Closing time :-)

17 ene

Llevo ya una semanita en Barcelona.

Ha sido una semana de reencuentros, de repaso, de replanteamientos.

No tengo my claro cómo van a ser los próximos 14 meses, pero sin duda los pasados 14 han sido un sueño cumplido. Momentos, lugares y personas que me han hecho crecer, y que me han enseñado muchas cosas. Sobretodo de mí misma.

Ha sido un placer compartir mi aventura con vosotros.

Os dejo con una promesa: Seguiré on fire.

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 [Keep smiling. Keep breathing. Keep moving.]

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Bye Bye Thailand!

7 ene




Bufanda, mi gata tailandesa adoptiva

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Thailand, fin de fiesta.

7 ene

Porque este viaje ha sido eso: UNA FIESTA.

El último país del que he disfrutado, tras estos (atención! antención!) 14 meses de viaje ha sido Tailandia.

No me he extendido mucho, me lo he tomado con calma, porque tengo la sensación de que volveré pronto.

Aunque tengo la sensación (igual que me pasó con Bali y con Vietnam) de que para encandilarnos con el país vamos tarde, y que la magia se la llevaron los que tuvieron la suerte de venir hace 10 años. Pero lo que nos han dejado tampoco da para queja: Es un país desarrollado y muy adaptado al turismo, y cuya población convive con los farang día a día y vive, en gran parte, gracias a ello. Tenemos toda una infraestructura a nuestro servicio para facilitarnos la vida, y todas las opciones que nos podamos llegar a imaginar. Pero conserva su belleza natural y su tradicional cultura budista sigue rigiendo todos los aspectos de la vida aquí.

Bangkok, su capital, es una megaurbe a caballo entre Asia y Europa. Llena de rascacielos, taxis, bancos y oficinas, y a la vez llena de olores, mercados, puestos callejeros, templos budistas. Es un puñetazo en la cara. Y es habitable, no me cuesta imaginarme viviendo en ella, aunque sé que pocos corroborarían esta afirmación.

Como turista, las principales actividades aquí se pueden resumir de la siguiente manera:

Shopping, Spas y turismo sexual.

El primero, porque BKK es la locura de los centros comerciales. Hay muchos. Son gigantes. Tienen de TODO. Y ni hablemos de los mercados callejeros, como el Chatuchak Market (el mayor mercado al aire libre del mundo, con más de 15000 puestos entre los que podemos encontrar desde imanes de nevera hasta ardillas voladoras).

El segundo, porque es el paraíso de los centros de belleza. Puedes darte cualquier tipo de masaje o cualquier tratamiento que se te antoje por menos de 1/4 de lo que pagarías en casa, y con unos estándares de calidad que (aunque puedan variar de un sitio a otro) suelen superar las expectativas. Menos en la peluquería, pero claro los pobres no tienen la culpa de no haber tocado un rizo en su vida…

Y el tercero porque, lamentablemente, hay un amplio mercado que abastecer y que viene a Thailandia en busca de ping-pong shows y lo que surja. Y aunque no queráis participar de ello, es inevitable toparte con esta realidad que te acechará en la mayoría de las calles comerciales o turísticas al caer la noche. Yo, ni por curiosidad quise entrar en uno de estos bares. Muchos me dijeron/dirán: “estás en Bangkok, esto forma parte de aquí, es lo típico, ni que sea tienes que entrar 10 minutos…” pero como me parece denigrante, vejatorio y vergonzoso, no quiero que ni uno solo de mis dólares vaya destinado a perpetrar esa industria. Pero ahí cada cual con su conciencia (y con sus ETS).

Desde Bangkok me marché a Koh Tao, una isla en el Golfo al sureste. Allí me encontré con Isaac, que se acaba de mudar en busca de trabajo, para pasar juntos las Navidades y el Fin de año.

Han sido unos días geniales, a pesar de que la lluvia viniera a visitarnos y se quedara durante 4 días, en los que hemos conocido a un montón de gente (españolitos casi todos) divertidísima que nos ha hecho de familia postiza para pasar las fiestas. Quien me diga que no quiere viajar solo se gana una colleja y un chupete. ¡Es lo mejor para socializar, aunque parezca contradictorio!
Y en esta isla, cuyo nombre significa Isla Tortuga, me he dedicado a 2 actividades principalmente (más allá del cerveceo y el tumbarme al solecito):
- Muai Thai. Pim, pam. 2 semanas llena de moratones y con la adrenalina desbordada. Dar ostias a la Thailandesa, debería ser asignatura obligatoria en todas las carreras.

