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Closing time :-)

17 Ene

Llevo ya una semanita en Barcelona.

Ha sido una semana de reencuentros, de repaso, de replanteamientos.

No tengo my claro cómo van a ser los próximos 14 meses, pero sin duda los pasados 14 han sido un sueño cumplido. Momentos, lugares y personas que me han hecho crecer, y que me han enseñado muchas cosas. Sobretodo de mí misma.

Ha sido un placer compartir mi aventura con vosotros.

Os dejo con una promesa: Seguiré on fire.

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 [Keep smiling. Keep breathing. Keep moving.]

***

1 año / 1 year

8 Nov

Hoy se cumple un año de viaje. / Today’s the 1st anniversary of the trip.

Vamos a celebrarlo: / Let’s celebrate:

 Normalmente, suelo dar las gracias a la gente que ha estado apoyándome desde casa. Pero hoy necesitaba incluir en esta pequeña celebración a toda esa gente que es nueva en mi vida. Porque ellos (y muchos otros) son los responsables de que esta experiencia esté valiendo aún más la pena. Me faltan palabras para agradecer que nuestros caminos se hayan cruzado.

/

Usually I say thanks to all the people who is been supporting me from back home. But today I needed all the new people of my life to be a part of this little celebration. Because they (and many others) are responsible for this experience being even more worth it than it was by itself. No words enough to explain how grateful I am to have crossed paths with you.

Traducción del vídeo:

08/11/11

Hoy hay algo que celebrar. Porque hace exactamente 365 días, mi aventura empezó.

“Un año”. Suena como untiempo muy largo. Pero gracias a todos aquellos que me encontré por el camino y que estuvieron a mi lado, se siente corto. Y MARAVILLOSO.

Algunos estuvisteis en mi vida por unas horas. Otro spor varios meses. Pero, sin excepción, todos me disteis AMOR.

Amor por lo que estoy haciendo. Amor por la vida que estoy viviendo. Amor por la decisión que tomé. 

Y también me disteis historias, aventuras, experiencias y risas. Fuisteis FAMILIA.

Y como ya sabéis, los cumpleaños están para celebrarlos con la familia.

Helenita, Garick &Stephanie, Karina & Mark Z., Marty K., Nana, Stevie, Jay (Tronco), Nans, Steve & Kat, Marcel, Jessie, Lisa & Mark & Samuel, Dennis & Cathy, Tricia & John, Remi, Ricky & Pep, Laura O, Matt & Roxy & nuestro querido Mr. Kinza, Terence & Marina, Ayana, Adam (Totos), Ceallaigh, Katy, Rose & Maka, Rosa, Lea, Gore. My familia en Melbourne: David & Vin & Tui & Grandpa Jon. Simon, Kaylea, Robbeh, Marty O, Adam (dientecito), y mi orange favorita: Jarrod. Emily, Nevan, Ange, Scott, Aida, Garth, Keith & el increíble Ollie. Caedyn, Leonie, Julia & Sue & Grandpa Lemon. Björn, Yasmin, Ade, Patrick, Angelika, Miki. El equipo de Halong: Felipe, Carlitos, mis Antonias Ricardo & Pedro, Tom (melón) y Leor (jamón), la Nuri, mi querido Isaac. Y por supuesto, quien fue mi otra mitad por 7 meses, Laura. 

Estoy celebrando este día conmigo misma, pero no estoy sola. Os tengo a todos en mi corazón.

Muchas gracias, y Feliz Cumpleaños.

Bye Bye Vietnam

21 Oct

Ciudadela Hue


Barco Halong Bay


Mirador Cat Ba Island


Rice Fields Sapa


Suelo mercado Hue


Tren a Hanoi

Diarios Vietnamitas, Vol.6

21 Oct

Para despedirme de Vietnam, tengo que hablaros de Hanoi, su capital.

La ciudad donde el tendido eléctrico provoca, cuanto menos, inseguridad desconcierto,

Donde al salir o caer el sol todo el mundo se vuelve loco por hacer ejercicio (¿será ese el secreto de su longevidd?) alrededor de los lagos o frente al mausoleo de Ho Chi Min,

 

O donde ver una bicicleta es siempre un espectáculo,

Es también la ciudad del Templo de la literatura (primera facultad del país), de las pagodas,  la ciudad donde pasear apretujado por el mercado nocturno, donde disfrutar (o echarte una siesta) en el teatro viendo las marionetas acuáticas, o en la que puedes ir a un restaurante y encontrarte un perro laqueado en la parrilla.

