala experiencia cunado fui vilmente secuestrada por un conductor de elefante que me exigia una propina (un peaje, diría yo) por dejarme bajar del bicho. Yo me hubiera quedado allí todo el día discutiendo si no fuera porque el animal estaba acatarrado y cada vez que estornudaba me ponía fina con esa trompa que parecía un aspersor de gelatina verde. Esa traumática anécdota supuso el fin de mi relación con los elefantes, y desde entonces no puedo evitar mirar Dumbo con recelo.  Resumiendo, que yo vi los templos en tuk-tuk. Barato, práctico y mucho menos arriesgado.

Los días son agotadores, física y sensorialmente. Porque lo que hay allí, señores, no hay palabras suficientes para que ustedes lo entiendan. ¡Qué maravilla! Si intentas mentalmente reconstruir cómo debió ser aquello en su momento de máximo explendor puedes sentir el efecto dominó en tus neuronas, que se van desmayando una a una. Templos los hay para todos los gustos: grandes o pequeños, de piedra o de tochos, reconstruidos o en ruinas,… Normal, habiendo más de 1000 es lógico que tengamos donde elegir. Yo personalmente me decanto por los menos transitados y que han sido “tomados” por la jungla, con esos árboles de raíces gigantes abriéndose paso entre las piedras. Algunos crecen, literalmente, sobre ellas. Me parece de lo más poético. Es como si la naturaleza nos hablara, nos reclamara el espacio que un día le arrebatamos sin preguntar para construir nuestros santuarios.

Sobre Angkor Wat, la niña bonita del grupo, diré que es enorme y espectacular. Aunque como bien sabéis, si hay una palabra que aterra a todo turista (al turista de catedrales, no al de litronas en Salou) es: andamio. Que yo entiendo que hay que reparar y limpiar y arreglar para que las cosas estén bonitas, pero ya podrían haber elegido otro día para ello. O al menos haber puesto lonas más discretitas, que ese verde no hay photoshop que lo disfrace…

Cerquita de los templos hay otras cosas interesantes de ver, como las cascadas o los Floating Villages. Así que mi último día pasé media jornada subida en un barco explorando estos mágicos pueblos. No es la primera vez que veo algo así (ni la segunda) pero nunca deja de sorprenderme cómo un río puede articular todos y cada uno de los aspectos de la gente que vive allí.



También hay que decir que esto pasó el día 8 de noviembre, en que servidora cumplía un año de viaje. Y lo celebré haciendo algo que, al menos yo, no hago todos los días. No solo flipando con los templos y los pueblos, sino conduciendo el barco por el río de vuelta a casa. ¡Tengo pruebas!

Yo encantada por llevar semejante armatoste, y el conductor encantado porque alguien estaba haciendo su trabajo. Win – Win.

Termino recomendando alojamiento en Siem Reap: Siem Reap Rooms Guesthouse. Entra en la categoría de budget accomodation, y aunque en Siem Reap podéis encontrar cosinas más baratas os aseguro que quedarse aquí vale mucho la pena. No deja de ser económico, está muy bien situado, muy limpio y lo lleva una pareja de canadienses que son viajeros experimentados, por lo que saben lo que los backpackers necesitamos. Están siempre dispuestos a ayudarte, y lo hacen sin atender a comisiones o sobornos de otros negocios. Y os aseguro que todo eso, tras un día eterno visitando Angkor, se agradece.

Una disculpa, un bombazo y algo del norte de Tailandia.

11 Dic

(Este es mi post num. 100!!)

La disculpa.
Lo primero es lo primero.
Tengo que pedir perdón porque tengo el blog muy abandonado. Que no es que no lo tenga en mente, lo que pasa es que entre los puntos fuertes del Sureste Asiático (que son muchos) no se encuentran ni la calidad de la conexión a internet ni el tiempo libre para utilizarlo. Y así me veo ahora, que os tengo que contar de un plumazo 2 meses de mi vida.
¿Casi que me pongo, no?

Norte de Tailandia.
Pues nos habíamos quedado en Laos, desde donde cogí un autobús hasta la frontera con Thailand.
El paso fronterizo de Huai Xai (lado laosiano) a Chiang Khong (lado thai) es de los facilitos, con pocos agobios, intentos de timo y demás. Y es curioso ya que de un país al otro se pasa en barco. Al llegar a Tailandia se tramita la Transit Visa, que es gratis y te permite estar en el país 15 días (aplicable a todas las entradas por tierra).
Así que con mis papeles en regla me dirijo hacia Chiang Rai, primera parada de mi aventura en este país. La verdad, me deja un poco fría. Lo más interesante, el White Palace, una extravagancia que un artista de nombre impronunciable en las afueras de la ciudad. No estáis entendiendo la magnitud de la tragedia: toda la fachada son ESPEJITOS. No olviden sus gafas de sol. (y que viva el brilli-brilli!).