- Submarinismo. Por el poder de PADI me declaro… ¡Advanced! Sí, sí, amigos. Me metí en el agua a hacer el primer curso, y me gusto tanto que en cuanto acabé me apunté al segundo. Y me encanta. La visibilidad en esta época del año no es muy buena, pero lo disfruté como una enana.

Tanto es así que he decidido acabar mi super-mega-hiper-extra-aventura-que-te-cagas en Kao Lak, buceando en las Similan Islands. Fuckin’ Paradise.

¿Alguna vez habéis probado a explorar un barco hundido con, literalmente, autopistas de peces encima de vuestras cabezas (y debajo, y por todas partes)? ¿No? Pues probadlo, os cambiará la vida.

La mía, desde luego, ha cambiado. Por esto y por todo lo que llevo vivido en estos 14 meses de aventura.
Me despido saltando desde Tailandia, junto a ese mar que es bonito desde fuera pero sobretodo desde dentro.

Nos vemos en Barcelona en 72h.

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Bye Bye Myanmar

3 ene





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Must: Myanmar

3 ene

Myanmar (o Birmania) es el país de las experiencias, de los contrastes, del no dar crédito. Y siempre en positivo.

Confirmo que es, hasta el momento y sin lugar a dudas, el país en el que más acogida me he sentido. Los Birmanos se merecen… Se merecen las sonrisas que tienen, y se merecen el cambio que les está llegando, y se merecen colores y oportunidades, porque sin tenerlas han sabido crecer en el lado optimista y brillante de la vida. Me han robado el corazón.

El país es un diamante en bruto, precioso y poco explotado, así que hacedme un favor y NO VAYÁIS, que yo tengo ganas que volver y no quiero que me lo estropeéis ;) .

Conocer la historia reciente del país todavía le da más valor a la felicidad que te contagian los lugareños, porque (sin extenderme mucho), para los que lo no sepáis, Myanmar ha vivido 50 años de dictadura militar. Sólo hace un par de años tuvieron estrenaron su primer gobierno “civil”, aunque la junta militar sigue con las manos en la masa. Los países occidentales están empezando a desbloquear la economía del país (para que os hagáis una idea, no hay bancos ni cajeros en todo el territorio donde poder usar tu tarjeta de crédito), aunque todavía les queda un largo camino por recorrer. Tiempo al tiempo. Y yo de vosotros no esperaría a que eso ocurra para poner los pies allí, porque con la bonanza vendrán las perspicacias y la explotación turística, y con ello -siento hacer de pitonisa malrollera- se perderá la magia. Tic tac.

Datos prácticos:

- Visado. Hay que llevarlo de antemano, no hay otra. Si estáis en Europa, creo que hay que mandar el pasaporte a la embajada en Berlín. Si estáis de viaje y pasáis por Bangkok, es vuestro momento de arreglar el papeleo. Os mando directamente a la página de mi “gurú” y autoproclamado embajador de Birmania en el mundo. No encontraréis información más clara en español (gracias Robert!). Aún así, double-check antes de liaros, porque las cosas pueden cambiar de un día para otro.

- Dinero. Como os he dicho, no hay cajeros así que hay que llevar dinero en metálico. Concretamente, dólares americanos nuevecitos. Si están doblados, marcados, arrugados o manchados no os los aceptarán o os harán el cambio a peor. También hay algunos números de serie non-gratos. Os recomiendo una cartera larga y rígida donde poder colocar a vuestros verdes amiguitos sin riesgo. El kyat birmano está muy devaluado, así que prepararos para jugar a los millonetis durante unos días:

cambio de 300$

- Ruta. Hay zonas bloqueadas a los turistas, y otras a las que sólo se puede llegar en avión (cuyo dinero va directamente a la milicia, por lo que se recomienda evitarlo). Así que se necesita un poco de previsión para moverse. El Big Four es Yangon – Mandalay -  Inle – Bagan.