Pero sobre todo, es la ciudad donde, después de 11 meses, recibí un kg de jamón, salchichón y chorizo ibérico, una Cuore y una bolsa de pipas churruca. ¡Mis padres y mi tía vinieron de visita! Fueron sólo dos días juntos, que a todos nos supieron a poco, pero que a mi por lo menos me cargaron las pilas de energía positiva.

Aquí le dijimos adiós a Isaac tras un mesecito viajando juntos. Le deseamos lo mejor en su nuevo trabajo en Malasia, le mandamos saludos para las tortugas y Nurita y yo nos subimos en un autobús en dirección a Laos. Le echaremos de menos, pero se merece el trabajo 🙂

Jumpin in Hanoi

Nos quedamos solas ante el peligro. Pobrecitos laosianos,…

Diarios Vietnamitas, Vol. 5

15 Oct

Después de la preciosa aventura por las aguas de Halong, decidimos cambiar de escenario radicalmente y marcharnos a la montaña. Así, después de un breve descanso en la capital, nos marchamos para Sapa, casi en la frontera con China.

De esta zona montañosa llena de arrozales habíamos oído todo tipo de opiniones, muchas de ellas diciendo que no valía la pena. ¡Pues para mi se convirtió en el punto estrella de Vietnam! Al final las opiniones no son más que eso, y la experiencia de cada uno es incomparable e irrepetible. Allí nos esperaba nuestro héroe nicaraguense, de quien os hablé en la entrada anterior, y entre él, Isaac y Nuria formamos un equipo perfecto para descubrir el área. Vaya a ser que las compañías ayuden a que haya puesto Sapa en un pedestal… También diré que aquí me reconcilié con las gentes vietnamitas, ya que la mayoría de los habitantes de la zona viven con la sonrisa puesta y son amabilísimos.

Esta parte de Vietnam se caracteriza por tener un clima complicado, así que si tenéis pensado pegaros el palizón para subir hasta allí, mejor comprobad antes el tiempo. Nosotros tuvimos mucha suerte, con sólo un día de lluvia y niebla, aunque con eso nos bastó para entender de dónde viene la mala fama de la zona.

Sapa dentro de una nube

La actividad estrella en esta zona es hacer un trekking hasta uno de los poblados étnicos y pasar la noche allí con una familia Hmong. Todos los hoteles lo organizan, pero se puede hacer exactamente lo mismo por menos de la mitad organizándolo directamente con las mujeres de las tribus que venden artesanía por el pueblo. A nosotros nos acecharon a los 2 minutos de llegar. No puedo decir si la experiencia es buena o no, porque como al final nos pareció todo el mismo perro con distinto collar, decidimos pasar de todo y recorrer la zona con unas scooters alquiladas.

En los 4 días que le dedicamos tuvimos tiempo para ver cascadas, poblados, ayudar a los campesinos a desgranar arroz, colarnos (bueno, yo) en una escuela a flipar con las clases de inglés y de gimnasia, recibir saludos mientras conducíamos nuestras motos, jugar con niños e hincharnos a sopa de noodles (Phó) y paisajes. Para muestra:

Estilazo de Isaac desgranando arroz

Y entre todo este espectáculo, también me quedó tiempo para otra cosa.

¡¡¡¡PATADA VOLADORA!!!!

Diarios Vietnamitas, vol.4

9 Oct

Después del trayecto que ya os conté, Nuria y yo llegamos a Hanoi. Allí nos reencontramos con Isaac, que nos había tenido que abandonar por un par de días ya que tenía asuntos que atender en la capital. Desde allí organizamos el viaje al punto más esperado del país: Halong Bay.

Antes de emprender el viaje, cotejamos la posibilidad de hacerlo por nuestra cuenta ya que ninguno de los presentes somos muy amantes de los tours organizados. De haberlo hecho por libre, el viaje nos hubiera salido unas 5 veces más caro, y en este caso mandó el budget. Por 55US$* contratamos, en nuestro mismo hotel de Hanoi, el tour (comida incluida)que nos llevaría durante 3 días y 2 noches a surcar las aguas el Golfo de Tonkin y a alguna de sus más de 3000 islas.