Por lo demás, la ciudad es conocida por su mercado nocturno. Al principio pensé “qué bien, qué originales!” (la verdad es que el mercado está muy bien) pero luego llegúe a Chiang Mai y me di cuenta de que de originales nada. Y es que os puedo resumir Chiang Mai en 2 palabras: Pagodas y Mercados.
Pagodas: porque la Old City está repletita de ellas, con sus estupas doradas, y grupos de monjes salpican cada esquina con sus túnicas naranjas. ¡Hay tantos que ni te fijas en ellos!

Mercados: por todo y para todo. Mercado nocturno, mercado del sábado, mercado de día, mercado de los domingos, mercado para festejar esto o lo otro… ¡dios mio, esto es un no parar! ¿El mejor? El de manualidades del sábado, que tiene cositas diferentes a los requetesobaos bolsos/vestidos/collares “tribales” o hippiosos que hay en todos los demás. Y por supuesto la omnipresente comida, baratísima y muy muy muy rica. Y sin el impedimento del idioma, ya que te acercas y si te entra por el ojo lo señalas y… a la saca!

Pues bueno, entre estas 2 ciudades, sin saber muy bien como me pasé 10 días. Y no me preguntéis qué hice (a parte de ir a mercados) porque no lo tengo muy claro. El tema es que estuve
a) liada con los vídeos de cumpleaños de alguien especial,
b) bloqueada por el tema inundaciones, que seguramente a todos os llegaron en su momento. Estas ciudades estan al norte, muy lejos de Bangkok y sin rastro de agua en las calles, pero aún así este era el panorama en los supermercados…

c) absorta en mis propios pensamientos. Y esto me lleva a…

El bombazo.
Vuelvo a Barcelona.
¡Venga esos aplausos!

Como lo de lo de volver a casa por Navidad está ya muy manido, yo volveré pasadas las fiestas. Que me gusta ser original.
¿Los motivos? Es difícil de explicar, pero lo resumo en una mezcla entre cansancio acumulado, replanteamientos vitales y un echar de menos muy grande. Me di cuenta de que para seguir disfrutando lo que me queda de aventura tenía que poner una fecha (llámale objetivo, llámale meta). Y estoy feliz con la decisión, porque los 2 meses que han pasado desde entonces los he disfrutado con energías renovadas y con la ilusión del principio. Por lo de que todo lo bueno se acaba, y más vale saborearlo mientras dura… 🙂

Así que con esta nueva perspectiva y la sensación de tener los deberes hechos, otro (largo) viaje en autobús, con cruce de frontera incluído, me dejó a las puertas de La Joya del Sur de Asia.

…Continuará… (aunque no por mucho tiempo!)

Foto de regalo porque me encanta la cara de "Iluminatttttttiiiiiii" del 3º de azul por la izq.

Bye Bye Laos!

10 Nov

Don Det (4000 Islas)

 

Luang Prabang

 

Muan Sing

El norte de Laos

10 Nov

La última semanita en este genial país asiático tocó darle caña al norte.
Desde Luang Prabang cogimos un barquito en dirección a Nong Khiaw, un mini pueblito al lado del río entre 2 montañas, un enclave de lo más espectacular. El pueblo en sí no tiene mucho, es chiquitín chiquitín, pero el trayecto en barco hasta allí (5h) es de los más bonitos que se pueden hacer por estos lares. Tenía muchas ganas de hacerlo porque varios viajeros nos lo habían recomendado, y la verdad es que me encantó, tengo las imágenes grabadas en la retina. Pero sólo en la retina, no se por que pero no hice fotos así que os tendrés que fiar de mi palabra. O mejor, ¡os vais para Laos y lo comprobáis por vosotros mismos!