Yangon (la capital) no da para más de uno o dos días, aunque la Swedagon Pagoda bien merece una visita. Mandalay en sí no tiene nada, pero está estratégicamente colocada para ser campamento base y visitar Amarapura, Sagain e Inwa. El Inle lake ya es otra historia, es turístico pero muy bonito, y si podéis llegar hasta él andando desde Kalaw, en un trekking de 3 días (recomiendo hacerlo con Mr. Sam) os llevaréis un recuerdo precioso e imborrable de la zona. Y Bagan, Bagan, Bagan… impresionante, y punto. Qué putada que se me estropeara la cámara de fotos nada más llegar, me hubiera encantado enseñaros la puesta de sol con las miles de pagodas asomadas por la llanura. Os puedo decir que es, literalmente, de lagrimita. También tuve la suerte de visitar Hsipaw, un minipueblo monísimo (en el que hacía un frío de la leche) desde el que volví en tren a Mandalay cruzando el Gokteik brigde (tiene 100 años, y en su día fue el 2º más alto del mundo), en un divertidísimo viaje en tren. Y me quedé con las ganas de subir al norte hasta Myitkyina, que le tenía muchas ganas, pero hubo revueltas y el gobierno bloqueó la entrada de turistas. Es lo que pasa cuando no hay libertad de prensa, a los que no puedes controlar les prohibes la entrada y te ahorras cámaras de fotos indeseadas.

¿Y qué mas? Pues todo esto:

































Sigo flipando.

Por cierto, ¡FELIZ AÑO A TODOS!

Soon U Ponya Pagoda, Sagain, Myanmar

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El 25 de desembre (fum, fum, fum)

25 dic

Espero que hayáis sido buenos y Papá Noël se haya portado como un campeón con vosotros. A mi me ha traído un curso de submarinismo y mis segundas Navidades en la playa, así que no tengo quejas.

Seguir disfrutando, y cuidadín con los empachos que nos conocemos.

Feliz Navidad
Merry Christmas

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Bye Bye Camboya!

22 dic

Floating Village


Angkor Wat


Koh Tonsay


Bayon

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El resto de Camboya

22 dic

Acabado el flipe de los templos de Angkor me dispuse a explorar un poco más Camboya. Tengo que decir que me dejó bastante fría lo que vi, pero que la gente con la que me encontré me dejó con la boca abierta.

Los camboyanos son sencillos, simpáticos, amables, súper educados, y muy muy cotillas. Y por algún motivo que no llegué a entender, todos tienen un gran interés en saber “cuántos hermanos y hermanas tienes”. Si viajáis hasta allí con la desgracia de ser hijos únicos, inventaros un consanguíneo y os evitaréis sus miradas compasivas y decepcionadas…

Lo que sorprende más de este carácter tan afable que se gastan es su pasado. Me parece increíble que un pueblo que ha vivido en guerra y ha sido abusado y masacrado durante su historia reciente pueda ser tan acogedor, confiado y sonriente.

Porque hay que pensar que desde que en el ’69 fueran bombardeados por los americanos en el marco de la guerra de Vietnam, Camboya ha vivido toda clase de penurias. La más significativa de ellas, tras 5 años de guerra civil, fue la llegada al poder de los jemeres rojos, que establecieron régimen dicatorial bajo el término del “socialismo budista” planteando una vuelta al modo de vida tradicional: aboliendo la moneda, impulsado el trabajo agrario, cerrando hospitales y, como plato fuerte, la puesta en marcha de programas de ejecución masiva. Sólo entre el ’75 y el ’79, mataron a 1.7 millones de Camboyanos (el 21% de la población) en los campos de exterminio. Hasta la muerte de Pol Pot, el líder del movimiento, en 1998 no hubo atisbos de cambio. Así que estamos hablando de una tragedia humanitaria que acabó hace poco más de 13 años.

Aún quedan muestras de esto, a modo de museo, y se pueden visitar cerca de Phnom Penh.

El museo Tuol Sleng, en la antigua prisión de máxima seguridad S-21, se encuentra en una antigua escuela que fue transformada por los jemeres rojos en una especie de cárcel y centro de torturas interrogatorios. La prisión vio pasar por entre sus paredes a 20.000 personas entre el 75 y el 79, de los que sólo 7 adultos sobrevivieron. Y como casi todos los genocidas conocidos, los jemeres documentaban sus torturas. El museo está lleno de fotografías (algunas antes y después de las torturas) de los “enemigos del régimen” que pasaron por allí. Hay incluso fotos de niños de 2 años. Para quitar el sueño.