*(Si os parece barato, os diré que alguno de nuestros compañeros de barco lo sacó por 45. En Vietnam el regateo es un arte!)

Antes de proseguir, y sobretodo para futuros viajeros, quiero que algo quede muy claro: Los vietnamitas no tienen ni idea de lo que es la vocación de servicio, no saben tratar con los clientes, y no entienden el concepto de tour de vacaciones. Ante los problemas o diferencias de opinión tienen tendencia a levantar la voz (e incluso la mano). Y todo eso, organizado de tal forma que la asunción de responsabilidades quede disuelta en una maraña de subcontrataciones en la que nadie se hará cargo de nada. Así que, por favor, pensaros muy mucho si queréis ahorraros unos euros y tener que tratar con semejantes caraduras maleducados.

Dicho esto, ya me he quedado a gusto, puedo añadir lo siguiente: El tour por Halong es de lo mejor que me ha pasado en el viaje. ¿Queréis saber por que? Ahí va una prueba:

Nueve personas de 4 países que hicimos click desde los 15 minutos de subirnos al autobús. Y lo que siguió fueron 3 días de risas, aventuras, música, Antonias, anécdotas, castaña, playa… Tres días de todo lo bueno que uno puede querer en un viaje.

La excursión en sí arranca en Halong City, desde donde te suben a un barquito. Empiezas a navegar, rodeado de otros barcos y pensando que vuelves a estar en Port aventura. Pero cuando te vas adentrando en las aguas de la bahía se te va olvidando todo eso, y empiezas a darte cuenta de por qué la gente te ha hablado tan bien de Halong. Una de las primeras paradas, una enorme cueva de la que no recuerdo el nombre, nos dejó con la boca abierta al ver esta entrada de luz:

Otra de las actividades es la visita a un “fishing village” donde si lo deseas puedes subirte, por una irrisoria cantidad extra, a un bote que te lleva a ver unas lagunas en las que puedes darte un chapuzón. Como el calor apretaba, la decisión fué unánime. Todos al agua 🙂

Fishing Village

Ahí se protagonizó una de las primeras escenas “críticas”. Te cobran, te dejan saltar al agua, pero a los 10 minutos te dicen que ya, que para el barco otra vez. Te haces el longuis, te roneas un poco, te haces el despistado,… pero claro tras 5 minutos ya no sabes a donde mirar y acabas subiendo al barquito, ¿verdad? Pues no todos! Ricardo, el representante nicaragüense de nuestra expedición, decidió darse a la fuga y ponerse a nadar por su cuenta hasta el barco. ¿Y qué hace el chinorris? ¡SACA UN PALO Y SE PONE A PERSEGUIRLE! Estos se creen que aún están en el Viet Cong. Claro, nosotros todos locos, gritando “Nicaragua Oé” y animando a nuestro Nica desde arriba. Al final ni palo ni leches, aunque Ricardo no puede completar su hazaña y tiene que volver a la nave nodriza en el barquito con el resto de los mortales. Pero se convierte en nuestro héroe desde ya.

Chinito malo

Después de la aventura, el barco se va a “amarrar”. Esta noche dormimos aquí. La parte buena de pasar todo el día en el barco es que puedes ver como el entorno cambia de luz y de colores. Esto no hay chinito que nos lo amargue 🙂

Y también llega otra recompensa. Ver atardecer mientras nos bañamos, esta vez saltando desde la cubierta del barco. El agua está un poco verde, pero nos han dicho que no hay nada en ella que nos pueda matar. O picar. O morder. O tragar. O contagiar. ¡Nos lo creemos, que esto no tiene precio!

Por cierto, el de la foto es Tom, alias Melón, uno de los 2 israelíes que nos acompañaban a pecho descubierto todo el día, teniendo a las Antonias revolucionadas.

Merecida cena después del bañito, y luego un poquito de juerga, como dios manda. Nos habían prometido karaoke, pero en eso también mienten así que DJ Inaisonfire tuvo que sacar la artillería pesada (y el ordenador) para amenizar la velada.