Desde allí, un trajecto en autobús (en 2 autobuses, para ser exactos) nos acercó a Luang Nam Tha, otro pueblo en las montañas. Es famoso por los trekkings de montaña, pero tal vez demasiado famoso, así que los precios están un pelín hinchados. Pero la buena noticia es que, a escasos 60kms hay otro pueblo, llamado Muan Sing, en el que se ofrecen los mismos trekkings a un precio mucho más competitivo. Consejito: los que viajan por libre deberán quedarse en Luang Nam Tha, porque pueden acogerse a algún grupo de trekking abierto. Los viajeros en grupo, miniván y para Muan Sing ya que os harán el trek para vosotros y os saldrá mucho mejor. Las opciones son infinitas. Excursiones de 1 a 5 días, bien por la jungla, por el parque nacional o para ver a las minorías étnicas que viven en las montañas.

Nosotros nos decantamos por la última opción, 2 días de pateo durmiendo en una Akha Village, por el módico precio de 35$ (todo incluído). Y digo “nosotros” porque en Muan Sing, Nuria y yo nos reencontramos con Carlitos y Felipe, los chilenos que conocimos en Halong Bay. Compañía inmejorable para una experiencia inolvidable. Good times!

El tour empezó visitando un templo budista, donde pude aprovechar para preguntarle a nuestro guía Som Chai algunas dudas y para sacar algunas fotos de los monjes.

En el camino visitamos varios pueblos, cruzamos jungla, fuimos atacados por sanguijuelas (asco de bichos), comimos caña de azúcar, y nos lo pasamos en grande. Dormimos en una cabaña elevada de bambú e incluso nos dieron un masaje tradicional, que después de tanto andar durante el día, nos dejó como nuevos.
Como siempre, mejor os enseño las fotos porque nada de lo que diga serviría para ilustrarlo mejor.





ESTO es el poblado



y AHÍ me "duché"



Y por supuesto, qué mejor lugar para hacer lo que tan bien se me da 😉 Ya se que este salto no es muy espectacular, pero me entró pánico escénico. Detrás de Carlitos había unos 15 aldeanos alucinando con la idea de que alguien (en este caso: YO) estuviera haciendo el canelo mientras intentaban robarle el alma…

Después de esto (insertar carita triste aquí) llegaron las despedidas. Después de un mes y medio con Nuria (no la llamaré La Nuri que se enfada) y de este reencuentro con los chilenos más majos que ha parío madre, de marché solita para Thailandia. Aunque eso ya os lo contaré otro día.

1 año / 1 year

8 Nov

Hoy se cumple un año de viaje. / Today’s the 1st anniversary of the trip.

Vamos a celebrarlo: / Let’s celebrate:

 Normalmente, suelo dar las gracias a la gente que ha estado apoyándome desde casa. Pero hoy necesitaba incluir en esta pequeña celebración a toda esa gente que es nueva en mi vida. Porque ellos (y muchos otros) son los responsables de que esta experiencia esté valiendo aún más la pena. Me faltan palabras para agradecer que nuestros caminos se hayan cruzado.

/

Usually I say thanks to all the people who is been supporting me from back home. But today I needed all the new people of my life to be a part of this little celebration. Because they (and many others) are responsible for this experience being even more worth it than it was by itself. No words enough to explain how grateful I am to have crossed paths with you.

Traducción del vídeo:

08/11/11

Hoy hay algo que celebrar. Porque hace exactamente 365 días, mi aventura empezó.

“Un año”. Suena como untiempo muy largo. Pero gracias a todos aquellos que me encontré por el camino y que estuvieron a mi lado, se siente corto. Y MARAVILLOSO.

Algunos estuvisteis en mi vida por unas horas. Otro spor varios meses. Pero, sin excepción, todos me disteis AMOR.

Amor por lo que estoy haciendo. Amor por la vida que estoy viviendo. Amor por la decisión que tomé. 

Y también me disteis historias, aventuras, experiencias y risas. Fuisteis FAMILIA.

Y como ya sabéis, los cumpleaños están para celebrarlos con la familia.

Helenita, Garick &Stephanie, Karina & Mark Z., Marty K., Nana, Stevie, Jay (Tronco), Nans, Steve & Kat, Marcel, Jessie, Lisa & Mark & Samuel, Dennis & Cathy, Tricia & John, Remi, Ricky & Pep, Laura O, Matt & Roxy & nuestro querido Mr. Kinza, Terence & Marina, Ayana, Adam (Totos), Ceallaigh, Katy, Rose & Maka, Rosa, Lea, Gore. My familia en Melbourne: David & Vin & Tui & Grandpa Jon. Simon, Kaylea, Robbeh, Marty O, Adam (dientecito), y mi orange favorita: Jarrod. Emily, Nevan, Ange, Scott, Aida, Garth, Keith & el increíble Ollie. Caedyn, Leonie, Julia & Sue & Grandpa Lemon. Björn, Yasmin, Ade, Patrick, Angelika, Miki. El equipo de Halong: Felipe, Carlitos, mis Antonias Ricardo & Pedro, Tom (melón) y Leor (jamón), la Nuri, mi querido Isaac. Y por supuesto, quien fue mi otra mitad por 7 meses, Laura. 