Es estremecedor, especialmente porqu eel edificio sigue pareciendo una escuela, con su patio, sus aulas… y eso lo vuelve todo un poco más macabro si cabe. Como la visita me puso los pelos de punta y me dejó con bastante mal cuerpo no me quedó energía para ir a visitar los killing fields (uno de cientos) de Choeung Ek, que se encuentran a 14kms de la capital. Si tenéis la oportunidad de visitarlos y no sois unos blandos como yo, os lo recomiendo. Hacer turismo es muy bonito, pero los viajeros tenemos la responsabilidad de saber dónde estamos, y es una cuestión de respeto conocer la historia de los países que visitamos en especial cuando es tan cruel como la camboyana.

De Phnom Penh poco más a destacar. El mercado ruso para hacer compritas, el royal palace y a otra cosa mariposa. Ah, os diré que vi su majestad el rey de Camboya. Bueno, para ser sincera, le vi una manita así saludando desde el coche. Parece ser que coincidí con el día de la independecia del país, y el caballero salió a decir “hola” a sus súbditos, que le esperaban muy formalitos frente a su casa.

Desde la capital me trasladé a la playa. en autobús me fui hacia Kep, en la costa sur este, y desde allí me subí en un barquito que me llevó a Koh Tonsay (Rabbit Island). Allí me iba a quedar una noche y acabé quedándome 5. En esta postura:

Es una mini isla a la que se va a no hacer nada. A leer a la sombra del cocotero, a ponerse moreno (yo no eh, sólo los que tienen melanina), a descansar en el bungalow (por entre 5 y 10$ la noche), a ver ponerse el sol desde el agua, y a ponerse tibio de gambas y cangrejo a precios de broma. La felicidad.

Cuando empiezo a temer por mis niveles de ácido úrico, me voy a un poquito más arriba, a Kampot. Allí tenía muchas ganas de hacer la excursión a la Bokor Hill Station, unas ruinas en la montaña con un antiguo casino, un hotel y otros edificios abandonados, medio absorbidos por la jungla… pues bien, no vayáis. Se lo han cargado. Bueno, más bien al revés. Me explico: el megamagnate del país (el mismo que se queda con el dinero de la entrada de Angkor) ha comprado la zona, la está “reconstruyendo”, montando un campo de golf, un casino gigante y un hotel de 5 estrellas. Llego tarde… ya no hay ruinas, sólo obras. Disaster. Por suerte el paseo en barco para ver el sunset desde el río me remonta el día, y me deja relajadita relajadita.

Me quedo un poco a medias con Camboyia. Me han dicho que la zona del interior, la que sigue el Mekong en dirección a Laos y más al Oeste hacia Vietnam vale mucho la pena, que está “unspoiled” y que ofrece cosas mucho más interesantes y auténticas. Espero que sea verdad, y que otros tengáis el tiempo para comprobarlo. Yo no puedo ir así que ya me contaréis. Me las piro hacia Bangkok que tengo papeleo que arreglar…

 

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Los templos de Angkor

15 dic

Cruzar la frontera entre Thailandia y Camboya por Aranyaprattet requiere un ejercicio de contención de nervios, paciencia y buena suerte que no todos son capaces de sortear con elegancia. Ni sin ella, para qué engañarnos. No me voy a extender en el tema porque la red está llena de blogs y consejos sobre como cruzarla de la forma menos dolorosa (y más económica) posible pero voy a comentar 2 cosas que a mi me ayudaron:

1) Informaros bien. Usad todos esos recursos a vuestro alcance e id preparados (en especial mentalmente) para cualquier eventualidad. Leer sobre las experiencias de otros viajeros, sobretodo las más recientes, para saber qué nuevo tipo de scam se han ingeniado para rascarnos los dólares. Cuanto más sepáis sobre el tema, menos constituiréis un blanco para los timadores.

2) Si sois viajeros individuales como servidora, sacad vuestras dotes de socialización e intentad agruparos con gente antes de cruzar. Ir en grupo siempre ayuda a rebajar la tensión, 4 ojos ven más que dos y, muy especialmente, vuestro poder de negociación se multiplica.

Con estos dos consejitos y un par de valerianas estaréis sanos y salvos. Y os prometo que vuestros esfuerzos serán recompensados, porque lo que os espera al otro lado de la frontera es simplemente para quitarse el sombrero.