Al día siguiente, habiendo dormido poco pero bien, seguimos con la ruta. Esta vez nos llevan a Cat Ba island, la mayor de las islas de la bahía. La vegetación es tan densa, tan verde y tan espectacular que parece un set de rodaje de Jurassic Park. Ahí se organiza un trekking por el Parque Nacional, y tenemos otra de las “escenitas” del viaje. El grupo que se junta es enorme, varios tours hacen el ascenso a la vez. Así que se juntan las japonesas pánfilas, las señoras rusas patosas, los gordos británicos hipertensos. Y el camino, al final, se estrecha, así que el tapón de los que suben y los que bajan se hace intratable. No podemos subir el último tramo hasta que la masa desaloja, el problema es que el guía “de cola” que acompaña al grupo desaloja con ellos. Pensaréis por ello… qué desgraciados! Pues no os adelantéis.  Nos ponemos a bajar, y 5 de nosotros encontramos el camino sin mucha dificultad, pero 4 se quedan atrás. No les oímos y no sabemos si se han perdido o se han hecho daño. Me voy en busca de nuestro “tour guide” y le comento la situación, y sabéis qué hace? SE MARCHA. El autobús SE MARCHA. A nadie se le ocurre ir a comprobar si estas 4 personas están bien, si se han caído por un barranco o se han equivocado de camino. Hay otros grupos y no se les puede hacer esperar. Yo evidentemente monto en cólera, pero como el autobús ya se ha ido sólo puedo desahogarme dando patadas a las piedras.

Por suerte, a los 5 minutos aparecen los “desaparecidos” enteritos, y les doy parte de la situación. Momento de ira, momento de mosqueo… pero estamos de vacaciones, ¿no? Pues que rule una cervecita. Y por suerte, el monstruo organizador que llevo dentro, ese bicho “apagafuegos” que venía de serie pero que creció en mi último trabajo como planificadora de publicidad, hizo su aparición. Si el autobús no se hubiera llevado mi mochila, me hubiera ingeniado un disfraz de Superwoman. Veo 2 motos, recuerdo el nombre del hotel a donde nos debían llevar, me llevo a Isaac de refuerzo conmigo y empieza la operación rescate. En poco más de 2 horas volvemos a estar todos juntos, con otra cerveza y riéndonos de lo ocurrido.

Por si os preguntáis si le dijimos algo al “tour-guide” de nuestro grupo, la respuesta es sí. Cuando intenté decirle que su actitud era muy poco profesional, su respuesta fué que si tenía alguna queja me fuera a verle a la oficina de Hanoi, y allí ya vería lo que pasaría cuando estuviera él con sus amigos. SI, CORRECTO, ME AMENAZÓ. ¿Son unos Hijos de P., o no son unos Hijos de P? Pero no pasa nada, porque como ya he dicho, yo estoy de vacaciones y me lo estoy pasando en grande.

De hecho, tan en grande nos lo estábamos pasando que decidimos alargar nuestra estancia en Cat Ba island una noche más. Todos excepto Melón y Jamón, que tenían un viajecito planeado. Pero los 7 restantes pasamos otro maravilloso día de playa y relax en la isla, antes de seguir con nuestro tour un día más tarde.

Un día después, retomamos elt our donde lo habíamos dejado, y con otro guía un poco menos malnacido que el anterior, y volvimos a surcar las aguas salpicadas de piedra caliza que tanto nos gustan. Hicimos una excursión en kayak, que acabó convirtiéndose e una guerra de agua.

Y al final, nos dió tanta pena separarnos que nos volvimos todos a Hanoi a alojarnos en el mismo hotel.

Y que sigua fiesta!

Diarios Vietnamitas, Vol.3

7 Oct

Desde Ho Chi Min City nos teníamos que desplazar en dirección al norte, hasta Hanoi.

Aquí varias dudas se planteaban.

La primera, dónde parar en el camino. Teníamos claro que el plato fuerte de Vietnam nos esperaba más al norte (en la bahía de Halong) y no nos apetecía “gastar días” así como así, parando por parar, en puntos intermedios. La zona de playas (de Mui Ne a Nha Trang) parece ser muy turística y poco más que una colonia rusa, y por encima de Hue tampoco había nada que nos llamara especialmente la atención. El debate estaba en visitar Hoi An o Hue. Al final nos decantamos sólo por la segunda, decisión de la que luego me he arrepentido un poco ya que, según he ido oyendo por ahí de otros viajeros, Hoi An es realmente bonito.