Estoy celebrando este día conmigo misma, pero no estoy sola. Os tengo a todos en mi corazón.

Muchas gracias, y Feliz Cumpleaños.

El sur de Laos

3 Nov

La segunda etapa en Laos la invertimos en recorrer un poco el sur del país. Esta parte normalmente es ignorada por los viajeros (excepto por los que van o vienen de Camboya) lo cual, a mi parecer, es un error. El sur es auténtico, inexplorado y precioso.

Algo a comentar sobre viajar a través de Laos: los viajes en autobús son largos (eternos, diría yo) y tediosos. Los autobuses locales son dignos de una peli de Hallowen (¡¡evitarlos!!)y los autobuses VIP o Sleeping Bus, aunque mejores, no son la octava maravilla. Las carreteras son complicadas y los conductores tienen la habilidad de conducir como animales aún sin pasar de los 40kms/h. Lo divertido de todo esto, es que es casi la única opción que tenéis, ya que no hay tren. ¡Así que paciencia!

bus local

En nuestra primera ruta, de Luang Prabang nos fuimos directamente hacia Paksé y de allí en minivan hasta Si Phan Dong (también conocido como las 4000 islas). En Vientián, la capital, sólo hicimos paradita técnica de unas horas para cambiar de autobús, pero no tiene ningún interés (para mí).
Las 4000 islas es la zona más al sur del país, en la frontera con Camboya. Es también el lugar donde el Mekong se hace más ancho, y está salpicada de cientos de islas e islotes separados por las marrones aguas del gran río. Bueno, marrones en esta época del año, porque según nos cuentan, en la estación seca sus aguas se vuelven cristalinas y es todo un espectáculo. A mi, con sus turbulencias y su color café con leche me pareció de lo más dramático.
Por 3€ cogimos un bungalow frente al agua (ducha fría, eso si) en Don Det, y por otro euro alquilamos una bici con la que fuimos a recorrer Don Khong, la isla vecina. Tranquilidad absoluta y escenarios de documental de National Geographic. Sólo un consejito, revisar bien la bici, la de Nuria estaba rota y tuvo que empujarla todo el camino de vuelta…

en Don Khong descubrí por qué les llaman Búfalos de Agua

Después de unos días de relax, deshicimos camino y nos encaminamos de nuevo a Paksé. La ciudad no tiene nada, pero la intención era recorrer el área de Champasak en moto. Pero nos desanimamos al ver la previsión de lluvia, lluvia y más lluvia para los próximos días. Y qué pasa cuando te desanimas? Que la vida te da una colleja y te dice “¡Espabila, Antonia!“.
Resulta que en todo el país se estaba celebrando el Awk Phansaa, para celebrar el fin de la estación de las Lluvias. Y en Paksé, que apenas tiene turistas, esta fiesta toma un aire cercano y tradicional. Toda la ciudad se engalana, el río se llena de barcos con velas encendidas y ¡hasta el cielo se ilumina! No sabemos ni como, acabamos acompañando a 2 monjes jovencitos durante horas, o más bien ellos nos acompañaban a nosotras, que nos hicieron mandar farolillos cargados de deseos al cielo. Fue emocionante y fue precioso.


Al día siguiente, aún con la emoción latente y con energía renovada, nos subimos a un autobús en dirección a Tha Khaek. Es otra de esas ciudades con poco que dar, pero ubicada en un fantástico enclave, que la convierte en perfecta opción como campo base. Desde allí alquilamos una moto y nos marcamos unos nada desdeñables 380 kms en 2 días. Fuimos a visitar la Kong Lo Cave, una cueva famosa por su tamaño (nada más y nada menos que 7’5kms de tunel). La cuenva en sí, correcta. Pero el camino… ¡el camino de lagrimita! ¡De lo más bonito que he visto en los últimos meses! Y el pueblo de Kong Lo, en el que pasamos la noche, totalmente de postal. Niños persiguiéndonos en sus bicis, un único restaurante que abría para que nosotras pudiéramos desayunar, búfalos cruzando la calle y casitas elevadas de bambú. Aix!