Y no me estoy refiriendo a la amabilidad y simpatía permanente de los camboyanos, ni a los mantos de todos los verdes imaginables en los campos de arroz, ni a los preciosos pueblitos de bambú que os cruzaréis en el viaje…

Me estoy refiriendo a los Templos de Angkor, que para la mayoría constituyen la Perla del sureste asiático. Y no es para menos, ya que el complejo de templos hindús (que incluye Angkor Wat, el mayor edificio religioso del mundo) representa la perfecta combinación entre creatividad y espiritualidad en la que fuera la capital del antiguo imperio Jemer. El precio, teniendo en cuenta que es uno de los países más pobres del mundo, es bastante elevado (20$ por la entrada de un día o 40$ por la de 3) y duele pagarlo sabiendo que van a parar directamente a capital privado, pero después de un par de horas allí se te pasa el dolor del monedero y el sarpullido en la conciencia. Y pasas a sufrir de dolor de pies, alergia a los japoneses y agotamiento crónico en la cámara de fotos.

La visita se puede hacer en moto, bici (una pequeña locura si tenemos en cuenta que el perímetro de el principal grupo de templos es de 45kms), o en tuk-tuk. Incluso en elefante, aunque a mi esas horteradas no me van. Además, hace unos años en la India tuve una mala experiencia cunado fui vilmente secuestrada por un conductor de elefante que me exigia una propina (un peaje, diría yo) por dejarme bajar del bicho. Yo me hubiera quedado allí todo el día discutiendo si no fuera porque el animal estaba acatarrado y cada vez que estornudaba me ponía fina con esa trompa que parecía un aspersor de gelatina verde. Esa traumática anécdota supuso el fin de mi relación con los elefantes, y desde entonces no puedo evitar mirar Dumbo con recelo.  Resumiendo, que yo vi los templos en tuk-tuk. Barato, práctico y mucho menos arriesgado.

Los días son agotadores, física y sensorialmente. Porque lo que hay allí, señores, no hay palabras suficientes para que ustedes lo entiendan. ¡Qué maravilla! Si intentas mentalmente reconstruir cómo debió ser aquello en su momento de máximo explendor puedes sentir el efecto dominó en tus neuronas, que se van desmayando una a una. Templos los hay para todos los gustos: grandes o pequeños, de piedra o de tochos, reconstruidos o en ruinas,… Normal, habiendo más de 1000 es lógico que tengamos donde elegir. Yo personalmente me decanto por los menos transitados y que han sido “tomados” por la jungla, con esos árboles de raíces gigantes abriéndose paso entre las piedras. Algunos crecen, literalmente, sobre ellas. Me parece de lo más poético. Es como si la naturaleza nos hablara, nos reclamara el espacio que un día le arrebatamos sin preguntar para construir nuestros santuarios.

Sobre Angkor Wat, la niña bonita del grupo, diré que es enorme y espectacular. Aunque como bien sabéis, si hay una palabra que aterra a todo turista (al turista de catedrales, no al de litronas en Salou) es: andamio. Que yo entiendo que hay que reparar y limpiar y arreglar para que las cosas estén bonitas, pero ya podrían haber elegido otro día para ello. O al menos haber puesto lonas más discretitas, que ese verde no hay photoshop que lo disfrace…

Cerquita de los templos hay otras cosas interesantes de ver, como las cascadas o los Floating Villages. Así que mi último día pasé media jornada subida en un barco explorando estos mágicos pueblos. No es la primera vez que veo algo así (ni la segunda) pero nunca deja de sorprenderme cómo un río puede articular todos y cada uno de los aspectos de la gente que vive allí.



También hay que decir que esto pasó el día 8 de noviembre, en que servidora cumplía un año de viaje. Y lo celebré haciendo algo que, al menos yo, no hago todos los días. No solo flipando con los templos y los pueblos, sino conduciendo el barco por el río de vuelta a casa. ¡Tengo pruebas!

Yo encantada por llevar semejante armatoste, y el conductor encantado porque alguien estaba haciendo su trabajo. Win – Win.

Termino recomendando alojamiento en Siem Reap: Siem Reap Rooms Guesthouse. Entra en la categoría de budget accomodation, y aunque en Siem Reap podéis encontrar cosinas más baratas os aseguro que quedarse aquí vale mucho la pena. No deja de ser económico, está muy bien situado, muy limpio y lo lleva una pareja de canadienses que son viajeros experimentados, por lo que saben lo que los backpackers necesitamos. Están siempre dispuestos a ayudarte, y lo hacen sin atender a comisiones o sobornos de otros negocios. Y os aseguro que todo eso, tras un día eterno visitando Angkor, se agradece.