Aún así, la visita a Hué (donde sólo pasamos una noche) mereció la pena por la visita a la antigua Ciudadela. Esta antigua ciudad imperial, que data de 1804, sigue transmitiendo la belleza que seguro poseía en sus orígenes, aunque ahora solo queda en pié aquello que resistió los bombardeos americanos.

La segunda duda surgida fue qué medio de transporte utilizar para subir. Las opciones son limitadas: Autobús o Tren. El autobus (sleeping bus) es más barato, aunque pensábamos que podía ser un invento muy “guiri” (luego hemos visto que eso no es así y que los mismos locales se mueven en estos autobuses nocturnos). El tren, más caro pero más auténtico y, según habíamos leído por ahí, toda una experiencia. Así que tomamos una decisión salomónica e hicimos mitad y mitad. Llegamos hasta Hué en sleeping bus, que hay quien los encuentra incómodos, pero mi marmotismo y yo nos pasamos el viaje (unas 10h) durmiendo. Y de Hue hasta Hanoi en tren. Más confortable que el autobús (yendo en camarote de 4 camas y con “soft bed”), aunque para nada nos encntramos el choque cultural que nos habían prometido. No sé si fue casualidad, pero en nuestro tren no había vagones abarrotados, empujones, ni apenas vendedores ambulantes. Un tren muy tranquilito y muy recomendable.

Sleeping bus

Camarote tren

¿Lo mejor del trayecto? El descubrimiento gastronómico vietnamita. El zumo de azúcar de caña.

Y ahora ya sabéis en qué se ha basado mi dieta durante mi estancia en Vietnam.

Diarios Vietnamitas, Vol.2

4 Oct

El Delta del Mekong es uno de esos sitios que justifica por sí mismo la visita a Vietnam.

Empiezo por los contras: Hay que hacerlo en una excursión organizada (o gastarse muchísimo dinero, lo cual no es una opción dado nuestro budget). Y en Vietnam, tienen tours para todos pero una vocación de servicio nula. Así que te sientes un poco “ganado”, pero es el precio que hay que pagar por disfrutar de estas experiencias irrepetibles. ¡Ok, haremos el esfuerzo! 🙂

El tour por el delta del Mekong incluye navegar por el río Mekong haciendo “paraditas técnicas”, o como decimos nosotros, “ir a casa del primo” ya que siempre te pasan por la tienda al final. Pero aún así, ver como hacen el caramelo de coco, el papel de arroz o ir a los centros de discapacitados (por consecuencias de la guerra) que hacen piezas de artesanía es bastante interesante.

También te pasean en un Bambu Boat, una especie de canoa por la que te hacen una ruta por los canales del río. Te plantan el gorro tradicional en la cabeza, agarran los remos, y ¡venga!  ¿Sabes “El tren de la Bruixa”? Pues igualito pero con mosquitos 🙂

También te llevan a ver cocodrilos, y te enseñan los cantos tradicionales. Si queréis ver el vídeo, que sea bajo vuestra propia responsabilidad. Luego no me vengáis pidiendo explicaciones. Lo mejor de todo, encontramos a un posible malo-malote de cualquier película de Tarantino. No me digáis que no os lo imagináis sacando un revólver del banjo y liándose a balazos?? (aunque con los alaridos de sus compañeros, casi se lo agradeceríamos y todo…)

Señor Tarantinesco

La excursión incluye (todas son prácticamente iguales) una noche en Can Thó, un pueblo a orillas del río Mekong. Como la cena era por libre y estábamos un poco cansados del “para aquí, foto foto foto, sube al barco y vuelta a empezar” nos aventuramos a explorar el pueblo y acabamos cenando en un sitio muy local donde probablemente no había comido un blanco en la vida. Pedimos la cena por señas, apuntando con el dedo lo que queríamos, y aún así nos trajeron lo que quisieron ellos. Y en la mesa de al lado, teníamos a un grupo de 6 maromos revolucionados. Uno de ellos me tiraba cacahuetes  (creo que intentaba hacer colarlos en mi canalillo), nos invitaban a chupitos de “vietnamese whisky” que nunca supimos lo que es, y nos compraban bollos dulces en las vendedoras ambulantes. Momentazo.