Vistas de camino a Kong Lo

La Nuri paseando por el pueblo

Y de vuelta a Tha Khaek, otra sorpresita. Resulta que tras el festival del que os he hablando antes, viene el Bun Nam (Water Festival) en el que tienen lugar carreras de barcos por todo el Mekong. Cuál es nuestra sorpresa cuando, a unos 60 kms de destino, en un pueblo que no sale en los mapas, nos encontramos los festejos. ¿Vamos un rato, no? Y para sorpresa la de los lugareños cuando vieron llegar a 2 blancas (doy fe de que eramos las únicas, probablemente las únicas en los últimos 10 años) así que se hincharon de ofrecernos cerveza, de hacernos fotos, de hablarnos, de comentarnos, de… vamos, que al cabo de una horita nos sentíamos tan observadas que huímos. Pero muy bien, muy interesante. ¡Gracias, Laos, por tus sorpresitas!

Desde allí nos volvimos para Luang Prabang (campo base oficial) pasando de largo (de nuevo) de Vientián y de Van Vieng. Por la primera, nada que objetar. Por la segunda me quedé un poco con la espinita, porque aunque el tubing no es lo mío, los alrededores (esta vez hicimos el trayecto de día) son es-pec-ta-cu-la-res. Bien hubieran merecido otro road trip en moto para explorarlos. Tendrá que ser a la próxima…

Sabaidee Laos!

28 Oct

Tras 26 horas de bus desde Hanoi*, nuestra primera parada en Laos fue Luang Prabang. Este maravilloso pueblo es de visita obligada si pisáis el país, ya que tiene mucho que ofrecer y rebosa encanto por los 4 costados.

*consejito: Si hacéis esta ruta, cambiar a Kips nada más pasar la frontera. Luego no hay opción de hacerlo y normalmente los cajeros no funcionan. Nosotras acabamos PIDIENDO dinero para poder ir al WC (que vale 1000 o 2000kips)

Luang Prabang está situada en una escénica península bordeada por 2 ríos, el Mekong y el Nam Khan. Se la conoce como “La ciudad de los 1000 templos”. En realidad tiene 32 sólo en el centro (¡ahí es nada!) así que no es de extrañar que por todas partes aparezcan los típicos monjes vestidos de color calabaza. Estos protagonizan, además, una de las estampas más típicas de la ciudad: Cada día, con los primeros rayos de sol, salen a la calle a celebrar la Ceremonia de las Almas.

Lo que pasa allí os lo puedo describir, pero no os puedo expresar la emoción que se transmite. Los monjes salen a la calle, descalzos y armados con una vasija plateada, y desfilan frente a la gente del pueblo que les espera, arrodillada, en las calles. Al pasar frente a ellos, les dan arroz u otros comestibles que supondrán su sustendo durante el día. Y después hacen una hipnótica plegaria todos juntos, mientras la gente del pueblo arroja agua, muy despacito, en el suelo. Es todo muy mágico y muy místico. O tal vez sólo me lo pareció porque tenía mucho sueño… (Las 6 a.m. no son horas, en serio).

Otro de los highlights de Luang Prabang es el Night Market, mercadillo nocturno de “artesanía“, donde el regateo es una obligación. Aunque no os asustéis, aquí se regatea tranquilamente, en plan sosegado, sin apenas hablar (sólo marcando la contraoferta de precios en la calculadora que te ofrece el tendero de turno) y con una sonrisa en la cara. ¡Qué poquito estoy echando de menos Vietnam!

Podréis encontrar pulseritas y monederos de todo tipo por pocos céntimos, vestidos, pantalones, pañuelos… todo muy jipioso, eso sí. Lámparas, cuadros, palillos chinos, bolsos. En general es barato aunque nadie da duros a 4 pesetas. Lo que es bueno, se paga. Lo demás, probablemente lo hayan fabricado los vecinos del norte. Pero bueno, para apañar regalos no está mal y el paseíto es muy entretenido 🙂

Y lo mejor de todo, eso sí que es una ganga (a la vez que un lujazo) son los zumos. De día también los hay, pero por la noche, con el desfile de gente que pasea por el centro, es simplemente maravilloso sentarse a ver pasar al personal mientras disfrutas de un zumo recién exprimido de tus sabor favorito. El mío, manzana con limón. Cómo, ¿sólo 50 céntimos? Vale, me tomo otro.

Yum Yum!!

Y además de todo esto, Luang Prabang tiene edificios coloniales, muchos bares y restaurantes, cascadas a una hora de camino, la posibilidad de hacer cursos de casi cualquier cosa y conexiones de transporte directas con todo el centro y norte del país. Con este currículum, no me extraña que sea el destino favorito de los expats que viven en este espectacular país.