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Una disculpa, un bombazo y algo del norte de Tailandia.

11 dic

(Este es mi post num. 100!!)

La disculpa.
Lo primero es lo primero.
Tengo que pedir perdón porque tengo el blog muy abandonado. Que no es que no lo tenga en mente, lo que pasa es que entre los puntos fuertes del Sureste Asiático (que son muchos) no se encuentran ni la calidad de la conexión a internet ni el tiempo libre para utilizarlo. Y así me veo ahora, que os tengo que contar de un plumazo 2 meses de mi vida.
¿Casi que me pongo, no?

Norte de Tailandia.
Pues nos habíamos quedado en Laos, desde donde cogí un autobús hasta la frontera con Thailand.
El paso fronterizo de Huai Xai (lado laosiano) a Chiang Khong (lado thai) es de los facilitos, con pocos agobios, intentos de timo y demás. Y es curioso ya que de un país al otro se pasa en barco. Al llegar a Tailandia se tramita la Transit Visa, que es gratis y te permite estar en el país 15 días (aplicable a todas las entradas por tierra).
Así que con mis papeles en regla me dirijo hacia Chiang Rai, primera parada de mi aventura en este país. La verdad, me deja un poco fría. Lo más interesante, el White Palace, una extravagancia que un artista de nombre impronunciable en las afueras de la ciudad. No estáis entendiendo la magnitud de la tragedia: toda la fachada son ESPEJITOS. No olviden sus gafas de sol. (y que viva el brilli-brilli!).

Por lo demás, la ciudad es conocida por su mercado nocturno. Al principio pensé “qué bien, qué originales!” (la verdad es que el mercado está muy bien) pero luego llegúe a Chiang Mai y me di cuenta de que de originales nada. Y es que os puedo resumir Chiang Mai en 2 palabras: Pagodas y Mercados.
Pagodas: porque la Old City está repletita de ellas, con sus estupas doradas, y grupos de monjes salpican cada esquina con sus túnicas naranjas. ¡Hay tantos que ni te fijas en ellos!

Mercados: por todo y para todo. Mercado nocturno, mercado del sábado, mercado de día, mercado de los domingos, mercado para festejar esto o lo otro… ¡dios mio, esto es un no parar! ¿El mejor? El de manualidades del sábado, que tiene cositas diferentes a los requetesobaos bolsos/vestidos/collares “tribales” o hippiosos que hay en todos los demás. Y por supuesto la omnipresente comida, baratísima y muy muy muy rica. Y sin el impedimento del idioma, ya que te acercas y si te entra por el ojo lo señalas y… a la saca!

Pues bueno, entre estas 2 ciudades, sin saber muy bien como me pasé 10 días. Y no me preguntéis qué hice (a parte de ir a mercados) porque no lo tengo muy claro. El tema es que estuve
a) liada con los vídeos de cumpleaños de alguien especial,
b) bloqueada por el tema inundaciones, que seguramente a todos os llegaron en su momento. Estas ciudades estan al norte, muy lejos de Bangkok y sin rastro de agua en las calles, pero aún así este era el panorama en los supermercados…

c) absorta en mis propios pensamientos. Y esto me lleva a…

El bombazo.
Vuelvo a Barcelona.
¡Venga esos aplausos!

Como lo de lo de volver a casa por Navidad está ya muy manido, yo volveré pasadas las fiestas. Que me gusta ser original.
¿Los motivos? Es difícil de explicar, pero lo resumo en una mezcla entre cansancio acumulado, replanteamientos vitales y un echar de menos muy grande. Me di cuenta de que para seguir disfrutando lo que me queda de aventura tenía que poner una fecha (llámale objetivo, llámale meta). Y estoy feliz con la decisión, porque los 2 meses que han pasado desde entonces los he disfrutado con energías renovadas y con la ilusión del principio. Por lo de que todo lo bueno se acaba, y más vale saborearlo mientras dura… :)

Así que con esta nueva perspectiva y la sensación de tener los deberes hechos, otro (largo) viaje en autobús, con cruce de frontera incluído, me dejó a las puertas de La Joya del Sur de Asia.

…Continuará… (aunque no por mucho tiempo!)

Foto de regalo porque me encanta la cara de "Iluminatttttttiiiiiii" del 3º de azul por la izq.

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