 

Al día siguiente por la mañana, despertarse prontito para disfrutar del momento estrella de la excursión. El mercado flotante. Y ahí les perdono que me hayan llevado a golpe de silbato. Viendo cuadros así, lo demás no importa. Me siento afortunada de poder convertirme en “espía” de la vida de esta gente, poder observar como viven, como lavan sus platos o compran su fruta. Y como siempre, no se me ocurren las palabras para explicároslo. Suerte que mi cámara es mucho más elocuente que yo.

Os dejo con un cuento: A la mayoría de los barcos les pintan ojos en la proa. ¿El motivo? Antiguamente, estaba muy extendida la creencia de que el Mekong estaba habitado por monstruos (una serpientes de 9 cabezas y otros bichitos adorables), y que los barcos tuvieran ojos ayudaba a la tripulación a navegar, y a divisar los peligros que acechaban en las aguas. Y también pensaban que, si la serpiente veía esos grandes ojos mirándola desde arriba, creería que, en lugar de tratarse de un barco, era un monstruo mayor que ella.Y con ello, los tripulantes del barco estarían a salvo.

Me encanta.

 

 

Diarios Vietnamitas, Vol.1

24 Sep

“Quedamos en la primera puerta que nos haga libres”.

Y así fue. Cerca de 11 a.m del 08/09 me encontré con Isaac en la salida del aeropuerto de Ho Chi Min City. Once meses sin vernos, y como si no hubiera pasado ni una semana. Es de esas personas que te hacen grande, y da gusto viajar con una compañía así. A las pocas horas llegó Nuria, amiga de mi amigo, y por lo tanto mi amiga desde ya. Todo un fichaje (excepto a la hora de despertarse :P).
Y ya estamos el Viet-team completo, dispuestos a merendarnos el país a golpe de aventuras. Y no es por hacer spoilers, pero casi 20 días después puedo decír que hemos hecho un muy buen trabajo.

Pero empecemos por el principio. Ho Chi Min city (HCMC) es una megaurbe donde no hay orden ni concierto. Una amalgama de caras sin sonrisa, mujeres en pijama, lonely planets falsificadas, vendedores ambulantes, anárquicas motocicletas y pedazos de historia salpicados por todas partes. La domina el (caótico) tráfico, muy especialmente a eso de las 5 p.m. cuando un emjambre motorizado sale de trabajar y parece no tener suficientes con circular por la calzada. Nunca había estado tan cerca de la muerte como en las aceras de HCMC. De cruzar la calle prefiero no hablar hasta que pase por terapia.

 

La ciudad en sí no tiene mucho tema, o al menos a mi no me impresiona. Aunque es todo tan distinto que el sólo hecho de pasear por sus calles o ir a comer ya hacen merecer la visita.

Los mercados son otro mundo a parte. El más típico, el Ben Trahn market, está bastante turistificado. Pero es el único donde tendréis garantias de ser comprendidos en inglés. Para una experiéncia más auténtica, podéis adentraros en el Thai Bin Market, pero eso sí, id preparando vuestras dotes de mimo si queréis efectuar alguna compra.

El War Remnants Museum es de lo más interesante que podréis encontrar dentro de los límites de la ciudad. Hace un repaso a las atrocidades acometidas contra la población durante la Guerra de Vietnam. ¿Mi parte favorita? La sala dedicada a los fotoperiodistas (de todos los bandos) que perdieron la vida cubriendo el conflicto. Historias increíbles a ambos lados de la cámara. ¿Lo más duro? Las consecuencias provocadas por el Agente Naranja (químico empleado por las tropas americanas para deforestar las zonas de conflicto), y ver como EEUU sigue mirando hacia otro lado, sin querer asumir responsabilidades ante una población que, 4 generaciones después, sigue acarreando problemas tan graves como malformaciones genéticas en sus neonatos. El Museo es una visita obligada, aunque te deja con el cuerpo un poco raro y con la conciencia entumecida.

También muy recomendable la visita a los Cu Chi Tunnels. Doscientos kms de túneles que, durante los 60’s, sirvieron a la guerrilla del Viet Cong para esconderse de (y luchar contra) los americanos. La sensación de claustrofobia es absoluta, especialmente si piensas que hubo gente que vivió en esos túneles -en los que sólo puedes andar a gatas o en cuclillas- durante 3, 6 y hasta 11 años enteros.

Y luego nos extrañamos de que nos sonrían poco…