¡Muy bien Laos, empezamos con buen pié!

Bye Bye Vietnam

21 Oct

Ciudadela Hue


Barco Halong Bay


Mirador Cat Ba Island


Rice Fields Sapa


Suelo mercado Hue


Tren a Hanoi

Diarios Vietnamitas, Vol.6

21 Oct

Para despedirme de Vietnam, tengo que hablaros de Hanoi, su capital.

La ciudad donde el tendido eléctrico provoca, cuanto menos, inseguridad desconcierto,

Donde al salir o caer el sol todo el mundo se vuelve loco por hacer ejercicio (¿será ese el secreto de su longevidd?) alrededor de los lagos o frente al mausoleo de Ho Chi Min,

 

O donde ver una bicicleta es siempre un espectáculo,

Es también la ciudad del Templo de la literatura (primera facultad del país), de las pagodas,  la ciudad donde pasear apretujado por el mercado nocturno, donde disfrutar (o echarte una siesta) en el teatro viendo las marionetas acuáticas, o en la que puedes ir a un restaurante y encontrarte un perro laqueado en la parrilla.

Pero sobre todo, es la ciudad donde, después de 11 meses, recibí un kg de jamón, salchichón y chorizo ibérico, una Cuore y una bolsa de pipas churruca. ¡Mis padres y mi tía vinieron de visita! Fueron sólo dos días juntos, que a todos nos supieron a poco, pero que a mi por lo menos me cargaron las pilas de energía positiva.

Aquí le dijimos adiós a Isaac tras un mesecito viajando juntos. Le deseamos lo mejor en su nuevo trabajo en Malasia, le mandamos saludos para las tortugas y Nurita y yo nos subimos en un autobús en dirección a Laos. Le echaremos de menos, pero se merece el trabajo 🙂

Jumpin in Hanoi

Nos quedamos solas ante el peligro. Pobrecitos laosianos,…

Diarios Vietnamitas, Vol. 5

15 Oct

Después de la preciosa aventura por las aguas de Halong, decidimos cambiar de escenario radicalmente y marcharnos a la montaña. Así, después de un breve descanso en la capital, nos marchamos para Sapa, casi en la frontera con China.

De esta zona montañosa llena de arrozales habíamos oído todo tipo de opiniones, muchas de ellas diciendo que no valía la pena. ¡Pues para mi se convirtió en el punto estrella de Vietnam! Al final las opiniones no son más que eso, y la experiencia de cada uno es incomparable e irrepetible. Allí nos esperaba nuestro héroe nicaraguense, de quien os hablé en la entrada anterior, y entre él, Isaac y Nuria formamos un equipo perfecto para descubrir el área. Vaya a ser que las compañías ayuden a que haya puesto Sapa en un pedestal… También diré que aquí me reconcilié con las gentes vietnamitas, ya que la mayoría de los habitantes de la zona viven con la sonrisa puesta y son amabilísimos.

Esta parte de Vietnam se caracteriza por tener un clima complicado, así que si tenéis pensado pegaros el palizón para subir hasta allí, mejor comprobad antes el tiempo. Nosotros tuvimos mucha suerte, con sólo un día de lluvia y niebla, aunque con eso nos bastó para entender de dónde viene la mala fama de la zona.

Sapa dentro de una nube

La actividad estrella en esta zona es hacer un trekking hasta uno de los poblados étnicos y pasar la noche allí con una familia Hmong. Todos los hoteles lo organizan, pero se puede hacer exactamente lo mismo por menos de la mitad organizándolo directamente con las mujeres de las tribus que venden artesanía por el pueblo. A nosotros nos acecharon a los 2 minutos de llegar. No puedo decir si la experiencia es buena o no, porque como al final nos pareció todo el mismo perro con distinto collar, decidimos pasar de todo y recorrer la zona con unas scooters alquiladas.

En los 4 días que le dedicamos tuvimos tiempo para ver cascadas, poblados, ayudar a los campesinos a desgranar arroz, colarnos (bueno, yo) en una escuela a flipar con las clases de inglés y de gimnasia, recibir saludos mientras conducíamos nuestras motos, jugar con niños e hincharnos a sopa de noodles (Phó) y paisajes. Para muestra:

Estilazo de Isaac desgranando arroz

Y entre todo este espectáculo, también me quedó tiempo para otra cosa.

¡¡¡¡PATADA VOLADORA!!!!